“El Club Córdoba de Balonmano”


Quisiera dejar claro, aunque me parece que no hace mucha falta que lo diga, que me siento absolutamente enamorado de este Club, así, con todas las letras, porque si algo distingue al Córdoba de Balonmano es eso precisamente, que es un club en toda la extensión de la palabra.

Cuando en su gestión y apoyo intervienen tantos elementos y tan diversos es que algo importante pasa. Una directiva que trabaja a destajo donde cada uno de sus miembros tiene que echarse a la espalda varias labores y unos jugadores, entregados a la causa desde pequeñitos, a los que el “Orgullo Granate” se les inyectó en vena cuando empezaron a defender la camiseta. Pero no para ahí la cosa porque para formar y dirigir a esos jugadores, desde las Escuelas que enseñan los primeros pasos en este deporte hasta los jugadores “seniors” hay un completo grupo de técnicos bajo las directrices de Antonio Reyes, el hombre que es capaz de sacar un jugador hasta de una cábila perdida del desierto.

Los grupos anteriores son, digamos, los que dan la cara, los que organizan, enseñan, entrenan, buscan patrocinios, programan actividades o se parten el pecho defendiendo una camiseta a la que saben honrar desde muy niños. La parte visible del club. Alrededor de él, cada vez más intensamente, realizando una tarea callada de apoyo económico y social, están las familias, el grupo de padres a los que no les importa llevar y traer a sus hijos a los entrenamientos y a los partidos, acompañar a los diversos equipos en sus viajes, abonar una cantidad para que los niños vayan equipados como corresponde a unos deportistas que recorren España representando a una ciudad como la nuestra y por si fuera poco, además, ser abonados del club, bien de forma individual o sacando el abono familiar para todos los miembros de la casa.

Otro colectivo importante que siempre está ahí es el de los antiguos jugadores. Da gusto ver los partidos, sobre todo del primer equipo, y encontrarte en las gradas a muchos ex jugadores del club. Ellos recuerdan su paso por las diversas categorías y mantienen viva la llama de un pasado que los ha hecho vivir experiencias inolvidables además de mil y una anécdota. La culminación de todo ese cariño hacia el club de sus vidas se produce cada año en las fechas navideñas cuando las distintas promociones se juntan en un Pabellón y celebran los llamados “desafíos” entre unas y otras. La gran mayoría de esos antiguos jugadores se visten de corto y muchos aún son capaces de mostrar su magisterio con el balón y su calidad indudable que no disminuye con el paso del tiempo. Es importante para un club saber mimar y cuidar a todos sus jugadores, de todas las épocas, de todas las categorías. Es una manera de hacer grupo entre los de antes y los de ahora, la mejor forma de enseñar a los más pequeños, crear esa cadena de eslabones para trasmitir el cariño por unos colores y agrandar una unión casi familiar que impera en todos los miembros del club. No olvidemos que ya muchos ex jugadores tienen a sus hijos jugando en el Córdoba BM., y seguro que también llevarán a sus nietos, unos antes que otros, evidentemente.

Un club fuertemente asentado en una ciudad como la nuestra, de firme raigambre balonmanista, y que es consciente de que tiene uno de los mejores clubes de España, de lo que se enorgullece sin duda, pero que no es capaz de dar ni un solo paso adelante para arropar económica y moralmente a ese club y a unos jugadores que llevan muchos años consiguiendo títulos provinciales, autonómicos e incluso nacionales. Una ciudad que saca pecho cuando se entera que el Córdoba de Balonmano nutre a las Selecciones andaluzas con diez, quince, veinte jugadores, tanto chicos como chicas, una sección que es el último gran acierto del club, se vanagloria cuando se entera que varios jugadores salidos de su cantera son internacionales con las distintas selecciones nacionales, incluida la Absoluta, y que otro nutrido ramillete de ex granates están jugando en la Asobal, la máxima categoría del Balonmano español. Pero hasta ahí llega la cosa…y el orgullo.

Córdoba podía ser una plaza importante en el concierto nacional de este deporte y codearse con los mejores equipos de Asobal a poco que la ciudad diera un paso adelante. Sería la guinda a un pastel que lleva mucho tiempo horneándose y que todos los años saca nuevos valores, pero falta poner esa guinda encima. Y lo curioso es que la guinda es barata. El club tiene lo más importante y necesario para afrontar un reto importantísimo, la estructura, la gente y una de las mejores canteras de España que abarataría costes, a la vez que permitiría el regreso a casa de unos cuantos jugadores que ya tienen un bagaje y una experiencia fantástica en la máxima categoría. Pero para eso esta ciudad es la que tiene que dar ese paso al frente. Estamos perdiendo una oportunidad única de establecernos dentro de la élite del Balonmano español, de la que sólo nos separa un paso y eso sin contar más que con lo estrictamente necesario para la supervivencia.

Lamentablemente, y aunque me resisto a ello, la cabeza me dice que Córdoba no es la ciudad que va a dar el impulso a un proyecto que está ahí mismo, al alcance de la mano y de muchos bolsillos. Y también me dice que las instituciones no harán como en otras ciudades donde en su momento se apostó por un deporte determinado y que al día de hoy aún se mantienen entre la élite de esa especialidad. Málaga, Almería, Huesca, Logroño, Valladolid, León, Irún, Pontevedra, Granollers y otras más ya lo hicieron y ahí siguen, en Baloncesto, Balonmano, Voley o cualquier otro deporte minoritario. Córdoba con sus empresas no tiene esa mentalidad, ni tampoco sus instituciones. Su ideario en materia deportiva va por otros derroteros, cosa que puedo entender pero no compartir. Por eso es de agradecer aún más esa ayuda y sensibilidad que la entidad de ahorro Cajasur demuestra desde hace lustros apoyando al Club cordobés, unos años con más y otros con menos, pero siempre ha estado ahí. Un ejemplo, un testigo que no ha sido recogido por ninguna otra entidad. De ahí el agradecimiento más sincero a Cajasur.

El reto es ese. La ciudad podría tener un equipo en Asobal con una muy moderada inversión. El club ahí está. Y cuidado que no quiero minusvalorar ni el trabajo ni la importancia del resto de clubs de Córdoba y provincia, pero ahora mismo, por su estructura y nivel deportivo, es el Córdoba de Balonmano quien está preparado para poder dar el salto si apareciera quien diese el empujón económico necesario. Por supuesto que tanto Puente Genil, el “equipo rey” del Balonmano andaluz actualmente, como Palma del Río, el otro gran abanderado del Balonmano cordobés, tienen categoría y medios para estar en Asobal el uno y para volver a estar el otro, cosa que puede producirse en esta misma temporada si todo sigue igual para los palmeños y no ocurre nada anormal al buen equipo que se ha logrado hacer en Puente Genil.

Me parece fenomenal que nos enorgullezcamos de un club modélico, que celebremos sus éxitos y la escalada a los máximos niveles de sus jugadores. Me parece perfecto que el Córdoba de Balonmano reciba premios y distinciones todos los años y que sigan saliendo jugadores para nutrir las selecciones nacionales, pero nada de esto sirve a estas alturas de la película. Reclamo, encarecidamente, con desesperación casi, que alguien ponga sus ojos y su dinero en este club y de el empujón necesario, no muy fuerte, para poder verlo entre los grandes dentro de dos o tres temporadas. Aunque sea Balonmano, la repercusión de esa inversión sería increíblemente superior. Y por si lo quieren saber, éste es un deporte baratísimo, ni se imaginan, y en este Club están acostumbrados a poner este pan para este queso y este queso para este pan. Sabrán perfectamente sacarle provecho a esa inversión. Ni lo duden.

 

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