El Confinamiento del Sagrado Corazón

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Siguiendo el hilo de mi entrada al blog de la semana pasada en la que trataba de ver lo positivo de este estado en el que nos ha colocado el dichoso COVID-19, hoy me apetece compartir con aquellos que tengan a bien leerme, cómo estamos viviendo el confinamiento todos los estamentos que formamos el Centro de Magisterio “Sagrado Corazón”. Hablo de estamentos por resultar formal, pero hay una palabra que verdaderamente nos define: FAMILIA. Conozco el significado de esta palabra, sé que una familia es un “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”, pero me interesa más en esta ocasión otra acepción: “conjunto de personas que comparten alguna condición, opinión o tendencia”, porque no es necesario estar emparentado para tener ese sentimiento de cercanía.

Es de justicia señalar el compromiso y la responsabilidad del director de nuestro centro, junto con el equipo directivo, que ya el miércoles 11 convocaba a una reunión a todo el claustro de profesores y personal de administración y servicios para comenzar a tomar medidas de protección ante la realidad que ya se conocía de pandemia. Al día siguiente era una certeza la decisión tomada por las autoridades de suspensión de la actividad docente. A partir de ahí, se iniciaba el engranaje para poner en marcha una sobresaliente maquinaria que desde este lunes lleva funcionando de manera extraordinaria. Y es que la capacidad de adaptación del ser humano ante las adversidades, hace que de él se obtenga una respuesta ágil y certera. Cuando parecía que el mundo iba a detenerse tras la declaración del estado de alarma, el confinamiento del Sagrado Corazón iba a permitir intensificar su actividad más aún. Claro, esta vez, virtualmente.

Tras un domingo de mensajes, llamadas, coordinaciones…, amanecíamos a una semana con el chip cambiado; una semana en la que el compañerismo y la comunicación fluida han resultado fundamentales, dando un gran ejemplo de verdadera familia unida; todo ello para facilitar el máximo posible el transcurrir del curso y que nuestros alumnos no pierdan ni un solo día de su proceso de aprendizaje.

Si encomiable ha sido la actitud del claustro de profesores con el director y su equipo directivo a la cabeza, nada habría llegado a buen puerto sin el trabajo callado de todo el PAS, desde el personal de limpieza que desde bastantes días antes de este estado estuvieron haciendo una tarea más exhaustiva de la ya habitual, hasta los miembros de administración, secretaría o biblioteca que siguen cada día al pie del cañón, disponibles para las necesidades que van surgiendo; y, de igual modo, mantenimiento, conserjería…

Mención aparte quiero hacer a todo el alumnado que de manera veloz se ha adaptado a esta modalidad de clases no presenciales. ¡Chapó!, porque todos tienen un gran interés y asisten puntualmente a cada una de las asignaturas en su horario habitual. Nuestros alumnos tienen una gran implicación y están en constante comunicación entre ellos a través de sus grupos de whatsapp, ayudando a aquel compañero que se puede estar quedando atrás en algún punto (no siempre es fácil seguir un foro, participar en un chat, utilizar “zoom”…). En los jóvenes sigue estando la esperanza.

Me queda el sinsabor de los que no pueden estar, de los que sí se ven en la obligación de quedarse en casa sin actividad. En este sentido, echo de menos nuestra cafetería llena de alumnos en el recreo y echo en falta a Damián y su familia que con su labor permiten que también los profesores tengamos un ratillo de asueto en torno a un café. Todo volverá a su ser, esperemos que antes de lo que creemos.

Mientras tanto nuestro barco sigue navegando y no puedo nada más que expresar mi gratitud a todos mis compañeros. En equipo hemos conseguido alcanzar la más rápida y mejor formación en competencia digital que jamás hubiéramos pensado.

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