Dos meses después


Tan sólo poco más de dos meses han servido para que todas las expectativas que se habían despertado entre la afición cordobesista, la que aún quedaba tras la desastrosa campaña anterior, desaparecieran de un plumazo. Muchas fueron las ilusiones depositadas en un equipo hecho a base de presentaciones corales más de charanga y pandereta, aunque disfrazadas por las posibilidades que te permiten las modernidades de las redes sociales, y que alguien se esforzó en querer hacer ver que se estaba creando de nuevo un equipo TOP, otra vez el mismo rollo, pero con jugadores que estaban muy lejos de los fichajes que nuestros enemigos de Oviedo, Valladolid, Gijón, Pamplona, Cádiz o Huesca iban consiguiendo. Y así el mosqueo se empezó a apoderar de más de uno. Pero mira por donde la pretemporada, planteada y parida con mucho y especial cuidado, trajo de nuevo un renacer de la ilusión blanquiverde al ver que todas las probaturas se transformaban en
una victoria tras otra. Error mayúsculo en el que cayó más de uno ya que los adversarios elegidos no daban la talla necesaria para que esas victorias tuvieran el valor que se les quiso dar. El Cádiz nos puso los pies en el suelo y colocó al equipo entrenado por Carrión en el lugar que le correspondía.

Ahora ya superada la primera cuarta parte de la competición, el equipo está en zona de descenso, su juego ni enamora ni augura futuro de esperanza y la portería ha sido mancillada en 22 ocasiones en los diez partidos disputados. Una sangría que nos pone a punto de caramelo para batir todos los récords de equipo más goleado en la larga historia de la Segunda división española.

Haber llegado a la décima jornada liguera es la barrera que muchos analistas y enterados de esta cosa del fútbol desean ver disputada para sacar conclusiones de lo que cualquier equipo puede dar de sí, y parece que esta jornada es lo que, dentro de la casa blanquiverde, alguien estaba esperando traspasar para tomar decisiones. Y éstas llegaron hace unos días. Carrión fue destituido y tras otro esperpéntico numerito de quien sea dentro del área de comunicación un nuevo jefe del banquillo aterrizó en Córdoba para enderezar una nave que iba navegando hacia popa y mar abajo.

Juan Merino es el nuevo patrón de esa nave con muchas, demasiadas vías de agua abiertas. Taponar esas rendijas y parar la sangría de goles será o deberá ser el objetivo prioritario del nuevo entrenador. El sabe mejor que nadie que el equipo crecerá a partir de un orden defensivo como el que le gusta dotar a sus equipo el gaditano de La Línea. Si lo consigue repetirá los éxitos que ya obtuvo en aquel Betis agonizante que luego le dio la patada para volver a confiar en un Mel que cada vez nos recordaba más a la “periódica pura”.
Merino va a trabajar esa defensa para que el equipo crezca o intente crecer y sacar la cabeza de debajo de una espada de Damocles cada vez más cerca del cuello cordobesista. Una vez liberado de esa amenaza el equipo nos ofrecerá otra cara y Merino habrá vuelto a conseguir lo que se espera de él. Suponemos que una vez desprovisto de la corbata testicular a nadie se le ocurrirá mantener el discurso de que este equipo tiene que buscar el ascenso. Yo desde luego no osaría decirlo, porque ni tengo 25 años ni a Carrión de parapeto.

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