“Calumniad con audacia, siempre quedará algo” (Francis Bacon)


Cuántas veces hemos oido y leído a personas muy diversas quejarse del trabajo de directivos de etapas anteriores en el Córdoba CF., de su falta de conocimientos, de su escasa preparación para desempeñar una tarea cada vez más profesionalizada al frente de la Sociedad anónima deportiva, de no crear las estructuras de un Club moderno, de la falta de ambición deportiva y de la ruina a la que llevaron al Córdoba…Y uno, sabiéndose parte de aquellas etapas tan vituperadas por algunos, asistía anonadado a esas críticas sin dar crédito a lo que oía o leía, pero optando por callar evitando entrar en una guerra que a nada podía conducir y cuyo único derrotado siempre sería el Córdoba Club de Fútbol. Lo peor para una entidad deportiva siempre es la división entre sus aficionados y seguidores, eso lleva a una descomposición paulatina que sabes cómo comienza pero nunca cómo termina. Hay quien eso le importa un comino y aplica la famosa táctica romana del “Divide y vencerás” con la que anda por la vida más ancho que alto para así conseguir sus objetivos.

Entrar al trapo o no, contestar a las críticas que llegaban desde algunos sectores o hacer oídos sordos, creó una disyuntiva en el estado de ánimo de los miembros de esa anterior directiva que si algo tenían claro es que estaban siendo injustamente tratados. No hay nada más sencillo que mentir reiteradamente para echar tierra sobre unas personas cuyo único pecado era ser cordobesistas de cuna. A lo mejor ese era el problema. Calumnia que algo queda, y eso es lo que decidieron quienes movidos por bastardos intereses se dedicaron a ir soltando comentarios a cuál más lejano de la realidad. Daba lo mismo decir que se había llevado al Córdoba a la ruina como aumentar por arte de birlibirloque, y de boquilla, en unos cuantos millones de euros la deuda que aprobaron Juez y administradores del Concurso de acreedores del CCF. Daba lo mismo decir cualquier cosa y solicitar la declaración de “Culposo” para el Concurso aunque esos mismos administradores concursales lo hubieran calificado de antemano como modélico, como “concursillo”, y que incluso felicitaran a los responsables económicos del Club por la limpieza y exactitud de los informes…daba igual, lo dicho, calumnia que algo queda.

Al aficionado de a pie que sólo le importa que su equipo gane cada jornada, al que no entiende de contabilidad, al que le importa un higo el presupuesto, el haber o el debe, los dividendos y su reparto e incluso hasta lo que deparará el futuro, le trae sin cuidado ponerse a investigar o a pedir explicaciones sobre el qué, los cómos, los cuándos, dónde y quiénes. Sólo oye o lee de pasada ese titular o ese runrún que hábilmente se deja caer en cualquier entrevista por quien quiere hacer daño con una frase o una sentencia difícil de olvidar y con la que al que se quiere atacar se le hace un traje fácilmente, un traje cosido por cientos de aficionados en quienes la espectacularidad de lo dicho cala fácil.

Con el tiempo, ante la reiteración en el mensaje, hasta tú mismo llegas a hacerte un examen interno para saber si verdaderamente has sido tan canalla para el equipo que lo es todo en tu vida y si has hecho, o dejado de hacer, algo que pusiera en peligro al club del que muchos llevamos siendo abonados desde hace cuarenta años o más. Y en esa reflexión de la que te sientes preso, un poco como con síndrome de Estocolmo, afloran continuamente a tu mente recuerdos de quienes decían ser tus amigos y que de la noche a la mañana te abandonan como apestado, evitando encontrarse contigo, no sea que los vean los del otro bando, y manteniendo silencios cómplices o escribiendo artículos o comentarios donde de forma sutil dan por hecho tu culpabilidad. Y hasta publican un titular y una foto de todos los “nuevos apestados” con la palabra “CULPABLES” debajo, con mayúsculas, para que el mensaje impacte y de paso lo lean quienes han decidido intentar que te califiquen así. Es mejor sacrificar la amistad de algunos que ya no te pueden dar noticias frescas, alineándose del lado de quien manda, que mantener fidelidad a quienes sabes que ni tocaron un euro de la caja ni hicieron nada por perjudicar a la Sociedad, e incluso sabiendo lo que hay detrás de esa operación…Es esa ley cruel que no entiende de lealtades ni amistades compradas, y mucho de intereses empresariales.

Ahora que se acaban de cumplir dos años que el Juez decidió calificar el Concurso del Córdoba como “fortuito” y decretar el archivo de las actuaciones, creo que fue lo que más dolió de un proceso que ya es historia afortunadamente, pero del que aún quedan rescoldos porque hay mucho dolor acumulado. Menos mal que al aficionado de a pie, el que sólo quiere seguir viendo a su equipo marcar goles y ascender a Primera, ojalá pronto, no hay que explicarle, porque no lo entendería, que aquella decisión tomada de solicitar el Concurso de acreedores, tan vilipendiada por unos, fue la solución perfecta para encauzar y proteger el futuro de la Sociedad anónima evitando su disolución. Se diga lo que se diga eso fue así, como ha pasado con miles de empresas que atravesaron momentos muy difíciles y hoy se mantienen con vitalidad. Que yo recuerde, nadie llegó al Córdoba a ingresar el dinero necesario para no entrar en un Concurso que la difícil situación de PRASA no pudo impedir.

Ahora, una vez más, es el tiempo el que da y quita razones. Ya todos ven como normal aquel Concurso de acreedores, nadie lo considera ni deshonroso, ni la ruina, ni el fin de nada. Muchos hasta se echan las manos a la cabeza cuando recuerdan que a los antiguos consejeros se les pedía una responsabilidad económica de 6 millones de euros e inhabilitaciones por años para ejercer cargos públicos…¿A quién habrían matado éstos?…Tampoco quedan lealtades indiscriminadas ni fidelidades compradas. Ahora los buenos son los malos y los que entonces fuimos aborrecidos ahora somos valorados por instituciones, prensa y radio, proveedores, jugadores y técnicos, aficionados y Peñas, donde a muchos se nos recuerda o somos invitados a ir continuamente, recibiendo respeto y cariño por doquier. Por todos no, evidentemente, hay una parte de la afición que nos seguirá echando en cara no haber conseguido el ascenso a Primera y algunos que no consiguieron vernos sentados en el banquillo del Juzgado. Tampoco por los que nos dieron en sus páginas la calificación de “Culpables” porque cuatro años después aún no han venido a decirnos “lo sentimos, nos equivocamos”… tampoco nos hace falta. Estamos bien, no odiamos a nadie, no fuimos a cobrar los dividendos, no tuvimos sueldo como consejeros ni dietas de viajes, ni terminamos peleados con la ciudad, los patrocinadores, los jugadores, las Instituciones, los trabajadores del club o con las directivas anteriores a la nuestra. Y además estamos orgullosos de la historia del Córdoba y de todos quienes ayudaron a escribirla, en los terrenos de juego, en los despachos y en las gradas. En definitiva, que somos felices, que amamos al Córdoba y que vamos por la calle con la cabeza alta. Ah! Y que seguimos por aquí, pero que de olvidar…nada de nada.

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