Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar


Y lo nuestro debe ser pasar, caminar haciendo caminos sin echar la vista atrás. Ese, para mí, debiera ser el papel que desde ahora tendría que jugar el cordobesismo, la afición y si me lo permiten hasta la ciudad y sus gentes. Me agarro a la letra de aquella preciosa canción de Juan Manuel Serrat con la igualmente preciosa letra de las tres estrofas de los “Proverbios y cantares” de Antonio Machado, incluido en su sin par obra “Campos de Castilla”.

Y todo porque hay mucho en juego, porque sabemos lo que espera si la nave no se endereza y el Córdoba al final no consigue mantener la categoría que tanto trabajo costó alcanzar y mantener.
Porque ahora mismo poco importa cualquier otra cosa que no sea seguir la próxima temporada en donde estamos, porque somos el Córdoba, porque somos una gran afición, en una gran ciudad y porque hasta nos merecemos mantenernos. Y nada debe desviarnos de ese objetivo y ahora menos aún.

Si esta afición llevaba pidiendo a gritos un cambio de propiedad en el Córdoba ese cambio ha llegado, si pedía reforzar un equipo moribundo y hasta abandonado, según manifestaba días atrás uno de los jugadores más emblemáticos de la plantilla, ese refuerzo se materializaba en un tiempo récord con la contratación de diez jugadores que sustituían a otros siete que dejaban la disciplina cordobesista con distintos destinos. Si se pedía un salto de calidad para que el equipo dejara de ser carne de horca, también se ha dado ese salto, si no con todas las incorporaciones sí con una gran mayoría de ellas. El equipo tiene otra cara, o la tendrá dentro de pocas jornadas, y podrá luchar por una permanencia en la que hace un mes nadie creía pero que ahora tampoco nadie descarta.

Pensar que esto va a ser fácil sería desviarnos del camino emprendido. Si al final se consigue evitar el descenso habrá de ser a base de muchas lágrimas, mucho sudor y mucha sangre, porque a nadie se le escapa que este equipo cambió de propiedad teniendo muchas papeletas para estar en Segunda B, pero tampoco se le escapa a nadie que a la primavera se puede llegar con más sonrisas y con cada vez menos lágrimas. Es lo único importante, ni lo de estos últimos años, ni las personas que han regido el Club, ni sus errores, ni sus aciertos, ni sus formas, ni sus actitudes. A mí ahora mismo no se me ocurre mirar atrás, solo andar haciendo caminos, uno o varios, que nos lleven a la salvación. Otras cosas ya vendrán. Por ahora solo andar y andar, ganar y ganar y hacer caminos, aunque sean sobre la mar y ésta sea brava. Valientes, como acertadamente se nos pide desde la cabeza visible de este nuevo Córdoba, valentía para hacer una piña junto a los nuevos gestores, valentía para arropar partido a partido a nuestro equipo y valentía para olvidar por un tiempo los días de vino y miel para unos poquitos y de hiel para el resto, los que estamos, los que siempre quedaremos, los que tenemos que ser valientes hasta para olvidar por ahora un tiempo de amargura, vilipendio y disgustos.

Seremos capaces de eso y de más porque ya hemos dado muestras de ello en más de una ocasión. Y construiremos todos juntos un nuevo Córdoba en el que depositar nuestras alegrías y confianzas. Que el aire puro que entró en el Club sea lo único que respiremos ahora, que los valientes que dieron el paso adelante se vean arropados por todo el cordobesismo. Ese será el camino. Nada más importa. Ni siquiera pararnos a pensar en el equipo que tendríamos ahora si el relevo en la propiedad se hubiera realizado antes y con el mismo espíritu de servicio cordobesista como el que siempre ha presidido los traspasos de unas directivas salientes a otras entrantes a lo largo de la historia de este Córdoba. Eso que quede en las páginas imaginarias de la historia blanquiverde que desde hace más de sesenta años se escribe con las gentes, los hechos y las acciones de unos y otros, de los cobardes y de los valientes, de los indignos y los mezquinos, de los honrados y los deshonestos. Todos ellos tendrán que estar presentes en las páginas de esa historia cordobesista que alguien deberá escribir algún día.

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