La información y el traje del emperador


En un conocido haiku, Mario Benedetti escribió que un pesimista es sólo un optimista bien informado. Quizás la frase –posiblemente más poética que certera- podría aplicarse a la afición del Córdoba CF, y con ello pensar que la información sea la causa de que el optimismo, que hasta hace no muchas semanas impregnaba a buen parte de la parroquia blanquiverde, se haya transmutado en el pesimismo que ahora parece extenderse entre aquélla como una epidemia. Suele decirse que la información es poder; sin embargo, me pregunto si su fuerza puede ser tanta como para torcer el ánimo de una masa social tan numerosa de un modo tan generalizado.

La respuesta a esta cavilación no es sencilla. Aunque es cierto que en esta vieja capital de la Bética, tan especiales que somos hasta para las cosas más simples, no ha faltado un curioso debate acerca de la información relativa al club blanquiverde, entiéndase por ésta la de los medios de comunicación. La misma tiende a ser dividida entre amable u hostil, oficialista o crítica, palmera o destructiva, centrando la discusión en el grado de conveniencia para la causa de uno u otro planteamiento informativo, en lugar de hacerlo, como sería más lógico, en la mayor o menor aproximación a la verdad objetiva de lo que se dice o se comenta. Ya se sabe, en Córdoba no hay puerto de mar ni términos medios.
Pese a todo, y a la conocida propensión a apalear al mensajero, me temo que la información que ha podido quebrantar el entusiasmo del cordobesismo proviene de fuentes de conocimiento directo, en este caso en forma de baño de fría realidad. La Copa, esa que antaño molaba, se despidió esta temporada de El Arcángel con un partido cuya segunda parte mostró a un equipo blanquiverde en descomposición, tal vez anímica pero objetivamente deportiva en cuanto a resultados y eficacia, y además abrió la senda de una posterior trayectoria liguera descendente, que ha terminado por enseñar las orejas del lobo hasta a los más empeñados en mirar hacia otro lado. Los datos dicen que los hombres de Carrión sólo han sumado un punto y no han anotado un solo gol en las tres jornadas disputadas hasta ahora en 2017, y las sensaciones, esas de las que dicen que son el fútbol, no parecen las mejores.

El cordobesismo vive en estos días sumido en un estado de perplejidad, incapaz de asimilar que a mitad de temporada el equipo se vea obligado a replantear su teórico objetivo deportivo inicial de optar al retorno a la máxima categoría y a centrar su meta inmediata en huir como de la peste de un hipotético descenso, posibilidad cuya sola mención provoca sudores fríos hasta en las piedras de Medina Azahara. Desconcierto que se incrementa cuando desde el club se sigue insistiendo en que todo va bien y de acuerdo a la hoja de ruta trazada, esa que supuestamente marca el rumbo hacia una Primera División cuya ausencia se considera expresamente un fracaso. Mensaje que, resulta obvio, no termina de armonizar con los titulares que arroja la actualidad deportiva local.

La duda, en este caso, es saber si la planta noble de la SAD blanquiverde vive alejada de la realidad, convencida de un estado de bonanza que los datos objetivos se empeñan en negar –más allá de la situación económica de la entidad, o al menos lo que se deja ver de ella por las estrechas rendijas de la falta de transparencia- o si por el contrario todo el discurso responde a una consciente estrategia de imagen, encaminada a vender el producto, o simplemente a distraer la atención hacia un foco distinto de los verdaderos objetivos de un proyecto empresarial que en ocasiones parece más volcado en el rendimiento financiero de sus propietarios que en el crecimiento deportivo e institucional del que se tiene por club representativo de la ciudad.
En un cuento del danés Hans Christian Andersen titulado El nuevo traje del emperador -conocido también como El rey desnudo– se relata cómo unos estafadores timaron a un presuntuoso monarca, convenciéndole de que le habían confeccionado un vestido singular, elaborado con una tela excepcionalmente rica y suave que tenía, además, la mágica cualidad de resultar invisible a las personas estúpidas o incapaces para el desempeño de su cargo. En realidad tal traje no existía, y la vanidad del soberano, unida a la falta de sinceridad de sus cortesanos de confianza, llevó a aquél a desfilar completamente desnudo ante sus súbditos, incapaz, en su orgullo, de reconocer que sus ojos no lograban ver prenda alguna.

Si fuese posible trasladar la fábula a nuestros lares, en el reino del Córdoba CF resultaría difícil, sin embargo, saber a ciencia cierta si son las personas que rodean al rey quienes le engatusan, convenciéndole de que su desnudez está cubierta por un rico y regio atuendo inexistente, o al menos no advirtiéndole de lo contrario, o si por el contrario es el propio monarca quien pretende engañar a sus súbditos, haciéndoles creer que su solo pellejo es la armadura de un paladín que guiará a sus huestes hacia la conquista de la gloria, aunque haya más de un cenizo que se niegue a verlo.

Llegados a este punto, sospecho que lo de menos son el optimismo, el pesimismo o la información. Y que lo verdaderamente importante es darse cuenta a tiempo de que no es buena idea marchar a combatir en pelota.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here