“¿A quién no le gusta que vengan los Reyes?”


El obispo de Córdoba preside la misa de de la Solemnidad de la Epifanía del Señor en la Santa Iglesia Catedral

La misa del 6 de enero, cuando se celebra la Epifanía del Señor, es una cita particularmente alegre y feliz como el propio día litúrgico. Y el obispo se ha mostrado contento en la Catedral celebrando la eucaristía y esta conmemoración. Una celebración eucarística concelebrada por el Cabildo Catedralicio y que ha contado con las voces del coro de Cámara del Cabildo Catedral.

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Demetrio Fernández ha comenzado recordando que esta es la fiesta de la alegría porque “tenemos a Jesucristo como centro de nuestra vida” y ha apuntado que hoy se conmemora “la manifestación de Jesús a todas las naciones”. Pero no ha olvidado el carácter familiar y lleno de tradición que hoy, 6 de enero, tiene la jornada con la llegada de los Reyes Magos, una “fiesta familiar muy bonita” que el obispo también recuerda de su niñez y que disfruta como adulto. “¿A quién no le gusta que vengan los Reyes?”, pregunta el prelado, que en su homilía y de una manera didáctica disecciona la simbología para explicar el mensaje evangélico. A los Reyes Magos, a la fiesta de hoy, la define como un “añadido cultural que no es desestimable, pero en esa adoración de los reyes celebramos la manifestación del Mesías a todas las gentes”. “Jesús quiere ser rey de nuestros corazones por el camino del amor. Es un rey especial”, y nos invita  el obispo a vivir ese reinado con humildad. “Nuestra tarea es servir al estilo de Jesucristo y no reinar como los poderosos de este mundo”, advierte Demetrio Fernández.

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Otro símbolo importante es la estrella de Belén “que es el signo de la fe que nos guía en la Tierra hasta que veamos a Dios cara a cara. La liturgia nos invita a que hagamos una ofrenda de nuestra vida hacia Jesús”. El obispo de la diócesis ha querido así mismo explicar que esta fiestas tienen “un carácter misionero”. “Has conocido a Jesús: no te lo guardes”, pero advierte que esa labor evangelizadora hay que realizarla “sin imponerla y con paciencia”.

Corremos el riesgo, no obstante, de vivir estas fiestas solo bajo un prisma consumista y sin sentido. El obispo es claro: “Las fiestas paganas dejan resaca y tristeza. Si se viven cristianamente, dejan alegría en el corazón”.