El regreso de los trogloditas. “Okupas” del futuro.


¿Regreso al futuro? A veces, como en una serie de ciencia ficción, es obligado retroceder a tiempos pasados para encontrar las soluciones del futuro. La expulsión del Paraíso permitió al hombre descubrir el mundo y asentarse en medio de la madre naturaleza. Hoy con un smartphoneen la mano y un navegador te crees el mejor y con más derechos que nadie, olvidando que 100.000 millones de personas han vivido en la Tierra antes que tú.

Sin embargo, en pocas centurias el hombre de las cavernas, era ya un ser “valeroso”. No necesitaba ponerlepuerta a su morada, dormía al raso y sólo se resguardaba en las cuevas naturales o en las oquedades de los árbolescuando acechaba un grave peligro o arreciaba el frío. Y, cobijado a la luz las antorchas, en sus tiempos de refugio se convierte en fabricante de objetos, en escultor, en el artista rupestre del Paleolítico.

En el siglo XIX, en Santilla del Mar, Sanz de Sautuola descubre las cuevas de Altamira y sus pinturas prehistóricas, debiendo tapiar su entrada ante el vandalismo de los “okupas” de su época.

Su tataranieta, la banquera más poderosa de Europa, creatras la crisis del ladrillo, una gestora que negocia con las viviendas expropiadas y que llama Altamira, el mismo nombre de la cueva de los trogloditas cántabros.

En el boom inmobiliario se financia un sinfín de urbanizaciones construidas con todo “lujo” de tecnologías. Con un diseño a veces insensato”, con materiales ultraligeros y mucho cristal, poco acorde con el clima y el lugar; dotadas con todo tipo de instalaciones (calefacción, aire acondicionado, ventilación mecánica, etc…) que requieren alto consumo energético y producen contaminación. Viviendas para el arquetipo del nuevo hombre tecnológico y consumista; viviendas en las que nada se recicla (ni agua, ni residuos ni energía) y que ahora vemos, tras despertar nuestra conciencia ecológica, como viviendas poco sostenibles.

Históricamente, los judíos han sido los prestamistas por excelencia, los que han permitido anticipar los deseos, entre otros de conseguir un hogar. Con los judíos se hanendeudado príncipes y menesterosos, en otro tiempo; y ahora, la clase poderosa y también la clase media-baja.

En un salto en el tiempo, el pueblo judío vagó sin moradadurante muchos años en su huida de Egipto hasta Jericó.Después, en el siglo I, se dispersaron por el mundo sin tener derecho a tierras ni a armas, expulsados por el emperador romano Tito.  Tras la segunda guerra mundial, regresaron a oriente próximo, donde montan y desmontan las casas al son de conquistas y repliegues en tierras palestinas.

Cruzando las “piedras” megalíticas, como hace la enfermera Claire Beauchamp en Outlander, pero hacia la Granada de Isabel y Fernando, donde judíos y moriscosfueron “desokupados”, vislumbramos otras famosas cuevas, las del Sacromonte, en lo que fue en el XIX el barrio de los gitanos. Un hábitat sostenible energéticamente sin ingeniería, con una temperatura apacible convertido además en un atractivo espacio de arte.

De vuelta al monte Sinaí, los colonos de Israel “okupan”sus casas protegidos por soldados. No hay tendidos eléctricos en el desierto y el ingenio de los israelitas se despierta en los años 70 con las placas solares. Cuando hace sol, almacenan energía para calentar el agua. Cuando los días sombríos se prolongan, se duchan con agua fría.

Mas de 3.000 años después de las Tablas de Moisés, la tecnología israelí vuelve a ser revolucionaria y troglodita a la vez. Sin contar con energía nuclear, ni petróleo, ni gas, se interesa por la generación de electricidad a partir de colonias vivas de bacterias.

Los investigadores de Israel desarrollan un sistema de producción de energía limpia que explota la fotosíntesis de las bacterias de día y que puede generar energía en la oscuridad, aprovechando el hidrógeno del proceso biológico. Un sistema que no dejará de funcionar cuando no brille el sol.

Las bacterias son las primeras formas de vida que “okuparon la Tierra hace más de 3.500 millones de años y algunas de ellas, las cianobacterias, pueden ser la solución a las necesidades de la energía del futuro.

¿Se podrá así limitar el uso de tecnologías basadas en quemar combustibles fósiles y, de alguna manera, volver a la médula del diseño de las cavernas, a la madre tierra?Imitar la calidad material de sus cavidades y generar un consumo de energía muy bajo o casi nulo. Aprovechar al máximo la radiación solar o eliminar los puentes térmicos. Potenciar la ventilación natural y el reciclaje, etc…

Si esto se consigue, quizás habremos encontrado nuestro edificio “bioclimático” perfecto, seguramente más heredero de la casacueva y de la casapatio mediterránea que de la casa pasiva noruegaahora de moda aunque no apta para nuestras latitudes.

El verdadero intelligent building debe ser la modernacaverna de los nuevos trogloditas del siglo XXI, los habitantes de una sociedad que deben ocupar una vivienda con todos los derechos y ventajas, perocomportarse responsablemente con el medio ambiente.

En el reto de producir esta vivienda digna en un entorno saludable deben abrirse grandes oportunidades. Un desafío para el desarrollo económico y regeneración de las ciudades, en la coyuntura de un crecimiento de lapoblación mundial cercano a los 8.000 millones de personas en el año 2050.