«Los pobres tienen más facilidad para confiar en Dios»


En su carta pastoral, el obispo de Córdoba propone "otra perspectiva ante los bienes de este mundo"

eucaristía
Monseñor Demetrio Fernández.

En el refranero español podemos encontrar sentencias como aquella que nos dice que «No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita». La sabiduría popular suele venir  avalada por los siglos, la tradición y también por la propia religión.  Y el Cristianismo, si algo propone, es a renunciar a los bienes de este mundo porque interfieren en la salud del alma. «Cuando Jesús entró en este mundo injusto y pecador, adoptó una forma de vivir austera y sobria. Más aún, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. El cambio que Jesús propone es una verdadera revolución subversiva desde el amor, es decir, que invierte los valores que el mundo valora por otra perspectiva de los bienes de este mundo. Su misma vida es ya un mensaje claro.» Así lo escribe esta semana Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, en su carta pastoral de esta semana. 

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Monseñor Demetrio Fernández/Foto: Cáritas

Monseñor Fernández parte del evangelio de este domingo y la parábola del joven rico Epulón «que banqueteaba continuamente, es decir, se daba a lo que el mundo llama buena vida». «Por contraste, junto a este rico, había un pobre hombre llamado Lázaro, que no tenía nada. Ni tenía salud, ni fama, ni siquiera lo necesario para vivir, ni comida, ni placeres», prosigue el prelado, que recuerda que esos contrastes e injusticias son comparables con lo que sucede hoy mismo. «Traducido a nuestro mundo, constatamos que la inmensa mayoría de las riquezas de este mundo está en manos de una minoría. El 80 % de los bienes materiales de todo el mundo está en manos del 20 % de la población mundial. Nosotros nos encontramos en ese 20 % privilegiado, sin que hayamos hecho nada». Ese mal reparto en el mundo es producto, según escribe el obispo de Córdoba, debido al «egoísmo que alimenta la injusticia y retiene para sí lo suyo y lo ajeno, en una espiral creciente que hace que los ricos sean cada vez más ricos, a costa de que los pobres sean cada vez más pobres».

Pero el pobre cuenta con una ventaja, según el prelado. «Los pobres tienen más facilidad para confiar en Dios, para esperar en él; y de esta manera, las calamidades de este mundo que pasa pueden merecer una situación eterna de felicidad, si se viven confiados en Dios».

Matiza monseñor, no obstante, que los bienes de este mundo no son malos, «son incluso necesarios para vivir. Pero son un peligro y el corazón humano pecador se deja llevar torcidamente de sus ansias y pone el corazón en estos bienes, olvidándose de la felicidad eterna, y del justo reparto de tales bienes». 

Pueden leer la carta pastoral íntegra en este enlace.

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