Los bajos fondos del Fútbol


Llegadas estas fechas es cuando se produce una actividad febril en las oficinas de las entidades deportivas que ven cómo sus despachos no paran de realizar gestiones para configurar las plantillas de los equipos. Las jornadas de trabajo se hacen interminables, las horas pasan, sin apenas darte cuenta, con la oreja pegada al teléfono atendiendo mil y una llamada, y esta frase no es una más de las clásicas frases hechas ni una exageración en el número. A altas horas se acuerdan que no han cenado y en ocasiones hasta se piden unas pizzas para continuar trabajando hasta la madrugada.

El director deportivo, que es generalmente la estrella en este momento del partido, siempre que estemos hablando de un club serio, no para de recibir mensajes, llamadas, listados de jugadores disponibles de montones de agentes y agencias, ofertas, propuestas de traspasos, llamadas del extranjero, recomendaciones de dirigentes y continuas charlas telefónicas con el presidente del club, con jugadores, con el entrenador…Es una locura absoluta pero es lo que hay. El equipo no juega sólo la Liga regular de agosto a junio, la temporada empieza a jugarse en los despachos en estas fechas y del bien hacer de quienes mueven los hilos en las oficinas
dependerán los éxitos o fracasos del equipo y de toda la entidad durante la larga temporada.

Es en este tiempo por lo tanto cuando se conocen muchos de esos bajos fondos que conforman el mundo del fútbol, cuando te das cuenta de la cantidad de elementos que te quieren llevar al huerto de cualquier manera metiéndote por los ojos las excelencias de jugadores que en muchas ocasiones no pasan de medianías y a los que se cuelga el típico gancho de que están siendo objeto de deseo de varios clubes de campanillas o que en tal o cual sitio les ofrecen una cantidad que ni en sueños van a percibir jamás. Es el tira y afloja, la oferta y la demanda, el momento del listillo de turno o del negociador pétreo que no enseña sus cartas y que sabe esperar impertérrito a que “la fruta madure” y caiga por su propio peso. Es como una partida de póker donde los faroles aparecen porque de ellos se sacará la tajada correspondiente o se ahorrará parte del presupuesto que, con los actuales controles, cada vez se hace más necesario tener presente.

Cuando los aficionados de a pie siguen nerviosos e interesados las noticias que en esta época se dan todos los años desde los medios de comunicación, avanzando posibles entradas y salidas de jugadores de las plantillas respectivas, nunca imaginarán todo el trabajo que conlleva pensar, valorar, contactar, ofrecer, contraofertar, asegurar y decidir hasta que un jugador esté atado, traspasado o rescindido, gestiones a múltiples bandas en las que para
llegar a acuerdos también tendrá que entrar en juego los consejos y saber obrar de los servicios jurídicos del club. En algunos casos hay hasta sociedades deportivas en las que funciona una agencia de representación propia de jugadores con lo que el director deportivo llega a un cierto grado de estrés, agotamiento o hastío porque tiene dentro al “enemigo”, o sea, debe lidiar con el contrario que además es su jefe. Y por si fuera poco luego te toca soportar las críticas de los aficionados que no llegan a entender los motivos por los que se da la baja a un jugador que pocos meses antes era la perla de la cantera o la gran esperanza blanca, o negra, para conseguir un traspaso millonario, o por qué se renueva a otro en el ocaso de su vida deportiva por una serie de temporadas desproporcionada y unos altos emolumentos para su edad y rendimiento. Casos de estos hemos visto a porrillo en el fútbol español, por eso mi consejo a los aficionados, y perdón por la osadía, es claro y sencillo, no hagan caso de nada, no piensen que todo es tan fácil, no crean que lo lógico es lógico ni esperen que haya una explicación a decisiones inauditas. Es la vida de lo que se llama “los bajos fondos” de este deporte, y de otros, el trabajo de los listos y arriesgados y la hora de que los hilos se muevan desde los despachos en un juego que a muchos apasiona. A unos más que a otros, está claro. Más a los que se forran en esta época de calendas donde el sudor burocrático supone mucha pasta. Y menos para quienes acuden ávidos a las páginas de los periódicos o a las noticias de radio cada mañana para saber quienes serán los que a lo largo de la temporada nos llevarán a la gloria o nos bajarán a los infiernos futbolísticos. A estos solo les va la pasión por unos colores porque para ellos no existe el mercadeo ni el interés económico. Y esos son ustedes, los sufridos aficionados, el alma de un tinglado que cada año organiza ese ágape multitudinario al que se les invita, aunque solo sea para pagar la cuenta o parte de ella.

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