Noches de la Rivera


Me encanta hacer reportajes los sábados noche, sobre todo si es en la Ribera, donde están los pubs más bulliciosos y sofisticados de la fiesta cordobesa.

Primero comemos en una terracita que mira al Guadalquivir, frente al puente romano, escena insuperable. Viene fresquito nocturno del río, la oscuridad estrellada alegra serena. A mi lado, Javier Lazo graba y toma unas fotos para la revista Corazón Rosa.

Servicio excelente, comida exquisita de restaurante fusión: Melón con jamón, verduras a la parrilla; ensalada de espárragos, con huevo duro, aceitunas, tiras de ventresca y tomates cherry; pinchos de sushi. Al ver que somos periodistas, nos regalan la vinoteca: Amontillado, Solera, Oloroso, Vermú y Vintage. Degustamos un poquito de cada, sublime decisión.

Los cócteles, en un pub con terraza. Lazo prueba un Cocktail Clásico, de whisky y vermut rojo; yo un Reserve, con gin, zumo de limón, zumo de naranja y sirope dorado.

Fingimos que somos pareja, pero ni por ésas. En cuanto Lazo va al servicio, los tíos se me acercan. Un carca quiere invitarme a otro cóctel, ¡y ya estoy achispada!

He de ir al servicio, atravesando la marabunta interminable, entre la oscuridad musical de machacones éxitos reguetón, techno y trap. Cuatro tíos me paran por el camino, me dicen que están enamorados de mí. Lo que están es borrachos, por supuesto.

Decido cobrar un euro a cada pretendiente. ¡Así me haré rica! Cuando vuelvo junto a Lazo me mira con envidia por mi éxito social. Al final, el beso se lo lleva él.

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