Ver lo positivo


Confusión. Desconcierto. Caos. El coronavirus ha venido a demostrar la vulnerabilidad de las personas, ha provocado el desasosiego y se ha situado en el centro de nuestras vidas. Todo está girando en torno a él y lo seguirá haciendo en las próximas semanas y quién sabe si meses. Dependerá, en parte, del grado de concienciación de la población; el gobierno de nuestra nación ya ha demostrado su incompetencia e irresponsabilidad permitiendo aglomeraciones en un momento propicio para la propagación  del virus, por lo que nuestra colaboración en estos momentos se hace vital.

    “Quédate en casa”, es la única forma de ayudar. Bajo este lema que ha partido de la sanidad madrileña, se encuadra una posible solución a que el virus no sea más invasivo de lo que ya lo está siendo. Seamos conscientes de que la solución no está en irse al pueblo aprovechando que los niños no tienen clase o que allí vas a estar protegido; de esa manera se puede estar consiguiendo la propagación más rápida llegando a colectivos más frágiles.

    En medio de esta situación caótica siempre aparecen actitudes loables, solidarias, de ayuda a los más indefensos; desde los niveles más altos, como la ayuda ofrecida por China para luchar contra la enfermedad en nuestro país, hasta iniciativas de colectivos o de personas anónimas. Se puede destacar por lo encomiable que resulta, la decisión tomada por estudiantes del Grado en Educación Infantil que en Madrid se han ofrecido para estar con niños cuyos padres siguen trabajando y no pueden cuidarlos ante el cierre de todos los centros educativos (una cuestión que se hace extensiva a toda España desde el próximo lunes). Y en un ámbito más cercano, vecinos que se ofrecen a echar una mano, a hacer la compra a personas mayores que no deben salir de sus casas. Actitudes que nos permiten ver el lado positivo de las cosas.

    Estos hechos, que han venido a coincidir con la cuaresma, un periodo de especial relevancia en nuestra tierra, tienen que ayudarnos a recordar de mejor manera los días de desierto del Señor. Es posible aprovechar este tiempo para la reflexión, para apelar a la responsabilidad, para asumir las decisiones que los dirigentes tomen en beneficio de sus semejantes… Y si esas decisiones llevan a suspender las salidas procesionales de nuestras cofradías, no pasa nada. La Semana Santa va a tener lugar en las mismas fechas, haya pasos en la calle o no, y quizá sea una oportunidad para contemplar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección desde el interior.

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