Luciano Gisbert, un cordobés nacido en París.


Luciano Gisbert y Höel nació a mediados del siglo XIX en una de las ciudades más importantes del mundo en la época: París. La capital francesa experimentó una gran transformación (urbanística, cultural…), dado el interés del emperador Napoleón III (casado con Eugenia de Montijo -¡qué pena, pena!, como cantaba La Piquer-) en convertirla en la metrópoli más moderna del Planeta. Sin olvidar la nueva concepción del arte protagonizada por los impresionistas, que evidenciaba un cambio profundo en la mentalidad de nuestros vecinos, lo que influiría sobremanera en un adolescente Luciano.

En los últimos años decimonónicos, nuestro protagonista recaló en tierras vascas, donde nacería su hijo homónimo, fruto de su matrimonio con una almeriense. Por azares de la vida (posiblemente por cuestiones laborales), se asentó en nuestra ciudad, donde está documentado que fue, al comenzar el siglo pasado, Catedrático de Lengua Francesa en el Instituto de Córdoba. El interés sobre este personaje radica en la publicación, en el año 1902, de su “Teoría y análisis de la oración gramatical”, impresa en Madrid por Librería de Hernando y Compañía. Se trata de la primera obra sobre Gramática castellana que vio la luz en el siglo XX; un texto de poco más de 390 páginas dedicadas en exclusiva al estudio de la oración. Salvo contadas excepciones del Ochocientos –con las obras de Benot (1853 y c. 1889)-, la sintaxis había sido poco atendida en los tratados de Gramática. De ahí que Luciano Gisbert viera la necesidad de acercar al mayor número posible de lectores una clasificación completa de las oraciones, puesto que la de Benot no estaba “al alcance de todo el mundo” –como reza la conclusión de la obra de Gisbert y Höel- y “ni siquiera se encuentra en todas las bibliotecas provinciales y de centros docentes”. Así pues, el objetivo de este tratado sobre Gramática no fue otro que orientar a “los aficionados a estudios gramaticales, entre los que por su cargo están llamados a enseñar la lengua patria”, pero, especialmente, marcar unas pautas para “el Magisterio de primera enseñanza, al cual se dirige sobre todo” dicha obra.

Pero quizá un hecho más llamativo, si cabe, fue su defensa del esperanto, una lengua internacional creada por el Dr. Lázaro Zamenhof en 1887 con la intención de facilitar la comunicación entre personas de diferentes lenguas y naciones. En nuestra ciudad se fomentaron actividades en favor de este idioma a partir del año 1909, cuando un grupo de unos 40 simpatizantes constituyó una asociación local. Y, ¿quién fue su presidente? Pues don Luciano Gisbert, célebre filólogo y traductor, persona inquieta culturalmente y, entre otras cosas, mi tatarabuelo.

Sin adentrarnos en mi historia familiar, no estaría de más señalar la trascendencia de la labor cultural desempeñada por Luciano Gisbert y Höel: un cordobés nacido en París. Pues, como bien plasma La lozana Andaluza: “no donde naces, sino con quien paces”, origen de la expresión “uno es de donde pace, no de donde nace”. Y está claro que el corazón de don Luciano Gisbert, el francés, perteneció a la ciudad califal, algo que tampoco debe resultarnos extraño.

Desde que llegó a nuestra tierra para ocupar la Cátedra de Lengua Francesa, promovió la modernización de Córdoba, especialmente de sus círculos intelectuales, además de fomentar actividades en los más importantes centros culturales de la ciudad. Destaca la organización de conferencias sobre ese extraño idioma con vocación universal, pues no olvidemos que fue impulsor y presidente de la asociación local de esperanto. Entre éstas cabe destacar la pronunciada en 1911 por Paul Linares, titulada “Internacionalismo y Esperanto”. Al igual que el protagonista de nuestro artículo, éste era un francés afincado en Córdoba y ambos compartían su interés por la lengua construida que más se habla en la actualidad en el mundo.

Dicho esto, podríamos afirmar que mi tatarabuelo fue un visionario, un hombre adelantado a su tiempo y, lamentablemente muy desconocido por los cordobeses, incluyendo a sus propios descendientes. Con este artículo pretendo devolverle lo que hizo por la ciudad.

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