Es Navidad…


Llevo unos días dándole vueltas a qué tema elegir para el artículo de esta semana, porque no quería caer en el tópico de hablar del Belén, de la Navidad o de los Reyes Magos. Son muchas las noticias sobre estos temas las que nos encontramos estos días tanto en la radio, la prensa escrita, la televisión o en cualquier otro medio de comunicación al alcance de nuestra mano.
Pero al disponerme a escribir y preguntar a mis hijas sobre qué tema elegir, ellas, sin duda alguna, han contestado al unísono…, pues de la Navidad mamá, de qué si no en esta fecha.
Y yo, dando por hecho que es un tema bastante fácil, me dispongo a escribir sobre ella, sobre la Navidad. Pero es tanto lo que quisiera contar, tantos a los que referirme, tantos sentimientos que quisiera expresar, que no se por dónde empezar.
Desde que en casa hay varias sillas vacías, no me gustan tanto estas fechas; a decir verdad, los que tengo son sentimientos encontrados. De felicidad por poderlo compartir con mi familia y amigos y de tristeza por todos aquellos que ya no están, aunque con la seguridad de que en estas fechas están más cerca aún de nosotros, si eso es posible.
Tengo unos amigos cuya madre siempre dice que la Navidad es el día en que consigue sentar a todos sus hijos en torno a la mesa. Y yo la recuerdo con asiduidad, porque tengo la fortuna de reunirlos con mucha frecuencia. En casa se celebra la Navidad muchos días al año, pero no de la manera especial que se hace ahora.
En estos días están en casa los que estudian fuera, los que trabajamos tenemos algunos días de vacaciones (unos más que otros) para compartir el día a día, para inventar qué hacer, para idear el menú de las fiestas o para salir a encargar a los Reyes Magos los regalos. Unos somos pajes de otros y se traduce en un ir y venir constante, en llamadas de teléfono que nos obligan a escondernos para que no nos escuche el que no puede, etc.. Estas historias son más propias de fechas próximas.
Pero también para mí, la Navidad es una fecha para la reflexión. Ese preparar del Adviento, ese esperar el nacimiento del Niño, me hace pensar y recapacitar sobre mi vida. En cómo preparar el corazón de manera especial, para recibir de la mejor manera posible al Niño Jesús. Y aunque sé de sobra que esto debería de ser todos y cada uno de los días del año, yo, como casi todos, siempre lo dejo todo para última hora.
En estas fechas me llama mucho la atención la posibilidad de poder adquirir cualquier cosa que necesitamos o queremos sin ningún esfuerzo mientras que hay muchos, muchísimos que carecen de lo más básico. Me duele más que nunca el ver a gente pidiendo por las calles para poder comer. Se me viene a la mente el dolor que tienen que sentir unos padres cuando sus hijos les piden comida y no pueden darle nada o cuando se aproxima la fecha de los Reyes y saben que no podrán tener ni siquiera un detalle.
Todo esto va haciendo que para mí sea una fiesta estupenda y a la vez tristona.
No podemos perder de vista que así es como la vivieron María y José, sin tener ni siquiera un lugar decente donde poder tener al Hijo de Dios. Teniendo por cuna un pesebre y por calefacción el calor que los animales con los que compartían espacio les proporcionaban. Si Él, siendo el hijo de Dios fue capaz de abajarse hasta esa situación por nosotros, cómo podemos sentirnos tristes en estos días que recordamos su nacimiento.
A pesar de las sillas vacías, de aquellos a los que quisimos con locura y ya no están físicamente; a pesar de los que este año no pueden estar por circunstancias de la vida, a pesar de todos los pesares, me encanta la hora de poner la mesa, mantel adecuado a la fecha, la vajilla buena (como decía mi abuela), la cubertería de fiesta, todo lleno de copas de cristal (tantas, que a veces para poder picar del centro has de saltar una muralla), y sacar los entremeses, la comida que con tanto amor llevo pensando y preparando un tiempo. Y disfrutar de los que están presentes físicamente o en nuestro corazón.
Lo que deberíamos hacer, hoy como todos los días, es compartir nuestra vida, nuestras alegrías e ilusiones, nuestros sentimientos, además de todo lo que podamos, con todos, como hizo Él, porque…… Es Navidad.
Feliz Navidad!!!!!!!!

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