Unidos


Bajo esta palabra esta semana podemos hacer referencia a numerosas circunstancias que justificarían el título del artículo.
“Unidos para que el mundo crea”, lema del encuentro de laicos que la Diócesis de Córdoba celebró el sábado día 7 de octubre. Fecha para recordar durante mucho tiempo por lo extraordinario y exitoso del acontecimiento.
En esta época en que el relativismo, el hedonismo, el escepticismo y tantos ismos como pudiéramos añadir, se hacen más presentes que nunca, los cristianos de la diócesis de Córdoba decidimos el sábado, bajo un calor más que considerable, dar testimonio de que aún somos alguien en la sociedad y no somos pocos. A pesar de la temperatura nada favorable, más de 8500 personas nos reunimos para celebrar un día formativo aunque también gratamente festivo, una jornada de reflexión y convivencia que sirvió como manifestación de la fe que creemos y profesamos y que comunicó a la sociedad desde el respeto más absoluto, que un mundo sin Dios es un mundo huérfano, que marcha en contra del propio hombre.
Se puso de manifiesto cuan importante es la misión de los laicos en la familia, en la educación y en general en la vida de la Iglesia. La Eucaristía, celebrada en la plaza de toros fue manifestación del respeto y fervor con que los fieles pudimos acoger la auténtica realidad del hombre, que no es otra sino Dios mismo. Terminó la celebración con otra lúdica, no menos respetuosa, ya que los grupos y cantantes que actuaron nos invitaron a hacerlo como si de una oración se tratara en cada canción.
Sin tener nada que ver con lo anteriormente relatado, “Unidos” también nos sirve de base para poder expresar la situación en que se encontraba toda España desde el domingo por la mañana. No estoy ni preparada ni capacitada para hablar de política, pero creo que la situación de Cataluña nos ha influido y nos está influyendo a todos. Había muchísimas dudas sobre la concentración de españoles en esta zona, las noticias de días anteriores sobre la cantidad de nacionalistas que estaban en las calles, hacía preveer que la manifestación de los catalanes-españoles no iba a ser muy numerosa. Pero por suerte no fue así. Fueron muchos los que desde primeras horas de la mañana, incluso bastante antes de la convocatoria oficial, estuvieron reuniéndose en la zona donde se iba a celebrar la manifestación. Señala la prensa que más de un millón de personas dieron testimonio de que se puede ser perfectamente catalán y ser español.
Y ahora, escribiendo este artículo, me doy cuenta de la similitud de las dos situaciones descritas. Cristianos y catalanes-españoles solemos ser una nada despreciable mayoría silenciosa. Por respeto, por pudor o por otras múltiples razones no solemos manifestar nuestras opiniones en público, pero cuando nos vemos agobiados por los demás, cuando vemos peligrar nuestras creencias, nos crecemos y decimos que aquí estamos. El mismo lema del encuentro de laicos nos puede servir para las dos situaciones. Unidos, unidos para que el mundo crea, que los cristianos somos gente que espera ser sal, luz, agua, vida en nombre de Jesús, para el que lo necesite.
Y que los catalanes quieren seguir unidos, para que el mundo crea que se puede pertenecer a una autonomía y sentirse parte integrante del país al que pertenecen y han pertenecido desde tiempos históricos.
Dos realidades distintas y a la vez tan iguales.
Y es que unidos, unos con otros, codo con codo no habrá límite a lo que nos propongamos, todo será mucho más fácil de conseguir.

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