María del Mar Muñoz Segura


Me ha costado mucho hilar este artículo. Soy de la opinión de que cuando las aguas bajan revueltas en el Córdoba no es el mejor momento de entrar en temas distintos a los estrictamente deportivos. Todo se puede entender mal, y a veces hasta es perjudicial, así que posiblemente muchas personas que me conocen bien no entiendan esta nueva entrada, incluso comprendería ese escepticismo, aunque a lo largo de estas líneas intentaré explicar el por qué hacer protagonista hoy y aquí a María del Mar Muñoz, actual presidenta de la Fundación del Córdoba Club de Fútbol y a su vez madre del nuevo presidente Alejandro González.

Conocí a María del Mar cuando Ecco Documática se hizo con el paquete mayoritario de acciones del Córdoba. Yo estaba en la Fundación como patrono donde había acompañado al anterior responsable de la misma Ernesto Hita, quien presentó su dimisión para que ella asumiera la  presidencia como así lo había decidido su marido el nuevo presidente del Córdoba. Tanto Ernesto como yo decidimos permanecer un tiempo prudente junto a Mª del Mar para que el relevo no fuera traumático y a base de reuniones y conversaciones conseguir que la nueva presidenta conociera el día a día de la actividad de la Fundación y cómo resolver los pequeños entuertos que aparecerían en el devenir del trabajo. Con el tiempo ella me ofreció seguir como patrono y meses después como Vicepresidente al dimitir una persona del entorno de Ecco Documática que ocupaba ese cargo.

Tengo que decir que hay que conocer a Mª del Mar para darse cuenta de qué clase de persona tienes delante. Una mujer buena, en toda la extensión de la palabra, cariñosa, educada, que deja hablar y sabe escuchar, que admite consejos y valora propuestas. Siempre preocupada por quienes la rodean, interesada en tus problemas, en tu familia… Una mujer, en definitiva, que te gana en las distancias cortas y a la que nunca puedes negarle nada. Y junto a todo eso, una persona humilde, sensible, comprometida con los sectores más marginales de la sociedad y absolutamente entregada a labores de altruismo de cuantas Asociaciones y grupos dedican su tiempo a mejorar la vida de personas con problemas físicos o sociales y que se acercan al Córdoba en busca de cualquier tipo de ayuda. Su entrega abnegada a la causa social y deportiva del pueblo saharaui, con quien el Córdoba abrió hace muchos años una importante vía de comunicación y ayuda, es buena prueba de ello.

Claro que acepté acompañarla en el trabajo. Vi en ella la persona ideal para llevar a cabo una serie de reformas y actividades que desde que entré en el Club consideraba necesarias y posibles para mejorar el funcionamiento de la Fundación. Entre otras la capacidad de generar ingresos, distintos a las cuatro aportaciones de los amigos y Empresas de siempre, siempre muy agradecido a ellos, para realizar más actividades que los estatutos de la Fundación nos permitían y que estaban sin utilizar. Todo lo que se le proponía se hacía. María del Mar llegó a dar carta blanca a quienes trabajábamos junto a ella y supo mantener la tranquilidad cuando los primeros intentos de conseguir subvenciones procedentes de las instituciones de la Unión Europea y de otros organismos se nos iban denegando uno tras otro. Mostró una entereza y una confianza plena en su equipo de trabajo y gracias a ello sé que ahora ya se están consiguiendo los resultados que en un principio se nos negaron.

Tras aquel primer año intenso y maravilloso, todo estalló por los aires. El Córdoba se adhirió a la petición de los administradores concursales de calificar como Culposo el Concurso de acreedores y la petición para los anteriores consejeros del pago de seis millones de euros e inhabilitación para cargo público por unos cuantos años. Con dicha situación, mi permanencia en el seno del Córdoba estaba fuera de toda lógica y sentido, por lo que presenté mi dimisión en la Fundación junto a mis compañeros Antonio Prieto y Paco Herrera, éstos en el Consejo de Administración del club. A partir de ahí todo se desarrolló de manera intensa, se rompieron muchos lazos y se generó mucho dolor. Una situación que no se olvidará jamás.

Ahora, cuando aquello ya parece cosa del medievo, repaso muchas vivencias de mi último tiempo de servicio al Córdoba , la temporada 2011/12, y una de las mejores sé que fue el trabajo con María del Mar. Lo que más me costó al presentarle la dimisión fue dejar de trabajar con ella y disfrutar de la enorme humanidad de una persona con la que, por motivos obvios, tuve que cortar la relación aunque nunca el cariño y el respeto. El Córdoba, a lo mejor sin darse cuenta, dio con la persona idónea para llevar adelante el trabajo de su Fundación. Buen espejo donde puede mirarse el joven y nuevo presidente del Córdoba, el modelo de su madre le bastaría para ser un aceptable dirigente. No necesita otro.

No he visto mucho que se haya reconocido hasta ahora el buen trabajo de la Fundación del CCF y de su presidenta, por eso creo que es de justicia decir que siempre me he  sentido orgulloso de haber trabajado junto a una mujer a la que a pesar del tiempo y las vicisitudes sigo profesando un gran cariño, lo que no evita que piense que la etapa de la familia González al frente de la SAD Córdoba CF. debe terminar ya. La fractura entre la afición y sus dirigentes es patente y cada vez puede ser mayor. El día que decidan terminar con sus responsabilidades aquí yo me alegraré, por el Córdoba y por ellos, que seguro vivirán más felices y relajados en Madrid, pero la Sociedad habrá perdido una gran presidenta de su Fundación. Quizá a la única que echaremos de menos en el futuro.

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