Reflexiones


Querido diario:

Me despierto con la noticia del ingreso de Carmen Calvo, vicepresidenta primera del gobierno, en un centro que, por ser privado no creo deba ser anatema a su hospitalización, pues la salud está en juego y seguro que su familia habrá optado por lo que estima más adecuado para ella. Mejórese, señora vicepresidenta.

 No soy partidario de repartir críticas a diestro y siniestro en estos momentos.

Que hay responsabilidad, la hay; y mucha, cusai delictual, por una imprudencia a todas luces manifiesta de la que nuestros gobernantes están siendo las primeras víctimas. Pero ya habrá tiempo de debatir sobre ello. La oposición debe ir tomando nota si es que quiere enderezar el rumbo de este país, pues está claro que los que hoy gobiernan carecerán de legitimidad moral para ello cuando ésto pase, que pasará.

Sin embargo, hoy es tiempo de aunar esfuerzos, de olvidar de una vez por todas esos rencores vacuos y sin sentido en una sociedad que debe, desde ya, ir pensando en recomponer no sólo economía y trabajo, sino conciencia y valores.

Conciencia de que el odio sólo es amigo de odio, y el miedo sólo lleva al lado oscuro.

Conciencia de que el trabajo es un don preciado, el esfuerzo el ejemplo para nuestros hijos, y el diálogo real y sincero el arma que vence los desencuentros.

Y conciencia de que la fe no es enemiga de nada ni de nadie. Que el amor sólo nos puede llevar a más amor, por muy lejos que tengamos al prójimo o por muy cerca que vivamos de quien se considera nuestro enemigo.

Si queremos recomponer una sociedad que no se desmorona más gracias a la fortaleza de ánimos de un pueblo recio y rico en matices, nuestra actitud habrá de cambiar, reconociendo la bondad y el respeto por encima de las ideologías, el esfuerzo por encima del poder y el amor como vínculo en la familia y la sociedad.

Que la lección, la letra que hoy estamos aprendiendo a la antigua usanza, nos sirva para enterrar definitivamente las manzanas podridas y plantar esperanza.

Nuestros hijos agradecerán el esfuerzo.

Terminando estas líneas me llaman para decirme que un íntimo amigo, uno de los que viven en Madrid, ha sido ingresado en el hospital.

Convencido de su recuperación dedico las últimas palabras de hoy a mandarle muchos ánimos y mucha fuerza, recordándole a San Rafael que uno de los suyos, y además tocayo, precisa de su ayuda.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

 

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