La regularidad


Una de esas frases tópicas del fútbol, tan manidas como recurrentes, viene a denominar al campeonato de Liga como el “torneo de la regularidad”. Pero ¿qué es eso de la regularidad?

El diccionario de la RAE define la regularidad sencillamente como la “cualidad de regular”, y a su vez confiere a este término hasta catorce acepciones distintas. De ellas, quizás la más adecuada al tópico balompédico sea la que describe algo –por ejemplo, la trayectoria en una competición- como “uniforme, sin cambios grandes o bruscos”. Sin embargo, tal vez el uso más extendido de la palabra regular sea el que el Diccionario recoge en el último lugar de la lista, con el significado de “medianamente, no demasiado bien”.

Si la regularidad, en cualquier caso, constituye un parámetro relevante en el fútbol, al tratar de analizar la marcha deportiva del Córdoba CF en la temporada en curso –transcurrido ya el primer cuarto de la misma parece que todo el mundo se afana en hacer malabares con los números y quien esto suscribe tampoco tiene por qué resistirse a esa tentación- lo lógico será plantearse la cuestión de si el equipo blanquiverde está siendo o no regular.

Al respecto podría destacarse el hecho de que el Córdoba se haya mantenido, durante la gran mayoría de las once jornadas disputadas, entre los puestos tercero y sexto de la clasificación, que son los que dan acceso a la disputa del playoff de ascenso. De hecho, sólo en dos de ellas abandonó el equipo esa zona clasificatoria, la tercera, en que cayó a la decimocuarta posición, y la séptima, en que alcanzó la segunda de las dos privilegiadas plazas de ascenso directo. Teniendo en cuenta, además, que fue también una de esas posiciones, la quinta, la que ocupó el conjunto blanquiverde al final del campeonato anterior, su trayectoria en la competición puede calificarse perfectamente como uniforme o estable, y por tanto regular.

Pero también los malpensados podrían esgrimir el argumento, bastante más subjetivo que las matemáticas, de que el desempeño liguero del cuadro cordobesista no está siendo especialmente malo, y tampoco especialmente bueno. Como dato curioso, un solo gol encajado, el conseguido por el Sevilla Atlético en El Arcángel, supuso al Córdoba, además de la primera derrota en su feudo, el convertir una prometedora racha de cinco partidos sin perder en otra de cuatro encuentros sin ganar, con un balance de sólo tres puntos sobre doce posibles, merced a los empates logrados en las visitas a Zaragoza, Numancia y Elche. Lo que pone de manifiesto no sólo la trampa de las estadísticas, sino también el delicado equilibrio entre lo satisfactorio y lo decepcionante en el que se mueven los hombres de Oltra en la presente temporada. Dicho de otra forma, que igual habrá quien pueda afirmar también que el Córdoba está siendo regular, pero en el sentido adverbial del término, o sea, ni muy bueno, ni muy malo.

Puestos a jugar con las cifras, que en esto del fútbol resulta siempre un pasatiempo entretenido, a estas alturas de curso en la liga anterior el equipo blanquiverde había logrado apenas tres goles más que en la presente, y había encajado también sólo uno más, pero esos guarismos le permitieron alcanzar el liderato de la competición en la jornada once, con cinco puntos más de los logrados hasta la equivalente actual. Será que los rivales también juegan o que, tal vez, la afamada importancia de la regularidad, en el sentido de estabilidad, es en realidad más bien relativa, o acorde al color del cristal con el que se la quiera mirar. Al fin y al cabo, si nos planteamos el ejemplo de un equipo que ocupase el puesto de colista de la clasificación desde la primera jornada hasta la última ¿cabría imaginar trayectoria más regular?

Al menos, al que es regular en el otro sentido del término, le queda la ventaja de que siempre puede aspirar a mejorar, y el consuelo de que siempre se podría estar peor, lo cual no es poca cosa.

Parece, en definitiva, que eso del “torneo de la regularidad” no deja de ser una milonga, pues lo que verdaderamente importa para cualquier equipo –y el que lleva el nombre de esta vieja capital de la Bética no es una excepción- es terminar la última jornada del campeonato por delante del mayor número de rivales en la clasificación. Lo mismo da siendo más bueno que ellos, que resultando menos malo, o simplemente regular.

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