Domingo IV de Cuaresma


Amigos y hermanos:

Casi sin darnos cuenta, hemos llegado al domingo cuarto de la cuaresma, lo que nos hace caer en la cuenta de que el tiempo vuela y que urge ponernos ante Dios cuanto antes mejor para nos haga sentir su Presencia y su disponibilidad para nuestra pobreza espiritual.
Dios no mira las apariencias, no mira nuestro bolsillo, no mira nuestro “rango en la sociedad”, sino que mira el corazón. Donde guardamos lo mejor y también lo peor, del que salen las mejores acciones y los peores pecados, como nos recuerda Cristo en otra parte de la Escritura.
Así lo comprobamos en las lecturas y evangelio de este domingo: David y el ciego, como hemos comprobado, no eran tomados muy en cuenta en su ambiente; uno por ser el pequeño y otro por ser inservible, ciego y mendigo. Pero Dios sabe hacernos la radiografía, para ver nuestros sentimientos, motivaciones al actuar, intenciones al hablar; en fin, el Único al que no podemos mentir ni fascinar con nuestro “abolengo exterior”. El modeló nuestro corazón y comprende nuestras acciones. Lo cual no puede excusarnos delante de Él sin que rasguemos ese corazón que muchas veces se esconde detrás de una coraza para que los demás no nos hieran o no conozcan nuestra debilidad.
El caso es que ni Jesé ni los judíos del Evangelio supieron descubrir la acción del Señor en el corazón de David ni del ciego de nacimiento. Ni el primero pensaba que su hijo sería el futuro rey de Israel, ni los segundos podían imaginar que aquel ciego inservible, curaría alguna vez. Y así fue, porque el Señor quiso y lo hizo.
Piensas que Dios no sabe como  eres? No te entiende? No está dispuesto a hacerte un corazón blando y servicial? No es capaz de hacerte santo?. Entonces no le veremos hacer milagros, porque estaremos solo confiando en nuestra fachada, en lo externo, en lo caduco.
Recuerdo cuando era seminarista y formaba parte de la pastoral vocacional, que enseñábamos a los niños de muchas parroquias en nuestras catequesis, que somos como un huevo Kinder; y se quedaban con sus ojos redondeados comprobando cómo Dios nos quiere.
El papel que lo rodea se tira. Nadie se compra un Kinder para quedarse con el papel en el bolsillo. Eso es nuestro cuerpo mortal, importante pero “desechable” algún día. Lo importante estaba dentro!!! El chocolate del ser bautizados, el buen sabor de sentirse hijo de Dios, lo ricos que somos en obras buenas cuando nos ponemos en sus manos poderosas. Y, por último, el regalo. La vocación particular que cada uno tiene dentro de la Iglesia: unos, laicos comprometidos en sus parroquias hasta la coronilla, la vida consagrada solo a Dios y el sacerdocio que es totalmente inmerecido.
Piénsalo hermano, quieres ser chocolate y regalo? O solo papel de platina?
Que este domingo sintamos que Dios nos elige para ungirnos reyes y nos regala su perdón a través de la confesión, para devolvernos la vista que hemos perdido por culpa de nuestros pecados y para ser en medio de esta sociedad, fermento en nuestro ambiente.
Cuantas familias en estos días, han sabido aprovechar el tiempo enseñando a sus hijos a rezar el Rosario y lo han rezado todos juntos!! Que mejor manera de vivir la Cuaresma, sembrando en los pequeños de la casa la Fe? Eso nos ayuda a todos, para que podamos decir como el ciego de nacimiento: “creo Señor”(y te vemos obrando en los corazones de todos los que te amamos).
Animo!!!

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