Es Navidad


A continuación les reproducimos la carta semanal del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández

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Belén viviente en Salesianos./Foto: Salesianos
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El obispo preside una misa en la Casa de Acogida ‘Madre del Redentor’./Foto: Cáritas

La liturgia de la Iglesia celebra cada año el día del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, en la noche del 24 al 25 de diciembre. Es la Nochebuena, que nos introduce en la Navidad. Noche santa en la que la Iglesia convoca a todos sus hijos para celebrar este nacimiento. “No la debemos dormir la noche santa, no la debemos dormir”, canta una coplilla anónima de Upsala (1556). Es noche para la oración, para el encuentro familiar, para la fiesta y la alegría. 

Los cristianos celebramos en esta noche y en este día santo que Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo, tomando carne del vientre virginal de María. Ha nacido Niño indefenso en un ambiente de pobreza y de marginación. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, no había lugar para ellos en la posada y María dio a luz en un establo, reclinando a su Hijo en las pajas de un pesebre. Allí faltó de todo, y hubo sobreabundancia de amor.

Celebramos, por tanto, la cercanía de Dios al hombre. No podíamos imaginar que Dios pudiera entrar tan adentro de la historia humana. Ha entrado haciéndose hombre, uno de nosotros, sometido a todas las limitaciones humanas, sin pecado. Ha pasado hambre y sed, frío y calor, ha sufrido la fatiga y el desgaste, ha experimentado la humillación y el desprecio, ha muerto por nosotros en la cruz y ha vencido la muerte resucitando. Todo comenzó en Belén, en una nochebuena.

Al entrar en el mundo, el Hijo de Dios ha establecido una solidaridad inimaginable. Se ha unido de alguna manera con cada hombre. El misterio de su encarnación se prolonga en cada hombre. Cada hombre es imagen de Jesús, le representa. Y lo que hagamos a esa persona, “a mí me lo hicisteis”, nos dice el mismo Jesús. A partir de la encarnación, la solidaridad humana no brota de nosotros por consensos adquiridos, sino que esa solidaridad la ha establecido él misteriosamente, y por eso es una solidaridad que hemos de trabajar para que aflore en las relaciones humanas.

Navidad es nacimiento de alguien, navidad es vida, navidad es algo nuevo. Navidad es Dios con nosotros, navidad es fraternidad y solidaridad. Por eso, navidad es alegría, navidad es esperanza.

Junto al Niño, Dios hecho hombre, está su madre, María santísima, que lo ha engendrado por obra del Espíritu Santo en su vientre virginal. Virgen y Madre. Virgen en plenitud de vida, en fecundidad pletórica. Virginidad que desemboca en maternidad, virginidad fecunda. Él es Dios y su madre virgen. Son dos aspectos de la misma realidad. Rebajando uno de ellos, disminuimos el otro. Confesamos en la fe que María es virgen y su Hijo es Dios.

Así se ha constituido la Sagrada Familia de Nazaret. En torno a Jesús, María y José. Un icono en la tierra de la Trinidad eterna del cielo. El domingo siguiente a Navidad, este año el 26 diciembre, es la fiesta de la Sagrada Familia. Jesús al entrar en el mundo ha santificado la familia humana. La que Dios ha diseñado por la unión del hombre y de la mujer, abierta a la vida en los hijos. Es fiesta para dar gracias a Dios por nuestra familia, la familia en la que hemos nacido y las familias que se han constituido por el sacramento del matrimonio. En la Catedral celebraremos las bodas de oro y de plata, y en muchas parroquias también. En los tiempos que corren vale  la pena celebrar estos aniversarios y decirles a los jóvenes de hoy que el amor para siempre existe y es posible también para ellos. A pesar de las debilidades humanas, que hacen frágil el amor, el sacramento del matrimonio purifica y sana el amor humano, prolongando la unión del Verbo con la carne en lazo indisoluble. La Navidad nos habla de esa indisolubilidad, de esa alianza indestructible de Dios con el hombre, que se hace patente en la alianza matrimonial.

Santa y feliz Navidad para todos.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba