Montería y Estética


La Montería Española hunde sus raíces, antropológicamente hablando, en tiempos inmemoriales, donde Cazar se constituía en actividad indispensable para la supervivencia de los pueblos. Entonces lo importante radicaba en el resultado, conseguir lo máximo con el mínimo riesgo posible. Como es de entender, lo rudimentario de las armas y la dificultad de su práctica, hacían de la Caza una actividad humana con grandes dosis de peligro y resultados nada previsibles. Y en muchas ocasiones, de su resultado dependía la supervivencia del poblado entero. Las propias pieles de los animales cazados servían para confeccionar rudimentarias vestimentas.

Foto: Francisco Beltran

Conforme fueron avanzando los siglos, esta modalidad cambio su sentido, sus normas y los medios de su práctica. Su rango de supervivencia fue variando, minimizándose en detrimento de otros matices complementarios, tales como el ocio. Aparece entonces, en la Edad Media, una actividad social, diferenciadora de las distintas clases y con un fin no tan ligado a la búsqueda del alimento y sí alentretenimiento. Su indumentaria, cercana a la militar al uso en la época, nos señala claramente el origen de suspracticantes.

En esta época, la Montería empieza a regirse por normas concretas (aparecen los primeros tratados escritos, como el Libro de la Montería de Rey D. Alfonso XI). Es a partir del Renacimiento cuando, con la aparición de las armas de fuego en los siglos XVII y XVIII, la Montería medieval deriva en su modalidad “a la española”, origen de la practicada hoy en día en el centro y sur de España.

Durante los siglos XIX y XX aparece con acento marcado el carácter como acto social de la Montería. Jornadas que reunían en grandes partidas de Caza a Monteros, Podenqueros, Rehaleros y multitud de personal auxiliar que, a principio a caballo y más tardes en rudimentarios vehículos a motor, se desplazaban por nuestras sierras en pos de diferentes especies, como el oso, lobo, jabalí, corzo y venado. Es en esta época cuando se define una estética particular que irá, poco a poco, definiendo la imagen de los participantes de aquellas bravas jornadas de monte. Aquí el cuero es protagonista en prendas como el coleto, la montera, las polainas y los zahones que, por fortuna, han pervivido algunas hasta nuestros días y son utilizadas por muchos Monteros actualmente.

Foto:Francisco Beltran

En el resto de la indumentaria, y lógicamente, dependiendo de la labor desempeñada en la jornada de Caza, había más diversidad, abundando las buenas prendas de paño, y de pana posteriormente. Todas ello de colores apagados, con el fin de mimetizarse con el terreno y conseguir cierta ventaja sobre la pieza a cazar.

Esta estética aparece prácticamente inalterable hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando la Montería adquiere un nuevo matiz desconocido hasta entonces, la comercialización. Aparecen entonces prendas confeccionadas con mejores materiales y armas más perfeccionadas. Empiezan a venir a cazar en España personas provenientes de otros países de Europa.

Donde antes había sólo escopetas, empiezan a aparecer las primeras armas rayadas, de mayor alcance. Donde sólo había cuero, pana y paño, empiezan a verse, primero prendas austríacas (tipo Loden, resistente al frío, humedad y viento), después las prendas enceradas tipo Barbour, multitudinariamente adoptadas por el cazador patrio y superviviente, aún, en nuestros días.

Más recientemente aparecen los tejidos y calzado aislantes, con diversos tratamientos para preservar nuestro cuerpo del agua, frío, viento y de humedad. El declive del cuero ya es notoriamente palpable. Sólo lo utilizan algunos nostálgicos que todavía nos ataviamos conzahones y polainas. La estética montera ha ido modificándose por mor de los tiempos, y de la aparición de nuevos materiales.

En los últimos años, y como consecuencia de la socialización de la Montería (muchos de cuyos practicantes no han mamado las normas y costumbres que, desde su inicio, han modelado a esta maravillosa modalidad, trasmitiéndose de padres a hijos, de veteranos a noveles) han ido apareciendo modas que nada tienen que ver con la época dorada de la misma. Modas que asemejan más una jornada montera con un perol en el campo. Atuendos con apariencia militar, que hacen cada día más complicado distinguir en la Junta a un Montero de un comando de los Navy Seals estadounidenses o los Spetsnazrusos. Zapatillas de deporte, chandals, monos de trabajo, vaqueros (hasta, en ocasiones, botas de fútbol hemos visto) son, por desgracia, prendas cada día más frecuentes.

Aparecen por doquier (en parte por causas de escasez de caza menor, en parte por razones económicas) individuos con escasa o nula preparación de lo que significa el mundo de la Montería. Que van vestidos igual a una tirada de zorzales, a un (y repito) perol en la parcela, o a una jornada de furtiveo con la que abastecer la orza.

A los que llevamos años en esto, en muchísimas ocasiones, nos rechinan los dientes y nos lloran los ojos cuando vemos, de forma más abundante cada día, a determinados cazadores (seremos benévolos) ataviados cual dobles de Rambo y provistos de modernos rifles y visores de última generación, sin ninguna norma montera que respetar, por la sencilla razón de su desconocimiento.

Ninguno de nosotros admitiríamos que un una corrida de toros apareciera la cuadrilla con prendas ajenas a esta maravillosa Fiesta Nacional.

Prestemos atención y ahora, que la Montería Española puede ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC), tratemos de conservar su estética y sus costumbres, como acervo digno de preservar y transmitir a nuestros hijos (en nuestro caso, hijas).

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