La importancia de decir NO


Habrá quien pueda tacharme de oportunista por aprovechar el doloroso hecho ocurrido el pasado día 28 de octubre en San Martín de la Vega, Madrid, con una niña de apenas 12 años, por una ingesta desproporcionada de alcohol que la condujo  al coma etílico y a su posterior muerte, para escribir el artículo de la semana.

Y es que no me resisto, no, a hacer continuamente hincapié en la necesidad de la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Porque este hecho, que no nos quepa la menor duda, es fruto de una carencia enorme de educación.  Buscar culpables no sirve ahora para nada, pero reconocer en lo que fallamos creo que es imprescindible para poder evitar casos futuros.

¿Cómo es posible que una niña de esta edad estuviera en la calle con otros niños de edad similar a esas horas, casi rondando la media noche?¿cómo cuentan estos menores con medios económicos para poder acceder a los productos alcohólicos?, y lo que es peor aún, ¿quién es capaz de vender a estos niños estos productos que, todos sabemos servirán para su muerte, unas veces, como ésta, inmediata y otras veces lentamente?

Muchas, demasiadas,  son las preguntas que aún no tienen respuestas y aún suponiéndolas, hemos de tratar de averiguarlas para poder poner remedio a esta sinrazón.

Son muchos los países europeos que tienen un horario determinado para que niños menores de edad no anden perdidos por la ciudad a ciertas horas. Otros los que ya han prohibido de manera rotunda la celebración de los botellones, que no son sino lugares donde se permite beber por beber, sin sentido, hasta caer derrotados. Y muchísimos más los que establecen sanciones durísimas para aquellos que vendan bebidas alcohólicas a menores.

La gravísima obligación de la educación recae en primer lugar en los padres. Ellos son los primeros encargados de inculcar a sus hijos los valores más importantes para ellos y su vida en la sociedad.  Es una tarea que recae sobre los padres a la misma vez que la obligación de alimentarlos y cuidarlos.

Por tanto, qué estamos haciendo mal, por qué cuando se plantea el hecho en las aulas los alumnos de edad igual o similar a la víctima de los acontecimientos te dicen que es muy normal los fines de semanas tomar algo de alcohol aunque sin llegar a estos extremos? ¿dónde estamos los padres cuando estos menores consumen alcohol o cuando regresan a casa después de haberlo consumido?

Estoy totalmente en contra de la educación con la prohibición. No se dice, no se toca, no se hace…, pero también en contra de la permisividad absoluta. Tener un hijo no es tener un colega. Un menor no puede andar por ahí con dinero para poder “coger una papa” cuando los demás se lo propongan. Hay que saber decir que no cuando no procede.

Es cierto que cuando a nuestros hijos pre o adolescentes les negamos algo, pueden pensar que somos malas personas o al menos, muy desagradables. Pero es necesario saber establecer límites y no ceder a las manipulaciones o chantajes emocionales.

Ante lo que está mal y puede perjudicarles hay que saber decir de modo rotundo NO, y hay que tratar de que comprendan que sólo a través de unas normas o pautas de comportamiento en relación a su edad vivirán la vida que les corresponde.

No tengamos miedo a educar, en ello está el desarrollo y futuro de nuestra sociedad y la buena vida de nuestros actuales niños, adolescentes y jóvenes.