Cordobeses en el gobierno


Hasta hoy no vamos a tener gobierno nombrado, pero lo teníamos publicado. Naturalmente ya estaba decidido, pero tenía que ser filtrado para que fuese conocido de modo grato a los medios de comunicación afines. Tal es la secuencia política inevitable en estos días de impostura permanente. Nada sorprende, sin embargo. Ni siquiera la cuarta vicepresidenta, que hace más sombra a Calvo que a Iglesias. Téngase en cuenta que a Ribera no le gustan los toros. No obstante, lo verdaderamente significativo es que la egabrense ya no está sola, Sánchez le ha puesto a tres más al lado, que no son compañía, sino multitud molesta.Dicen que, para compensarla, le ha endosado la memoria histórica, arrebatada a Justicia, lo que, en cualquier caso, pone en evidencia definitiva el tipo de memoria que se pretende. Ahora, pues, ejercerá de comisaria política, como antes, pero acaso con la estrella roja en la gorra de plato, que podría ser el “emoji” de su nueva dependencia ministerial. Ábalos seguirá donde está, pero minusvalorado. Hace tiempo que no se habla de infraestructuras ni de obras públicas, ni siquiera de fomento. Le bastan los transportes, la movilidad y la agenda urbana. Se supone que los transportes y la movilidad se refieren al Falcon del presidente, que va a hacer horas extras. Una tecnócrata, sin pasado ni futuro, hará las veces de secretaria para todo de Sánchez en el ministerio de Exteriores, al que se quiere llenar de “diplomacia económica”. Recordemos que este concepto era el tema desarrollado por la tesis doctoral que escribieron sus negros. Parece que en el nuevo gobierno va a sustentarse intelectualmente en el plagio universitario, aunque eche mano de un profesor a la americana, lleno de contradicciones y de claroscuros financieros, “bon vivant” del 15M, que vive muy bien del cuento marxista, naturalmente en occidente, para ministro de Universidades. Castells estará a la altura, si bien se irá en cuanto pueda. Tiene de que vivir, pero a nadie le amarga un dulce ministerial. En cuanto a las agendas, ya suponemos lo que significan: un largo me lo fiais, una previsión de que pueda ser lo que es muy improbable que sea, un optimismo voluntarista que rara vez se acomoda a la realidad, una apuesta, en fin, infantil por el progreso, que en el peor de los casos acaba en la dictadura necesaria para su inicua consecución.

Pero perdonen la digresión, porque íbamos a los cordobeses en el gobierno. Calvo está tratada en demasía y no merece más comentarios. Planas, en cambio, está casi virgen. ¿Quién habla de Planas? ¿Quién es Planas?…

Planas, que estuvo unos años de embajador en Marruecos, pudo ser el hombre que sabía demasiado. Tal vez su larga ejecutoria política se deba a que algunos piensen que sabe demasiado. Es incluso posible que el crea que sabe demasiado. Y acaso por ello pueda parecernos normal que procure pasar desapercibido. De hecho, le va bien, muy bien, pasando desapercibido. La discreción es una virtud de los inteligentes, sobre todo cuando no lo son tanto. Y es que quizá Planas no sepa demasiado. Planas sabe lo justo para sobrevivir. Nadie que lo conoce puede decir de él que sea un radical de izquierdas, nadie lo vería en coalición con comunistas y pactando una mesa bilateral con separatistas, nadie en realidad lo extrañaría en un casino de agricultores de derechas de toda la vida. Planas forma parte del paisaje de Córdoba sin sobresalir. No interviene en la vida ciudadana, es un paseante en Cortes sin que sepamos a ciencia cierta en calidad de qué, ni siquiera escribe artículos de opinión advirtiéndonos de lo que nos conviene o no. De vez en cuando aparece por aquí y nos pide el voto, y lo ha hecho en todas las candidaturas posibles. Cualquier día inventarán una nueva para el señor Planas. Lo que está claro es que gana su sueldo por representarnos de un modo u otro. Sea diputado, consejero, ministro, embajador o mandamás europeo, siempre cobra del contribuyente. Debería estar más cercano al mismo. De manera que, si viniera el caso, pudiera presentarse a unas municipales, con Calvo, por delante o por detrás, que igual da, a ver si lo votaban los cordobeses con conocimiento, ya que tanto lo han votado sin conocerlo.

No obstante, reconozco que no me importan ninguno de estos dos ministros cordobeses. A mí me hubiera ilusionado que Sánchez eligiera a Rosa Aguilar, de lo que fuera, de ministra sin cartera. Daría la talla que a Pedro le falta. Sería un compendio del gobierno de progreso. Socialista que no llega, comunista que no se pasa. Capaz de mantenerse ante un crucifijo sin que le de vueltas la cabeza y ante un breviario de Marx sin perder la sonrisa.

Además, el presidente se podría de este modo desembarazar poco a poco de la señora Calvo, a la que no soporta en el fondo y dejaría que se desvaneciese en el tiempo como los soldados de MacArthur. Lo mismo así lograríamos que Sánchez se convirtiese a la socialdemocracia. Rosa sabe el camino.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

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