Una Diócesis muy viva


Son numerosas las manifestaciones que demuestran que nuestra Diócesis está viva y en constante movimiento. Y muestra de ello es que desde el Consejo de Laicos se está  preparando desde ya un gran acontecimiento eclesial, un gran Encuentro Diocesano de Laicos para octubre de 2017, que tratará de reunir a todo el inmenso y variado grupo que forman ésta realidad. Dicho encuentro abarcaría  desde los miembros de las parroquias, las cofradías y hermandades, grupos, movimientos, asociaciones, comunidades, nuevas realidades eclesiales y los vinculados a la vida consagrada.

Hoy que nuestro Obispo se ve señalado por cada manifestación que realiza, que está en el punto de mira de todos aquellos que quieren hacer daño a la Iglesia, es conveniente que los que forman parte de la misma se expresen libremente y muestren su comunión con la Iglesia y con  su Pastor.

Para ello, y desde hace un tiempo se está trabajando en organizar una jornada de comunicación y comunión entre todos los asistentes, en la que se haga presente el ambiente formativo, el celebrativo y también el festivo, en el que se pueda manifestar la fe y la alegría de la vida cristiana, donde se haga patente que la Iglesia la forman cristianos felices, con una vocación y una misión muy determinada  pero muy extensa. El cristiano ha de estar presente en todos los ámbitos y trasmitir su fe no sólo de palabra, sino mostrando  coherencia en sus actos y con su vida.

El laico, para aquel que aún no tenga muy claro quién es, es aquella persona bautizada, perteneciente a la Iglesia que no ha recibido el sacramento del orden sacerdotal ni ha hecho votos dentro de alguna comunidad religiosa y que trata de obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Él ha establecido. Es tarea propia del fiel laico anunciar el Evangelio con el testimonio de una vida ejemplar, enraizada en Cristo y vivida en las realidades temporales. Es por ello, que en la Constitución Dogmática Lumen Gentium se afirma que la vocación del laico consiste en “iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (n.31)

Sería vivificante que todos los laicos, los que tienen esta auténtica vocación, que consiste principalmente en la santificación de las obligaciones diarias del cristiano, quisieran dar un testimonio alegre de cómo es la vida desde Cristo, tarea que no es nada fácil en la sociedad que nos ha tocado vivir, pero que sin duda es mucho más llevadera si se comparte con el resto de los miembros de la comunidad.

Por ello, desde el Consejo de Laicos se debe seguir trabajando para que dicha convocatoria suponga una gran manifestación de la vida cristiana.

Parece lejano, pero el tiempo pasa volando.

 

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