Luis Miguel Carrión, Curro: “Las cuadrillas y los capataces estamos en un examen constante”


El capataz cordobés reflexiona sobre su trayectoria y la esencia del costalero en la siguiente entrevista

Luis Miguel Carrión Huertas, Curro./Foto: LVC
Luis Miguel Carrión Huertas, Curro./Foto: LVC
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Luis Miguel Carrión, Curro./Foto: Jesús Caparrós

En 2022 cumplirá, si el covid lo permite, 38 semanas santas al frente de pasos. Su trayectoria es una de las más longevas y celebradas de los capataces de la capital cordobesa. Su evolución ha sido continua, desde el niño (13 años tenía) que tocó por primera vez un martillo hasta el hombre que es hoy.

De Luis Miguel Carrión Huertas, Curro para casi todos, se ha escrito, hablado y analizado -probablemente- más que de ningún otro capataz cordobés y al borde de recuperar la normalidad (en cuanto a procesiones de Semana Santa, se refiere) hablamos con él. Lo hacemos por teléfono, porque un contacto estrecho -de una de las partes- nos obliga a guardar la distancia. Pero eso no quita para que la charla se prolongue durante casi dos horas. De parte de la misma surge la siguiente entrevista. En ella, Curro analiza el presente, repasa su trayectoria y, sobre todo, da las claves del “mundo de abajo”, una expresión que, en su momento, fue tabú, pero que es la que mejor define una forma de entender las cofradías, la de los capataces y los costaleros.

Desde que comenzó la pandemia hasta hace poco más de un mes no volvió a ponerse delante de un paso ¿Cómo fue ese día?

Hubo sensaciones encontradas. La gestión de la cuadrilla (lo que hay que pedir hoy día a los costaleros, como el certificado covid), la cofradía pidió que no se realizaran ensayos, la incertidumbre de que como había que hacer los test de antígenos no hubiera ningún contagio -como vimos en la Candelaria de Sevilla que el capataz dio positivo-. Con incertidumbre, porque no es una normalidad. Nos hemos puesto delante de un paso, disfrutamos mucho el día 1 (de noviembre), el día que citamos a la cuadrilla te da mucha alegría, porque había gente a la que no veía desde hace dos años prácticamente.ha habido gente que se ha quedado en el camino, porque le da miedo volver a meterse debajo de un paso y querían esperar a Semana Santa, también personas que, por su convencimiento, no se han vacunado y han podido salir. Intentas sacarle el máximo regusto, pero con las limitaciones a la que todo esto nos ha llevado.

Son más de 30 años delante de los pasos. Desde entonces hasta ese 1 de noviembre de 2021, cuáles son las diferencias.

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Luis Miguel Carrión Huertas, Curro./Foto: LVC

Si Dios quiere y tenemos Semana Santa, este año serían 38 semanas santas de cuando me cedieron, por primera vez, un martillo en la calle, no en un ensayo. Hasta el día de hoy calcula todo lo que hemos vivido, la cantidad de gente que ha pasado por nuestras cuadrillas, la experiencia, el bagaje, la madurez… te hacen ver esto con otra perspectiva. Con lo que estamos viviendo intentas exprimir cada momento más. Si algo estamos echando de menos es el contacto directo con tu gente. En este periodo de años, de la ilusión del principio he pasado a ver las cosas con un prisma mucho más relajado; ves la evolución que esto ha tenido; preocupado por hacia donde el mundo del costalero llega y porque no se desvirtúe de la verdadera esencia que tiene que tener un costalero -que lo único importante del “mundo de abajo” son los que van arriba, nuestros sagrados titulares-; e inculcarle la honradez al costalero. Ese poso me ha llevado a intentar marcar unas pautas y que este mundo de abajo, tan bonito, no se desvirtúe, que esté fuera de postureo y que haya mucha verdad debajo de los pasos.

Nos hemos puesto un listón que, si no tenemos dos cuadrillas, nosotros mismos estamos frustados

¿Cómo era hace 38 semanas santas?

Un crío con ilusión y con muchas ganas de comerme el mundo. Tenía 13 años la primera vez que me puse un traje negro, acompañando a Paco Pérez Cantillo en la Candelaria y en el Esparraguero. Para mí era como un juego -como he dicho en muchas ocasiones-, no era consciente del privilegio que tenía en aquellos años, con aquellas cuadrillas tan diferentes a las de hoy en día, a la visión que se tenía del costalero en la década de los ’80 hasta donde ha llegado hoy. Desde los recuerdos de la infancia hasta el poso que te da la madurez al tratar con tantísima gente y ver las nuevas generaciones que van llegando, ves muchas diferencias de aquellas cuadrillas a las de hoy en día.

¿Cuáles?

Bueno… Sobre todo lo que se suele decir tanto en la actualidad, la capacidad de sacrificio. En aquella década de los ’80, salir de costalero era más un escaparate de gallardía, porque los pasos se sacaban por amistad, por afinidad a la hermandad, por ser hermano de la cofradía; hoy en los niveles de oficio que estamos requiriendo a las cuadrillas hay una diferencia abismal. El concepto que había de llevar pasos en aquellos años era salir y entrar, el lucimiento era el que era, porque ni las bandas se lucían como hoy en día ni el concepto de una cofradía en la calle era como el actual. Las cofradías han crecido exponencialmente, tanto en los cortejos como en lo estético. 

Eso también va en la capacidad de trabajo de cada capataz. Nos hemos puesto un listón que, si no tenemos dos cuadrillas, nosotros mismos estamos frustados; si técnicamente los pasos no van bien nos sentimos frustrados; si un ensayo no sale bien… Este nivel de exigencia nos lleva a que cualquier petardo que metas en un ensayo, se graba, y si haces un ensayo mal se cuelga en las redes sociales. Cualquier cosa mal hecha está expuesta ¿Qué ha pasado? Con la cantidad de afición de gente alrededor de los pasos hoy en día -es bueno que haya gente alrededor-, se ha perdido la intimidad del trabajo, del desarrollo de las cuadrillas. Las cuadrillas y los capataces estamos en un examen constante. 

Es buena la capacidad de exigencia del capataz y del costalero, pero estamos perdiendo esa chispa de lo espontáneo, de lo efímero. Tiene que ser todo más natural

Si en un ensayo se falla y se graba ¿Eso penaliza?

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El desaparecido Rafael Sáez Gallegos, junto a Luis Miguel Carrión.

Hemos visto que la gente graba ensayos y luego hay “guirres” por las redes sociales. A mi me produce fastidio. Los ensayos son para eso, para el aprendizaje de la gente que te llega nueva, pero vivimos desgraciadamente en una sociedad en la que estamos expuestos diariamente a esta pandemia de las redes sociales. Estás en un escaparate constante.

Hablaba antes de que se perdía la naturalidad, la chispa ¿Eso se proyecta después en la procesión?

Lo extraordinario se está volviendo ordinario. Cuando tienes una hartura de ver cofradías durante todo el año… en los años ’80 y ’90 una extraordinaria era una extraordinaria, tenía esa magia de lo distinto al tiempo de Semana Santa. Las Glorias tienen su tiempo. Antes de la pandemia, todos los fines de semana es que había procesiones extraordinarias. Para el espectador, no puede haber una semana santa en el mes de septiembre o en el de octubre. Todo tiene su tiempo.

¿La Semana Santa corre el riesgo de morir de éxito?

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Luis Miguel Carrión, Curro, durante la igualá de costaleros de Nuestra Señora del Desconsuelo./Foto: Francisco Patilla

No lo sé. Hay que dar tiempo el tiempo. Quizá no sea el más indicado para dar esa respuesta, porque llevo tiempo sin estar en órganos de gobierno (de hermandades) y ahora mismo mi visión está enfocada al mundo de abajo. Es innegable que poner una cofradía en la calle sabemos el reclamo que tiene. Todo tiene que tener su justa medida, su momento y su tiempo y no debe morir de éxito.

En casi 40 años como capataz se conoce a mucha gente, qué personas le han impactado más.

En el mundo de abajo he conocido a grandísimos hombres que me han admirado por su capacidad de sacrificio, por su responsabilidad, por su compromiso con el grupo, porque no le importa que tenga que sacar cuatro cofradías y todas las noches de ensayo se tenga que comer 150 kilómetros. Eso lo he hecho como costalero y lo sigo haciendo y le doy una importancia vital. A otros costaleros por su forma de ser marcan una impronta a la hora de sumar siempre en el grupo y cuando las cosas han venido mal debajo del paso son los primeros que han removido las entrañas del paso para que las cosas salgan bien. Son personas que ven siempre lo positivo y tan necesaria como el más fuerte. 

Cofrades a muchos en sus hermandades de los que he aprendido mucho. Y, como referente, con capacidad de liderazgo, que marcó una época, como persona distinta, a mi maestro, Manolo Santiago.

Es también costalero. Cuando se es capataz, ¿hay que cambiar mucho el chip o es natural?

Es natural. Lo que tú le pides a tus cuadrillas es lo que tú haces debajo del paso. Esa ha sido mi escuela. Llevo vinculado a la Familia Santiago 30 año y esa ha sido mi escuela y, para mí, trabajar con Antonio Santiago es muy fácil. A mí me sirve también como termómetro para ver cómo está debajo. Una cosa es que estés mandando pasos y otra que lo vivas desde abajo. Y ves que en Sevilla pasan cosas que tú no quieres que pasen en tus pasos. Al final está todo tan globalizado que defectos que ves en tu tierra también lo ves allí. Para un capataz es importante ir conociendo el oficio, porque esto está vivo y las cuadrillas evolucionan.

En el mundo de abajo he conocido a grandísimos hombres que me han admirado por su capacidad de sacrificio, por su responsabilidad, por su compromiso con el grupo

¿Qué hace tan especial a la Familia Santiago?

Es como todo, puedo hablar de la Familia Santiago porque es la que me marcó y es de la que aprendí y sigo aprendiendo e imagino que el que trabaje con otros capataces en Sevilla hablará de sus maestros maravillas. Para mí, la hace distinta la cercanía, la seriedad, el querer hacer las cosas siempre muy bien, el tener claro el concepto de que el capataz está al servicio de las hermandades, de que en esto sobran los egos, amar al costalero y el oficio por encima de todo y, sobre todo, es tener claro que lo único importante para lo que los costaleros nos metemos debajo de los pasos es honrar y glorificar al Señor y a su bendita madre, que los únicos importantes son los sagrados titulares, pero que no todo el mundo está capacitado para meterse debajo de un paso, que es lo que muchas veces han hablado del tipo de costalero de la Familia Santiago no es tan aficionado, tan estereotipo, como otros costaleros u otros capataces mueven. Pero ellos siempre han dicho que no todo el mundo está capacitado para ser costalero. Pero también han sabido inculcar que para que los pasos vayan bien, el costalero tiene que ser aficionado, teniendo claro el concepto de lo que hacemos, una catequesis plástica en la calle.

Del resto de capataces, quiénes le llama la atención.

Yo que vengo de la escuela antigua tengo que hablar de la Familia Villanueva, que tienen un estilo muy definido. De la Familia Ariza, que es una saga. Lo que creo es que cuando oyes mandar a un capataz, lo escuchas con sus voces de mando, en la Familia Ariza todos mandan igual. Creo que es importante para un capataz marcar una impronta. Lo que no concibo son los que las vueltas las dan al estilo de un capataz, las voces de mando las dan de otro… Creo que en esto hay que tener una personalidad. Cuando ves un paso por la Familia Santiago, los Villanueva, los Ariza los ves a leguas. La Familia Palacios tiene su sello; Ismael Vargas, que para mí es un gran maestro, tiene su impronta. Y no han cambiado y lo importante para un capataz es que sus pasos se distingan por una forma de trabajar y de andar en la calle, sus cuadrillas tengan unas características y sus costaleros, porque se sientan identificados con esa forma de trabajar del capataz. Esa es la grandeza de un capataz.

¿Cómo se imagina la Semana Santa de 2022?

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Luis Miguel Carrión, Curro./Foto: Jesús Caparrós

Hace un par de semanas terminé de montar el calendario de ensayos. Viendo esto como está evolucionando soy un poco escéptico. Creo que el que tuviera miedo de meterse debajo del paso, ahora va a tener más. Hay que tener en cuenta que los pasos que han salido hasta ahora, lo han hecho con costaleros aficionados. En los pasos de Semana Santa no son solo aficionados, hay otro perfil de costalero. El concepto de las cuadrillas cambia dependiendo del perfil de paso. Todavía no he colgado las fechas de las igualás porque con la que está cayendo no lo veo. Es verdad que después de las fiestas comenzaríamos con las igualás. No sabemos las restricciones que nos van a meter. Que nos vamos a encontrar gente sin vacunar y no se van a poder meter debajo de los pasos, nos los vamos a encontrar. Que va a haber gente que ha cogido miedo, me gustaría que no, pero la va a haber. Me gustaría que todo volviera a la normalidad, como en la Cuaresma de 2020, pero soy un poco escéptico, pero esta sexta ola en puertas de las igualás no sé cómo nos marcará.