Domingo I de Cuaresma


En este primer domingo de Cuaresma, hermanos,  encontramos la realidad más dolorosa por la que ha pasado la humanidad: el pecado. Sí, sí, el pecado, ese mismo que nos hizo perder ante Dios nuestra grandeza primera y que ha hecho tanto mal desde que pecaron nuestros primeros padres Adan y Eva. La guerra, el hambre, el aborto, la infidelidad, robar al pobre para hacerse más rico… y un largo etcétera que hace a la persona INFELIZ. Tal cual; cuando nos parece que hacer lo que nos da la gana  al margen de Dios es libertad, nos encontramos con lo más oscuro y siniestro que se esconde en el corazón humano. Y es que Dios nos regaló la libertad  solo para hacer el bien, pero le cogimos el brazo y lo traicionamos.
Por el pecado de Adan y Eva quedó manchada toda la humanidad; que injusticia, verdad?. Es como unos padres de familia que se gastaran el sueldo de la familia en las maquinas tragaperras. Sus hijos no tienen la culpa de nada, los pobres; pero pagarán las consecuencias dolorosas de esa libertad mal usada de sus padres. De la misma manera, todos nosotros hemos pagado aquel pecado original en el Edén, con una inclinación al mal, que nos hace estar tentados de todo, en todo momento. Si, tal cual. No nos asustemos de la tentación. Cristo fue tentado en tres ocasiones y venció, enseñándonos que Satanás no puede obligarnos a pecar y que podemos y debemos vencer las invitaciones malintencionadas que nos sopla al oído. Siempre lo hace el Maligno con apariencia de bien: “no te preocupes, eso lo hace todo el mundo”, “no pasa nada, Dios te va a perdonar sin que lo confieses”, “eso es natural, somos débiles todos”, “tú hazlo, que se van a reír de ti si te acobardas”…si alguna de estas invitaciones que recibimos, choca con alguno de los 10 mandamientos, CUIDADO, no viene de Dios, por muy bonita que se presente.
La concupiscencia, causa de aquel pecado Original, nos inclina al mal, como una ventisca inclina un árbol recién plantado que está tierno aún. Por ello, igual que para enderezar el arbolito hay que ayudarlo con unas guías fuertes, para “enderezarnos“ nosotros, hemos de apoyarnos en la oración, los sacramentos y los mandamientos. No hay que ser raros, sino obedientes a Dios que quiere lo mejor para cada uno: nuestra Salvación Eterna!!!
Con la tentación no se dialoga. Solo con Dios, que no está lejos, sino muy cerca de cada uno en esta Cuaresma. “Y los ángeles vendrán y nos servirán”. Animo!!!!O

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