La copa del viernes

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Hay un pingüino circulando por las redes que, carrera tras carrera entre sus congéneres, va soltando fílípicas del coronavirus, mientras no para de recordar que le va a dar un chungo de estar todo el día metido en casa.

Mi esposa suele recurrir a él cada vez que se agobia, que como toda hija de vecina está sujeta a los altibajos de esta cuarentena cada vez más extraña, a la que nos han confinado.

Pero como hemos de soportar el encierro y San Fermín queda muy lejos, nuestro San Rafael  hatenido a bien iluminar la imaginación de esta casa y, al margen de acabar convirtiéndome en un chef de categoría, que hoy me han salido unos garbanzos con trufa y bacalao para chuparse los dedos, estamos en la labor de rellenar nuestro espacio con los lugares a los que nos gustaría ir,saltándonos el semáforo de las prohibiciones.

Así, la cocina se ha convertido, por eso de que tiene una pequeña barra, en la taberna por excelencia, la de Juan Peña que, ya en el recuerdo, cocinaba lo más parecido a como lo hacía mi abuela.

El sofá y su entorno es el salón del parador de turismo que, según los días y el color del cielo (¡ bendita luz de Córdoba!) ora es el de Sigüenza ora el de Carmona, y ello porque me recuerda esa infancia en la que a la vuelta de las vacaciones mi padre nos invitaba a comer en algún parador con una doble intención, pues aparte de comer de escándalo, como despedida del asueto, conseguía descansar un rato en aquellos salones en los que a los niños nos daba por ser caballeros de la corte del rey Arturo, antes de proseguir en unos viajes que solían hacerse interminables, hoy tan añorados.

La azotea es un compendio de los cercanos jardines de la victoria y el patio de los naranjos. No hace mucho mi esposa plantó un limonero que, a falta de aquéllos, hace las veces si la imaginación y el ingenio se prestan.

Los cuartos de los niños ( a excepción del de mi querido Paco, que ha decidido seguir las instrucciones de la universidad y quedarse en Granada) son, como no podía ser de otro modo y pese a mi deseo de convertirlos en biblioteca, salones de juego, pues igual están repletos de gente virtual jugando al fortnite, que matando forajidos por el lejano oeste.

Y como no todos ustedes sabrán, pero aprovecho para introducirlos en el mundo de la música, toda vez que un rincón del salón está literalmentetomado por la batería, amplificadores, micrófonos y guitarras de Vittula, el grupo de rock en el que me honra tocar la guitarra junto a Mc´lder, Rafa Gómez –Villamandos, Jesús Sotomayor, Charlie Requena, José Castilla y mi hermano Chema, hemos decidido llamarlo el café Málaga, pues al margen de ser un clásico encantador, es el lugar donde Vittula estrenó el trabajo que dentro de pocos días verá la luz en las plataformas digitales, como debidamente les iré informando.

Ya que hoy es viernes, y mi hijo Rafa hizo el esfuerzo ayer de no irse a la calle, le he prometido ir al Málaga esta noche a tomar unas copas. Eso sí, no sin antes pasar por Juan Peña a tapear algo.

Feliz fin de semana.

 

 

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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