Nadando, siempre hacia delante


Buscando un tema que pudiera ser interesante para esta semana y que no cayera en más de lo mismo, como recomendar otra película u otro libro (cosas ambas que ya tengo preparadas para más adelante), me di cuenta de que las noticias de esta semana rodean el mismo tema: la persecución que estamos sufriendo en España los católicos. Y a pesar de que llevo muchas ocasiones negándome a escribir aquí de religión, pues considero que ya hay personas muchos más preparadas que yo en este medio y que escriben de maravilla sobre éste tema, no lo puedo evitar, alguna referencia tengo que hacer a la realidad que nos rodea.
Comenzamos con el cierre de unidades concertadas en Andalucía, en incumplimiento de la palabra de la presidenta de nuestra Junta, que garantizó en Córdoba que no se cerraría ni una. Claro, tampoco es muy extraño que nuestros políticos incumplan lo que prometen. Aquí en esta tierra, estamos más que habituados a ello. Pero es sorprendente cómo nos acomodamos a las decisiones tomadas y no nos echamos a la calle a protestar por algo tan importante como la elección de los colegios donde formarán a nuestros hijos.
Me llamó enormemente la atención la polémica que se generó entorno al autobús que Hazte Oír pasea por las calles de Madrid, señalando que los niños tienen pene y las niñas vulva, y tildado por los propios medios de comunicación como tránsfobo, en respuesta de los numerosos carteles con que el País Vasco amaneció una mañana no muy lejana, en la que se señalaban que hay niñas con pene y niños con vulva y de los que nadie opinó.
Independientemente de la posición que cada uno quiera defender, está científica y médicamente comprobado que lo que se dice en el autobús es cierto. Y sin entrar si una postura es más verdadera que la otra, lo que no podemos es olvidar que la defensa de la libertad de expresión ha de ser realidad para las dos. Discrepar acerca de una u otra no es odiar una o la otra, sino tener pareceres y opiniones distintas, sin que ninguna conculque ningún derecho del niño como se pretende hacer ver.
A tener en cuenta las opiniones dadas por personas que se han operado y han tenido una reasignación de sexo, y cómo se han postulado en la defensa de la verdad de lo que cuenta el autobús.
Yo en todo esto, soy más partidaria de lo que los alumnos de un colegio de Huelva han escrito como consecuencia de ello: “lo que importa es que los niños y niñas tienen corazón, somos diferentes pero con iguales derechos”. Creo que es mucho más un problema de los adultos que nos autoelegimos en defensores de sus derechos y que solemos meter la pata con bastante asiduidad y crear problemas justo donde ellos no los ven. Se ven todos iguales, niños.
Por no obviar el tema de retrasmisión de la Santa Misa que el político Pablo Iglesias propuso eliminar de la TVE 2. Hace una semana se publicó en el Boletín Oficial de las Cortes una proposición no de ley del Grupo Parlamentario que lidera éste señor de Podemos para que se suprima la emisión de misas de la programación de TVE.
Lo dicho al principio, se pretende erradicar cualquier manifestación católica del ámbito público, sin que importen las personas a las que se perjudica, las más vulnerables, ya que esta misa está pensada para ancianos, enfermos e inválidos, que encuentran en la retransmisión la única vía para poder participar de esta celebración tan importante para los católicos, que no somos pocos en España.
Un poco incongruente es que se líe lo que se ha liado con el autobús de Hazte Oír, por atentar, según ellos, contra un número reducido de ciudadanos, y que no se tengan en cuenta los derechos de un gran número de españoles que se ven reconfortados con la celebración de la Santa Misa, o que se ven privados de la libertad de elección del colegio de sus hijos. Y todo ello sin querer entrar en la polémica originada en el Carnaval de Canarias en su burla sobre la Virgen María y Cristo crucificado
Tristeza, ese es el sentimiento que despierta en mí todas estas manifestaciones que se están produciendo en estos días en nuestro país. Esperemos que las aguas vuelvan a su cauce y todos nos respetemos y los católicos seamos capaces de defender nuestra libertad de expresión para estar presentes en la vida pública y sigamos nadando, siempre nadando hacia delante.

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