¿Y ahora qué?


¿Y ahora qué? Después de la Navidad, de la entrada del año nuevo, de la celebración de los Reyes Magos, de todas las fiestas habidas y por haber, después de tantas opiniones como se han vertido acerca del alumbrado deprimente de la ciudad de Córdoba, de la escasa, por no decir en su mayoría nula, iluminación de las calles del centro; de la tan traída y llevada cabalgata/carnaval que no ha satisfecho a nadie, ni mayores ni niños, no sólo por la decoración sino por la escasez de regalillos o caramelos para los pequeños, después de todo esto, me pregunto ¿y ahora qué? ¿cuál sería un tema atractivo para este artículo?
Después de darle muchas vueltas, he decidido que quería hacer un pequeño remix con todos ellos.
¿Cómo hemos vivido la Navidad, ha sido el adviento ese tiempo de preparación que los cristianos debemos vivir de la mejor manera posible, limpiando nuestro corazón, haciéndolo acogedor para todos los demás, compartiendo no sólo las cosas materiales sino el lugar acondicionado para el que lo necesite? O quizás se ha traducido en unos días de vacaciones para los niños y unos fines de semana largos para los mayores en los que hemos visto a amigos y familiares con los que no quedábamos hacía mucho tiempo. En los que hemos comido y bebido mucho más de lo normal, a cualquier hora y en cualquier lugar en el que hemos quedado.
Sería penoso que al hacer una reflexión serena de qué ha sido esta Navidad, nos quedáramos solamente con el descanso y el hartón de comer de estos días. ¿Hemos contribuido a que alguna persona se sienta más cercana de Dios, hemos intentado aliviar el sufrimiento de alguien, nos hemos implicado en alguna campaña de ayuda al prójimo?
No serviría de nada la Navidad, no nacería nuevamente Jesús si no se tradujera en compartir con los demás. Y no hablo de cosas materiales, aunque también, sino de aquello que no se puede comprar con dinero. Hacer un regalo no es comprar algo y envolverlo, sino que además es, entregar un trocito del corazón a la persona a la que se regala, y esto hace crecer el amor.
El compartir es fundamental, lo que no se comparte, se pierde, pero lo que se comparte de corazón se multiplica.
Es cierto que las luces de nuestra ciudad han sido escasas y en su mayoría nada referentes a la Navidad, que los adornos religiosos han brillado por su ausencia, aunque sí y muchos los carnavalescos, que la mayoría de los padres han tenido que comprar caramelos para ponerlos en los zapatos de sus hijos la noche de los Reyes Magos porque los repartidos en el recorrido de la cabalgata apenas han dado para poderlos probar, pero también es cierto que el espíritu de la Navidad ha brillado en muchos corazones, en muchos hogares donde se ha preparado el lugar ideal para acoger a Jesús, que han sido muchas las personas que han dedicado su esfuerzo y energías para que otras tantas hayan tenido una comida decente en estos días, que los niños hayan podido disfrutar de unos juguetes, o los ancianos de ciertas residencias hayan contado con grupos que les han cantado y amenizado su día a día, Reyes que les han llevado regalos y gente que ha dedicado sus horas para acompañarlos.
Como siempre la lectura de las cosas hay que hacerla desde distintos ángulos. Podemos mejorar, por supuesto, pero no todo es criticable. Ahora deberíamos ser capaces de dar las gracias a tantas y tantas personas que han acogido a Jesús en su corazón y lo han compartido con los demás.
¿Y ahora qué?, rezar para que siga habiendo siempre este tipo de personas que se dedican a los demás.

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