Calvo en Córdoba

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Viene con frecuencia a Córdoba a soltar sus disparates. Se siente cómoda aquí. No en vano es su tierra y siempre le ha sido leve. En su universidad le dieron el doctorado sin que estuviera capacitada para ello, con un cinco unánime y culpable, que tuviera un pase si hubiera sido de lástima. Pero fue por riles. Obligó a los miembros del tribunal a ponerse de perfil, a irse al servicio, a fumarse  un cigarro, o un paquete, o un porro, y a silbar, supongo, aquello de Always look on the bright side of life, que estrenaban los Monty Pithon por aquel tiempo, para progres sin compromiso. Supongo también que la cosa no podía ser de otro modo, dados los usos nepotistas del régimen perdurable que solo Moreno Bonilla ha dado en concluir, hasta el momento, relegando felizmente a Susana Díaz y a su sistema clientelar, igualmente por el momento, a una exposición de retratos de la Diputación Provincial. Aquella situación fue tan incómoda que el presidente de ese tribunal, en un intento extremo de salvar la dignidad de la cátedra, le espetó una frase memorable, pero ya inocua: “Señora, usted no es que no sepa derecho constitucional, usted lo que no sabe es derecho”. Lo cual no sirvió, según me aclaran, mas que para que la doctoranda les mantuviera la invitación a la cena preceptiva, la pagara y ella no asistiera, despreciando a sus nuevos colegas, que acaso sea lo que  merecen los que descienden a favores miserables.

Lo cierto es que, al día de hoy, nadie parece haber leído esta curiosa tesis, fuera de la autora y de sus conspicuos y benignos valedores. Ni los medios de comunicación han insistido en que se haga pública, ni mucho menos los partidos políticos, por si acaso tienen en su haber algún máster de bolsillo impresentable. La tesis de Carmen Calvo es el secreto mejor guardado de las cloacas de la democracia y de la universidad. La democracia está hecha unos zorros y también la universidad. Y nadie va a restituir a ésta bajo su impostada autonomía, pero podía al menos facilitar ese documento a efecto expiatorio. Por eso tal vez, porque la universidad no es respetable, haya venido la vicepresidenta, a la mastaba indecente del rectorado de la UCO -edificio emblemático de Córdoba que debiera ser cualquier cosa menos lo que es-, a dar unos premios feminoides a quien corresponda, en función de su sumisión probada al PSOE o sucedáneos.  O sea, que ha venido a darle un premio a Bibiana Aído, entre otras comparsas, que ni siquiera ha tenido interés en recogerlo, porque después de haber estado en España haciendo el ridículo, está ahora en Ecuador con la ONU haciendo el indio. En realidad, es como si se lo diera a sí misma cuando era joven. Al contrario de los políticos sensatos, las dos valen más por lo que dicen que por lo que callan. Han dicho sandeces hasta la extenuación y se les han perdonado, incluso se les han enaltecido. Se las ha hecho ministras por esas sandeces y ellas lo saben. Por eso son contumaces en el error. Por eso Carmen Calvo habla como habla y amenaza con ese descaro totalitario, estrictamente funcionarial, de quienes no son nada por sí mismos.

Dos amenazas ha hecho en Córdoba. Una, delante de los abogados, a los jueces que se atreven a sentenciar sobre los ERE. Lo que ha dicho el tribunal superior de justicia de Andalucía al respecto no vale nada, porque la última palabra la tiene el Tribunal Supremo. Que es nuestro, le faltó añadir. Y ahí están las sentencias de la exhumación de Franco y del golpe de Estado de Cataluña para demostrarlo, serían las palabras que hubieran redondeado la explicación del desafuero. Todo el mundo lo entendió, pero nadie dijo ni pío. Ni el alcalde, que bastante tiene con sonreír y arroparse entre sus innumerables asesores.

La otra ha sido referida a los que se atrevan a llevar la contraria al pensamiento dominante feminista. El feminismo ya no es una ideología más o menos extrema, es una religión inquisitorial, integrista, fanática. O unanimidad o fuera. Se lo ha dicho a Vox, con la ayuda inestimable de un macho secuaz del gobierno, este gobierno que necesita a Bildu para su permanencia. O con nosotros o sois terroristas… De este desvarío a un proceso de ilegalización del único partido que defiende la España que sentimos hay solo un paso.

No se si somos conscientes de la situación, pero no está de más que venga la señora Calvo a poner los puntos sobre las íes.

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Nacido en Linares, en la misma habitación donde murió Manolete. Cordobesía obliga. Licenciado en Historia, empleado público, rentista vocacional, cofrade nada ejemplar y experto en peroles. Aficionado a opinar. He sido colaborador de ABC de Córdoba, de la Cope y de los extintos periódicos locales Nuevo Diario y La Información. Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia. Estoy casado, tengo tres hijos, dos perros y un gato. He escrito un libro y he plantado varios árboles. Vivo en una parcela clandestina. Hay otra forma de vivir, pero no es tan divertida ni tan cordobesa.

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