“Esos locos maravillosos de Sangre Blanquiverde”


Mi padre, muchos años directivo y delegado de equipo con el Córdoba, siempre me contaba lo que significaba para los jugadores blanquiverdes pisar cualquier terreno de juego en España y encontrarse con muchos aficionados cordobesistas en las gradas. Era un plus para dar de sí todo y más a lo largo de los noventa minutos. Y aunque eso ocurría en cualquier Estadio, se producía con mayor énfasis en los de Cataluña, donde tanto en Primera como en Segunda división se reunían dos, tres, cuatro mil aficionados que animaban sin parar al Córdoba.

Eran otros tiempos. Tanto es así que entonces la colonia andaluza residente en Cataluña se unía sin importar qué equipo andaluz jugaba. Gaditanos, sevillanos, almerienses o cordobeses animaban por igual a cualquier equipo andaluz que subía a jugar a aquellas tierras, dando un espectáculo de animación y colorido desde mucho antes de que el partido empezara. Mi padre me decía que jamás había visto unos aficionados tan volcados con un equipo como los andaluces, originarios de cualquier provincia, residentes allí.

Eran los años setenta, cuando el Córdoba de los cordobeses visitó de nuevo la Primera y se movía entre los grandes de Segunda. Una pena que entonces no existieran los play off que ahora dan opciones de ascenso hasta al sexto -y séptimo- clasificado. Lo hubiéramos disputado más de una vez. Tampoco eran los años de la caída a la Segunda B que tanto daño hicieron. Aquel periodo de casi dos décadas seguidas militando en esa categoría supuso un desencanto para el aficionado, no sólo en la ciudad, donde los abonados apenas llegaban a cinco mil, sino entre los residentes en otras latitudes. Por eso, cuando muchos años después, y sobre todo tras el ascenso en Huesca a Liga Profesional, el Córdoba se consolidaba en Segunda, yo siempre recordaba las palabras de mi padre sobre la afición cordobesista en Cataluña, aunque de aquellas muchedumbres animando al equipo, de las que me hablaba, yo no veía ningún rastro.

La vida me dio la oportunidad de colaborar con el Córdoba en los Consejos de Administración bajo las presidencias de Rafael Campanero y José Miguel Salinas. Me convertí en un asiduo acompañante del equipo junto a otros consejeros como Antonio Rodríguez-Carretero, Ernesto Hita, Antonio Prieto o Elías Cabrera, y en distintas etapas. Y gracias a esos viajes tuve la enorme fortuna de toparme con un grupo de gente que a cada visita que hacíamos a los equipos catalanes iba creciendo en número. Eran cordobeses residentes allí y descendientes de emigrantes cordobeses que, aunque pocos, chillaban como locos animando al Córdoba. Lo que empezaba por la mañana en el Hotel de concentración, continuaba en el Estadio. Daba igual cómo quedara el equipo, terminaba el partido y seguían animando y gritando ¡Córdoba, Córdoba!, y poco después los tenías a la salida de los jugadores dándoles todo el cariño o despidiendo al autocar del equipo tras montones de abrazos, fotos, firmas de camisetas y demás manifestaciones de alegría y ánimo. Si aquello ocurría tras perder, imagínense cuando veían ganar al equipo.

Lo que en principio eran pequeños grupos aislados en las gradas de dos o tres amigos o conocidos, con el paso del tiempo se fue convirtiendo en algo cada vez más homogéneo y organizado, con sus camisetas, banderas y pancartas. Ya sabíamos que desde julio de 2.009 habían conseguido organizarse entre quienes un partido tras otro se iban viendo, sin apenas conocerse, hasta convertirse en Peña. Pero antes te los habías encontrado en Gerona, Tarragona, Valencia, Castellón, Zaragoza, Huesca o Soria, siempre cariñosos, siempre recordando a su ciudad, siempre presumiendo de cordobeses y cordobesistas. Jamás oí un reproche de alguno al equipo, ni un gesto de desagrado cuando las cosas no salían bien, por el contrario, animando sin parar y esperanzados en ver una victoria al siguiente partido.

Este grupo de gente maravillosa, de locos por lo suyo, de defensores a ultranza de todo lo cordobés y cordobesista es la primera Peña oficial del Córdoba creada fuera de la provincia. No hace falta decir que es Sangre Blanquiverde de Cataluña. Siempre han estado ahí y siempre seguirán estando mientras el Córdoba exista. Y aunque no sean miles de aficionados como antes, ya están muy cerquita de llegar a los 100 socios. Aquellas muchedumbres ya no siguen al Córdoba en Cataluña pero la calidad de los de ahora es mayor, sin lugar a duda. Todos son originarios de Córdoba o tienen sangre cordobesa y yo personalmente prefiero a éstos que a los de los años sesenta y setenta.

La Peña está creciendo de manera imparable. A pesar de las vicisitudes, de algunos contratiempos e imprevistos, la pujanza es cada vez mayor. Han tenido que superar la vuelta a Córdoba de su anterior presidente, Alberto García, y ahora superarán la del actual, Javi Serrano, que en breve también estará viviendo en nuestra ciudad. Muchos lo sentirán porque aparte de ser dos puntales importantes de la Peña, los demás han llegado a quererlos como hermanos. Si no de sangre sí de Peña, de la Peña cordobesista Sangre Blanquiverde de Cataluña a la que desde este medio honro como se merece y a la que seguiré perteneciendo no sólo como Socio de Honor, nombramiento que me hicieron en su día y de lo que me siento orgulloso, sino también de número. Que San Rafael cuide de ellos en todos esos viajes que organicen para estar al lado del equipo de sus amores y que vuelvan muchas noches a casa sanos y felices tras ver una victoria de su Córdoba.

Qué gente más grande, cuánto ayudan al equipo y qué necesario es que sepan, ellos y todas las Peñas, que son el motor de una afición que los valora y respeta.

 

1 Comentario

  1. Cuánta razón y qué bien lo dices, Barroso.
    Puedo dar fe de que todo lo que te dijo tu padre y ahora tú puedes constatar es verdad. Hasta yo mismo me he sorprendido a dar con estos cachorros –tengo el derecho a llamarlos así, pues soy de aquella época– que tienen la Sangre Blanquiverde. Me sorprendí la primera vez que los vi en Tarragona y me acerqué a ellos. No eran nacidos en Córdoba, eran hijos de padres cordobeses. Me he contagiado y ahora me dejo la garganta con ellos en los partidos que puedo acompañarlos.
    Aprovecho esta oportunidad para pedir al Córdoba C.F. que haga algún stage de pretemporada por estas tierras para premiar a esta gente de Sangre Blanquiverde, que se lo merece.

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