Bendito teletrabajo

33

Buenos días. Por poco no llego con mi compromiso semanal de escribir unas líneas para tratar de contaros alguna cosilla que veo o siento.

Y es que no doy para más, el teletrabajo consume todo mí día ¿quién me lo iba a decir?

Yo soy de las que protesto en todos los idiomas posibles de las plataformas digitales, del tiempo que dedicamos a prepararnos para cosas que, hasta ahora, no veía de utilidad, sino antes, al contrario, de pérdida de tiempo. Mis compis (y mi familia) son testigos de mis protestas, no hacia la formación en la tecnología, sino de mi mala relación personal con ella. Y es que usa un idioma que no entiendo, no es el mío, o al menos eso pensaba. En mi favor he de señalar que he nacido en otro tiempo ya lejano, en el que el trato personal, el intentar hacer a los alumnos responsables, las comunicaciones entre las familias y el colegio eran totalmente distintos. Ni mejores ni peores, distintos.

No hace muchos años, aunque más de los que me gustaría reconocer, comenzamos con una formación en plataformas digitales, programaciones on line, comunicaciones a padres a través del e-mail o por dichas plataformas.

Tardes de formación interminables delante de la pantalla del ordenador para “facilitar” la vida a las familias y a los alumnos, aunque desde luego la mía no. Pero en la que yo veía como mis compañeros las consideraban herramientas muy positivas, que ayudaban a todos y les hacía la vida más feliz (¿?)

Y como bien dice alguien de mi entorno encargado de recordármelo casi diariamente, todo en la vida tiene dos lecturas y para poder entender medianamente bien las cosas, hay que saber de las dos. Y es cierto. La segunda lectura me viene hoy a la mente, mi negación a tratar de entender lo positivo que tienen todas estas nuevas herramientas puestas al servicio del trabajo y de las que podemos, no solamente protestar, sino aprovechar para nuestro bien y el de los demás.

En estos días de confinamiento todas ellas me están dando la posibilidad de mantener una relación profesional con mis alumnos, familias, y por supuesto, con todos mis compañeros.

He de confesar que me está costando, y no poco, ¿eh? Empeño prometo que le pongo, casi todo el que poseo. Pero son horas las que necesito para descifrar qué hay detrás de los correos que nos van reenviando los más preparados en la materia.

Desde el viernes en el que se nos comunicaron las medidas que se iban a adoptar por la comunidad educativa en relación con el seguimiento del curso, cuento por cientos, qué digo, por miles, y prometo que no exagero, la cantidad de WhatsApp recibidos con instrucciones para teletrabajar en estos difíciles días, para hacerlo de manera más cómoda.

Y comenzó mi agobio, mi estrés, mi preocupación.

Instrucciones sencillas, fáciles, muy fáciles (pero no para mí). Los pasos a dar eran bien “sencillos·: se accede a una carpeta compartida, con un nombre determinado y comenzamos a navegar por los cursos que tengamos, dentro habrá un archivo que hay que ir nombrando y renombrando en el que pincharemos con el botón derecho, le cambiaremos el nombre, y le pondremos el siguiente código….

Y ahí me quedé. ¿carpetas, archivos, botones de un lado, de otro, códigos…? Y esto sólo había empezado.

A partir de esta primera instrucción, otra y otra nueva y otra más, cientos de ellas. Y recomendaciones y mensajes intentando aclarar (y a la vez yo liándome más)

¿Qué plataforma para mandar tareas, Zoom, FSM, Google Meet, Educa, Classroom, Qe, cómo las recogemos, se puede hacer videoconferencias, ¿hay que contestar a los padres por aquí o por allí…?

Y yo todavía sin entender muy bien la primera.

Ufff, este confinamiento se prevé largo, muy largo. Pero creo que para mí va a ser productivo. Comenzaré a aprender a utilizar la tecnología.! Por fin ¡Y hasta quizás deje de murmurar por lo bajini cada vez que tengamos una sesión de formación!

A pesar de mis protestas y reticencias, bienvenida tecnología.

¡Bendito teletrabajo!

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here