¿Qué tal la nueva Carrera Oficial?


Hoy, domingo de Resurrección , ya tengo una idea más o menos clara de cómo ha ido nuestra “nueva Semana Santa”. Harta de leer todos los días cientos de críticas destructivas acerca de la novedosa carrera oficial y de lo mal organizado que ha estado todo, creo estar en posesión de cierto conocimiento desde distintos puntos de vista.
El viernes de Dolores acompañé al Cristo de la Providencia en su Vía Crucis y he de decir que al recordarlo, aún se me pone el vello de punta. No pudo estar mejor organizado, dirigido y sentido durante todo el recorrido. El paso por la Catedral…., uff, no puedo volver atrás sin sentir un gran escalofrío.
Los demás días, como público asistente a las distintas procesiones de la ciudad, he tenido oportunidad de comprobar que si bien es cierto que hacen falta ciertas puntualizaciones en determinados lugares, pulir algunas decisiones y tener consideraciones que han faltado, mi nota sería la de notable alto/sobresaliente.
También he podido comprobarla como nazareno de vela de mi Hermandad. Ni punto de comparación la belleza y cúmulo de sensaciones de la actual carrera oficial con la anterior. Y no es que quiera criticar la que había. Era la que era y nos valió mientras duró. Pero ya está bien del mal entendido senequismo cordobés. Nadie puede dudar, porque hay miles de testimonios en las redes sociales, a través de fotografías y vídeos, que el entorno es inmejorable, desde el comienzo por el Arco del Triunfo, hasta el culmen en el interior de la Santa Iglesia Catedral.
¿Qué pasa en esta ciudad que ante lo nuevo aparecen todos los detractores habidos y por haber?¿Por qué ni siquiera damos la posibilidad al cambio? Nos aferramos a lo que había, que ya era criticado, sin conceder la más mínima posibilidad a otra cosa. Venga de quien venga, lo vemos mal, nos cerramos y nos somos capaces de ver que puede ser mejor.
Es cierto que ha habido determinados puntos en la carrera oficial donde la acumulación de gente ha sido excesiva, aunque gracias a Dios no ha ocurrido nada. Pero ello no es excusa para decir que estaba mal planteada o fatalmente organizada. Queremos ver “todos” las procesiones en los mismos sitios, sin tener en cuenta si tenemos niños pequeños en cochecito, mayores en sillas de ruedas o, como he visto en no pocas ocasiones, sacar la silla de la playa y sentarme “aquí”, que es donde quiero estar, tapone o no una salida importante de público.
Y hablo concretamente de la intercesión de la Calle Cardenal Gonzáles con Lineros y la calle de la Feria a la altura de la Cruz del Rastro. Mientras gran parte de la calle de la Feria estaba prácticamente vacía, en este punto era tal el cúmulo de personas que daba miedo. Cientos de ellos chillando y protestando que no había derecho, que todos querían verlo allí, con cochecitos incluidos.
Igualmente, en el Patio de los Naranjos se han podido ver de manera totalmente gratuita, todas las Hermandades, en un marco inigualable, en un ambiente imposible de mejorar. Pero no, no era aquí donde podían quejarse de la falta de sitio, de lo mal que estaba esta nueva organización de la carrera oficial.
He de decir que he visto a muchísimos extranjeros disfrutar, casi más que nosotros, de la belleza de lo que discurría ante sus ojos. Cómo buscaban explicación de lo que veían y nos felicitaban por ser capaces de recrear algo tan bonito en un lugar tan maravilloso. Alguno que otro venía de otras ciudades andaluzas, resaltando que como en Córdoba, no habían podido disfrutar en ninguna.
Pero no pasa nada. Aquí estamos los cordobeses. No necesitamos nada ni a nadie para quejarnos y protestar continuamente de todo lo nuestro. Así nos luce el pelo. Dios quiera que una buena reflexión sobre lo que ha supuesto esta Semana Santa para la ciudad nos haga poner los pies en el suelo y comencemos de una vez por todas a defender todo lo que de maravilloso tiene nuestra ciudad.
Por supuesto las opiniones de ciertos “políticos” contrarios a nuestras tradiciones, sería tema para otro u otros artículos. Lamentable, muy lamentable.

2 Comentarios

  1. Ciudad mediocre donde las haya. Temerosa ante cualquier gran acontecimiento. Incapaz de dar un paso hacia delante que la sitúe donde realmente se merecería.
    Acobardada ante la posibilidad de crecer, pero sin embargo siempre dispuesta a criticar envidiosamente y sin sentido a otras ciudades hermanas que sí dan el paso hacia delante.
    Pusilánime, apocada, tibia… La Feria de los discretos de Pío Baroja hace fiel reflejo de lo que es esta oscura ciudad.

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