El día más cordobés


  No hay día más cordobés que hoy. En el calendario de nuestra ciudad hay más fiestas destacadas como el día de los patronos, San Acisclo y Santa Victoria, que pasa desapercibido para muchos; o el de la también patrona, la Virgen de la Fuensanta, que a pesar de traer aparejada una verbena en su barrio, procesión en los días previos incluso, y ser día de fiesta para estudiantes y trabajadores, no tiene la repercusión que el día de San Rafael. Y eso que en este último caso, el santuario está repleto de personas que acuden a ver a María.

    Pero es que el día de San Rafael es un día especial, de esos que se marcan de un año a otro para vivirlo en buena compañía. El arcángel custodia a la ciudad y los cordobeses se sienten protegidos por él. Casi cuatro siglos de veneración en la iglesia del Juramento que sigue acogiendo en un día como hoy a una cadena ininterrumpida de personas que no quieren dejar de felicitar al Custodio y mostrar su agradecimiento por la protección dispensada cada día del año. San Rafael vela por Córdoba en cada rincón, en las plazas y calles, y, sobre todo, desde los múltiples triunfos que en señal de agradecimiento el pueblo fue levantando a lo largo de los siglos.

    Hoy es día de recuerdos, de pensar en las mujeres de los aledaños de la iglesia que en los días previos de hace unas décadas limpiaban gustosas la plata para dar más luz a la cara dulce del arcángel; de meditar leyendo los momentos en que el arcángel desplegó sus alas para salvar a nuestra ciudad (en mi memoria el atentado de ETA de 1996 que acabó con la vida de una persona pero en el que el Custodio evitó una masacre); de salir al campo para compartir la jornada en torno a un perol, costumbre que se perpetúa aunque estuvo más arraigada hace unos años que en la actualidad; de degustar un pastel cordobés en una buena reunión de amigos y familiares; de celebrar en todas las casas, porque raro es que no tengamos a un Rafael o Rafaela cercanos; y, por supuesto, de hacer la visita al Arcángel en el Juramento recordando siempre sus palabras “yo te juro, por Jesucristo Crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene por guarda de esta ciudad”.

    Transmitamos esta tradición generación tras generación, porque los cordobeses tenemos un ángel que nos cuida y protege desde la Axerquía cordobesa.

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