Sin palabras


Cuando me propusieron colaborar en este periódico con temas relacionados con la educación, nunca pensé que iba a ser una colaboración casi monotemática. Me planteé hablar fundamentalmente de mi experiencia como profesora, como madre, de la relación con mis alumnos y sus padres, con mis hijos, en fin…. de mis vivencias.
Pero hoy, vuelvo a quedarme sin palabras al oír y leer las noticias de estos últimos días. Un adolescente, menor de edad, mata a su madre en Montilla; un joven, de apenas treinta años, degüella a su novia embarazada de su hijo y a continuación llama a la madre de ésta para contarle lo que había hecho; una madre pega a la profesora de la actividad extraescolar de su hija porque la había castigado al ser la tercera semana que se presentaba sin cuaderno, libro ni ninguno de los materiales necesarios para la clase. Y así podríamos seguir contando y contando…
Son ya unas pocas las semanas que vengo comentando sobre lo mismo, preguntándome qué estamos haciendo mal, cómo estamos educando a los niños y jóvenes para que estas sean las noticias habituales. Qué hemos de cambiar en la educación para procurar gente responsable, con valores, que no responda de manera irreverente a sus padres, que no se atreva a levantar la voz a sus mayores por respeto, que acepten la reprimenda o castigo de su profesor creyendo que siempre lo harán por el bien de ellos, y un largo etcétera.
Y lo que logra dejarme sin palabras es que en casi todos los lugares de Europa, excepto en España, se están dando cuenta de la importancia de la religión en las vidas y su relación con la buena educación de los jóvenes. No sólo en la escuela, también y básicamente en la familia, es fundamental apoyar la educación de nuestros niños en los valores de la religión para formarlos de una manera integral.
¿No será esto cierto, no estaremos viviendo el desarraigo de los principios y valores religiosos y así está yendo la sociedad?
Y más me sorprendió aún la persona de la que partía la anterior reflexión, Ángela Merkel:” los europeos deberían tener el valor de volver a la iglesia y a la Biblia”. Recordó que la mejor respuesta era tener “el valor de los cristianos, saber fomentar el diálogo con otras religiones, volver a la iglesia, sumergirse de nuevo en la Biblia, investigar un poco más acerca de nuestras propias raíces”. Para dialogar y hablar acerca de uno mismo, antes es necesario, de hecho, conocerse y entenderse. Ángela invitó a los europeos a redescubrir los tesoros del cristianismo y de su fe.
Igual, igual que está ocurriendo en España, ¿verdad?, donde la libertad y la práctica religiosa son unos bienes cada vez más escasos. Existen numerosos casos discriminatorios en relación al hecho religioso, el quererlo mantener en la vida privada, criticando y a veces persiguiendo, sus manifestaciones en la vida pública. La intolerancia religiosa va siendo más persistente por días.
Los anuncios de la izquierda de romper los Acuerdos con la Santa Sede o de acabar con la exención del pago de impuestos sobre algunas propiedades de la Iglesia constituyen unos de los ataques más significativos respaldados por instituciones autonómicas y estatales.
Y todo ello va calando en la sociedad. Esta semana se publicó que un colegio español, de Elche, pedía a los alumnos adornos para las clases, pero nada que tuviera que ver con figuras de un belén, ni lo típicamente católico. Yo, lo confieso, daría algo por saber qué tipos de adornos han podido llevar los niños al cole.
No hay sino ver el decorado “navideño” de la ciudad de Córdoba. Qué tristeza, qué manera de terminar con nuestras tradiciones que siempre van acompañadas de su significado y su traducción en valores.
Sin palabras, con mucha pena por ver el cariz que va tomando todo lo relativo a la formación y educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Sin palabras para saber transmitir con acierto lo importante que considero esta formación para la buena marcha de la vida personal, familiar y social.
Sin palabras………

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