OPINIÓN | ¿Qué es ser costalero?


En esa libertad también iba la penitencia de no regresar a esa “pequeña casita de Dios” que es el interior de un paso

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Costaleros./Foto: BJ
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Costaleros./Foto: BJ

Son muchas cosas y solo una a la vez. Es el escalofrío, el asombro cuando te metes debajo de un paso por primera vez y no sabes muy bien a qué te enfrentas. Es la primera levantá de cada año y la última, que tampoco sabes si será la definitiva.

Es una devoción, una afición y un oficio, todo al mismo tiempo. No es “empujar” hacia arriba, pero lleva implícito el esfuerzo, el pundonor, el amor propio que te guía hacia el final de cada chicotá, como el reflejo exacto de la vida. Es la satisfacción del trabajo bien hecho, pero quizá en eso es más que la labor cotidiana, porque esa tarea implica llevar sobre ti al Hijo de Dios o a su bendita Madre.

Es una responsabilidad con la propia fe y con el compañero que tienes al lado, con el capataz que te guía como un padre y la de ese “padre” contigo. Y, durante un año y medio, los costaleros soñaron con el momento de su regreso a las trabajaderas, mientras repasaron cada chicotá de un pasado, tan cercano y distante. 

Fue en septiembre, cuando el martillo volvió a crujir sobre la madera y aquella primera levantá, a la que tuve la suerte de asistir como testigo de excepción, disipó los fantasmas de tantos días de oscuridad. Uno tras otro, los capataces cordobeses fueron convocando a sus cuadrillas y la normalidad se fue asentando. Aunque no del todo, puesto que hay quien -en el ejercicio de su libertad- decidió no vacunarse y privarse de regresar a su oficio.

En esa libertad también iba la penitencia de no regresar a esa “pequeña casita de Dios” que es el interior de un paso. Y así, durante algo más de dos meses se ha ido construyendo una normalidad que aun no es la que fue y en la que hay demasiados interrogantes, demasiadas incertidumbres. Pero, sea como fuere, quienes ya se han metido y quienes aguardan su momento siguen haciendo del ser costalero algo más que una afición, una devoción y un oficio; hacen de ello una opción, una forma de entender la vida.