El sueño de la razón produce monstruos


En octubre de 1.922, Benito Mussolini marcha sobre Roma con sus huestes de camisas negras, transformando Italia en una dictadura fascista. En octubre de 2.019, casi cien años más tarde, la historia se repite ahora sobre la otrora liberal y efervescente ciudad de Barcelona.

Cambien ustedes a Don Benito por Quim Torra y cambien ustedes las camisas por sudaderas (también negras) de marca, de las de a cien euros la unidad. Todo lo demás es casi calcado. A excepción de una cosa: el uso de la violencia. Aunque los 25.000 fascistas que arribaron a las puertas de Roma llegados desde todos los rincones del país iban en su mayoría armados, no llegaron a mayores. Il Duce se instaló cómodamente en el poder absoluto sin necesidad de desenfundar la pistola. Los cachorros de la Escolà, sin embargo, han ido un paso más allá que los fascios romanos y han convertido la capital de Tabarnia y gran parte de Tractoria, en la selva vietnamita de Apocalipse Now.
Resulta grotesco y desalentador contemplar por televisión a miles de chavales de instituto, con sus aifons y sus tejanos de firma, lanzando adoquines a la cabeza de los mal pagados funcionarios de policía, padres de familia muchos de ellos.
Fanatizados en el odio cerval que se les ha inoculado lenta y macabramente día a día y año tras año en el colegio y a través de los medios de comunicación subvencionados o directamente públicos. Son los Chicos del Maíz en versión Upper Diagonal. El Doctor Mengele no hubiera soñado jamás con un trabajo tan fino, viéndolos programados como androides para rebelarse contra el Estado que los ampara y que protege sus derechos y libertades. Desde arriba, un grupo de sabandijas ultraortodoxas nacionalistas corruptas hasta el tuétano menean los hilos a su antojo. Un tironcito de la cuerda y, ¡zas!, pedrada en la cabeza. Otro tironcito y: contenedor ardiendo…
Ayer pude ver como un grupito de ellos, en una de las manifestaciones, tocaban con trompetas la Marcha Imperial de Star Wars, creyéndose héroes jedis de la Resistencia al malvado Imperio Castellano (Sí, hasta aquí llega la irrealidad y el infantilismo de la Revolució dels Somriures. No son conscientes de que son ellos los clónicos soldados de asalto que, con sus capuchas negras en lugar de cascos blancos, acatan fieles los deseos del Emperador (sea este Más, Junqueras o Pelomocho, que ahí me pierdo).
Y encima hay que aguantar a los tertulianos de turno (eso sí que tiene mérito por nuestra parte) hablando del independentismo malo (este) y del bueno, el de las pacíficas marchas flower-power de miles de jokers con samarreta de la ANC/Ómnium Cultural. ¡Pero si son lo mismo! Una es la avanzadilla y la otra la retaguardia. Unos son los peones y los otros los alfiles. Todo forma parte de un mismo plan y de una mismo movimiento totalitario que solo busca consagrar la superioridad de la raza catalana sobre el resto de españoles/”bestias-con-forma humana”.
Cuando se renuncia a la razón, a la lógica, a la verdad, a la mesura y a la luz, cuando entregas a una generación de niños (¡de niños!), como al bebé de Rose Mary en La Semilla del Diablo, a la oscuridad, en este caso a la degradación nacionalista, se despiertan tus peores temores. El sueño de la razón produce monstruos.

Solo el maestro Goya en sus peores pesadillas hubiera podido imaginar esta hecatombe social. Mussolini acabó colgado de los pies en una plaza junto a su amante e Italia se reconvirtió en democracia. No sé cómo acabará Torra ni que será del Reino de España, ni sé tampoco si hay ya solución, lo que sé es que se nos agota el tiempo.
Quieran a la gente de su alrededor y les irá mejor. Besos.

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