Miércoles de ceniza

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Me temo que ninguno ha caído en las circunstancias de la fecha, ni ellos ni su colección de asesores manducantes. Nada se aleja más de la liturgia social que elcarnaval político. Pero el 26 de febrero es miércoles de ceniza, para todo el mundo en España, para los que comienzan la cuaresma y para los que median, con o sin respeto, la mascarada identitaria, entre el último domingo ordinario y el que llaman de piñata. Es un día señalado, como sabemos los cristianos, para la humildad, la penitencia y la conversión. Para otros partirá una semana de procacidades medidas y subvencionadas. Algunos todavía ayunamos y nos abstenemos de carne, sobre todo de carnestolendas, que vienen con sabor a berraco y fiesta macarra. Somos los que preferimos en estos días los garbanzos, el bacalao y las espinacas, en las tabernas de siempre, que ven pasar las batucadas con condescendencia liberal y melancolía manifiesta. Otros, directamente vomitarán y se cagarán en las vírgenes, como Willy Toledo, mientras un tamtam primitivo los enloquece o los aburre. La murga siempre es una compañía de músicos malos, como previene la Academia, que pretende provocar cuando habitualmente solo molesta. Lo mejor que puede decirse de Pablo Iglesias es que ha hecho de la murga su estilo de discurso, aunque ni siquiera Teresa Rodríguez lo aguante.

No obstante, el miércoles de ceniza siempre será un buen día para reunirse, cuestionarse e inferir que no somos sino polvo, como polvo es cuanto tocamos. Cierto es que el polvo de presidente es un polvo grato a la historia y a los libros llenos de polvo que la cuentan, que pronto no serán más que polvo digitalizado, aptos para la memoria democrática, que tanto necesita aventarse. De aquellos polvos vienen estos lodos, irremediablemente. Pero, a veces, Dios toca el lodo y recrea al hombre. No es lo frecuente, si bien basamos en ello la esperanza de la cuaresma. No parece que vaya a ser el caso.

Sánchez y Torra se impondrán la ceniza mutuamente, sacerdotes al unísono, tanto monta, monta tanto, de presidente a presidente, engañándose a dúo, o no, sin convertirse, o si, bilateralmente, sin duda, haciendo polvo la soberanía o haciendo soberano el polvo, según la perspectiva del interlocutor. ¿Son la misma cosa? Polvo, al cabo, pensarán los dos. Aunque polvo soberano, dirá el uno, o soberano polvo, dirá el otro, con idéntico aplauso de sus paniaguados. Y así concluirá en tablas su tensión política no resuelta. Posteriormente, Carmen Calvo nos explicará lo concerniente al polvo con el concurso de Montero: “sí es sí”, aclarará. Y luego se hará un lío en lo concerniente a la soberanía. No en vano es experta en derecho constitucional.

Rufián vendrá entonces a añadir un toque delpragmatismo que le es propio: lo que, en definitiva, polvo habrá de ser, que lo disfruten antes los catalanes. Y su partido ganará las elecciones. Con el apoyo de los socialistas pizpiretos de Iceta y la colaboración especial de Iglesias, que, ya sea por comunista o por cinéfilo, apuñalará al Estado para convertirlo en sombras y cenizas.

Pedro Sánchez, empero, tendrá sus presupuestos para este año, que se prorrogarán hasta que se conviertan en polvo, como todo lo que toquen, y echemos de menos, incluso, los de Montoro. Rajoy sonreirá gallegamente con el pie sobre la pelota en el Chiringuito, mientras Casado y Arrimadas aún se preguntarán si son polvo enamorado

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