Cuando nada es cierto, todo es posible


Sentada en casa, escuchando de lejos las risas de mi familia, retrocedo en el tiempo y pienso en los años pasados. Tengo que dar cada día gracias a Dios por la familia, amigos y colaboradores, que me han acompañado en mi camino. La vida nos sonríe de diferente forma y a mí, desde pequeña con mi timidez, hasta la mujer que soy hoy, me ha dado alegrías y sin sabores. Pero si algo he aprendido es a continuar, no dejar de andar, aprender de todo y todos y siempre, siempre, sembrar.

Cuando me plantearon desde este precioso proyecto digital  el poder compartir mi opinión sobre economía, sentí una enorme alegría.  Que mi ciudad pudiera leer aquellos pensamientos y experiencias  y hacerlas llegar a todos con mis humildes palabras de mujer,  hija, madre y empresaria, no lo puedo negar, me llenó de una satisfacción nada comedida.

Pero desde ese momento y ahora mismo, lo confieso abiertamente, mis manos están frías por la responsabilidad que supone. Por eso quiero comenzar pidiendo disculpas por los posibles errores o incorrecciones que pueda cometer, a esos grandes profesionales del periodismo que nos ayudan día a día con sus plumas a conocer la realidad de nuestra provincia y nos hacen sentirla.

A los lectores,  que les apetezca leer estas líneas,  el siempre respeto aunque no sean opiniones compartidas, por mostrar una realidad que forma parte de mis vivencias.  No puedo olvidar hacer mención en este comienzo a mis compañeros “de números”, los empresarios en mayúsculas, que día a día queremos mostrar y trabajamos por y para Córdoba haciendo posible una realidad llamada ECONOMIA.

Pienso en todos los empresarios cordobeses, hombres y mujeres, lo de cordobesas y cordobeses poco lo leerán en mis artículos, qué horror, el cargarnos esa preciosidad de nuestro idioma que desde tiempos inmemorables nos hacía iguales con su plural. Perdón.  Pronto empiezo… continúo.

 

Esos empresarios que trabajamos por una provincia a la vanguardia. Hombres y mujeres que hacemos muchos números a finales de mes para que las familias,  que viven de su trabajo y que confían en nosotros,  se dignifiquen y se sientan felices participando en un bonito proyecto de negocio.  Esos padres de familia que todos los días se levantan y con su esfuerzo nos hacen descubrir una Córdoba trabajadora, humana, reconciliadora, justa… A todos ellos les ruego que lean estas humildes opiniones de empresaria con cariño.

Espero poder hablar de economía financiera, social, colaborativa, de escala, internacional… (no sólo de aquellos campos que como mujer se crea que domino más y mejor.)  Y, por supuesto, que disfruten de ello.

Mil últimas líneas de hoy, de total agradecimiento a La Voz de Córdoba por esta oportunidad que me brinda. Deseándole los mayores éxitos.