Mario González, párroco de San Francisco y San Rodrigo de Cabra: “Le dije al Señor, tú tienes que poner remedio, yo voy a poner todo de mi parte”


En la siguiente entrevista, el sacerdote da testimonio de su vocación y el sostenimiento por parte de Dios

muerte Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
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Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Se van a cumplir dos años desde que Mario González fuera ordenado diácono. Seis meses después recibía el sacramento del Orden y comenzaba su ministerio sacerdotal en plena pandemia. Apenas dos semanas y media más tarde tomaba posesión como párroco de San Francisco y San Rodrigo de Cabra. Meses intensos en los que -de por medio- llegó la pandemia.

En ese contexto llegó a Cabra y, además de su feligresía, se hizo cargo de la capellanía del Hospital Infanta Margarita (en los albores de la segunda y terrible ola del coronavirus), así como del asilo. Su comienzo pastoral, por tanto, no fue sencillo. La prueba era dura, pero como leerán en la siguiente entrevista, su determinación, su vocación y el sostenimiento por parte de Dios lo han llevado a llenar de vitalidad a su parroquia y a una transformación personal que impacta en cada afirmación. No pierdan detalle.

¿Cómo está llevando a cabo su labor pastoral en Cabra?

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Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Llegué justamente al acabar el confinamiento y la parroquia la vamos conociendo poco a poco, porque hay mucha gente que todavía no se atreve a salir de casa (sobre todo, la gente mayor). Estamos conociéndonos mutuamente. Me di cuenta que había mucha fragilidad en el tejido social -es el barrio con más extensión de Cabra, bastante humilde-, como a nivel parroquial, porque la pandemia había afectado mucho.

Lo que planteo, por un lado, es dar respuesta a las necesidades sociales que había -con cáritas, que consiste en tener visibilidad social-; en hacer parroquia, que la gente sintiera un afecto profundo hacia el templo, hacia la Iglesia, hacia la comunidad; y, en tercer lugar, lo que creo que es más importante: hacer parroquia para hacer una gran misión. Al barrio le falta que evangelicemos bastante. 

Para eso necesito agentes de pastoral formados y eso es lo que estamos haciendo, el primer y el segundo año están siendo formación: algo de teología, oración y fraternidad. Para luego empezar a hacer una misión grande, a fin de llamar puerta a puerta con varios grupos. Y ahí vamos, poquito a poco.

Lleva, relativamente, poco tiempo ordenado como sacerdote y llega a Cabra al acabar el confinamiento ¿Fue abrumadora esa experiencia?

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Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Sí, porque me ordené sacerdote el 27 de junio (de 2020) y el 15 de julio tomo posesión aquí. Además me hacen capellán del hospital (Infanta Margarita). Mi compañero en el hospital se contagió de coronavirus y tuve que responder a las necesidades que había en el hospital durante el verano entero. Sin embargo, noté mucho que el Señor me sostenía, desde el primer momento. 

A nivel parroquial lo noté mucho. Los enfermos no se podían visitar, la gente no se atrevía a venir a misa. La parroquia había estado cerrada durante absolutamente todo el confinamiento y, de repente, un cambio de párroco, entonces la llegada fue un poco a traspiés. Costó un poco, no acogerme, sino adaptarse un poco a la nueva situación que había social, por el covid, y parroquial, por el nuevo párroco. Fue difícil, no voy a mentir, pero noté que el Señor me daba fuerzas.

¿Cómo fue esa experiencia en el hospital, en un momento tan complicado?

Por un lado, fue positiva porque me enfrentaba cada día a un nuevo reto. Y, a nivel humano, fue difícil. Vivo con mi madre, el hecho de poder contagiarme de coronavirus -todavía no había el material necesario-. Nunca había atendido a una persona en el lecho de muerte y, de repente, me encontré que cada semana estaba atendiendo en el lecho de muerte por coronavirus -con la posibilidad de infectarme y sin poder dar la absolución clara porque más de cinco minutos no podía estar en la habitación- una media de cuatro paciente.

Hubo historias muy bonitas, como la de una persona que estaba casi en coma por el covid, luego se acordaba de las palabras que le había dicho el capellán; o cómo algunas personas me decían, gracias a usted pudimos estar más cerca de nuestro familiar, porque le mandó un mensaje de apoyo de nuestra parte. 

Fue muy reconfortante. Pero es verdad que a nivel humano me afectó bastante. No es que me haya cambiado el carácter, pero veo la vida desde una perspectiva un poco más como que estamos de paso, siendo más consciente de la fragilidad humana.

¿Se nota mucho la experiencia de Dios en esos momentos?

Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Sí se nota, aunque más que en el momento… soy capellán del asilo y también se contagió, hubo un fin de semana que tuve que dar 13 unciones de enfermos, en peligro de muerte por coronavirus, un fin de semana de noviembre del año pasado. Cuando estás en el fragor de la batalla tú sabes que Dios está, pero lo notas menos. Pero cuando miras atrás y has sido capaz de ver todo lo que el Señor ha hecho a través de ti, das gracias a Dios.

La oración en ese momento, tanto la celebración de la misa como la oración en los momentos de coronavirus, cuando me tocó atender esta realidad dura, la oración era más viva y eso también ha estrechado mi relación con el Señor, ha estado conmigo cuando realmente lo he necesitado. No tanto por el contagio sino por la inexperiencia. Mi miedo era no saber llevar el amor de Dios en esos momentos tan duros. La Iglesia hacía mucho que no se había enfrentado a una pandemia. El Espíritu Santo va poniendo las palabras en la boca.

Hablaba de esa Iglesia en salida, cómo está llevando a cabo esa labor de evangelización en el barrio.

Lo primero es formar a los agentes de evangelización, que son los que han estado aquí siempre. Este barrio va a cumplir pronto 50 años y aquí la concepción de parroquia es muy de familia, nos conocemos todos. En qué consiste la evangelización aquí, no tanto. La gran misión consiste en cómo entrar en las familias, esa es la clave. Se va hacer, primero, de tú a tú, no se va a convocar a la gente. Estamos preparando un ‘puerteo’ y cómo lo hacemos, muy fácil, rompiendo un poco el miedo que tienen mis agentes de pastoral. Están buzoneando con actividades como el Otoño Mariano o la Navidad en la parroquia, en las 2.500 casas (la feligresía es casi la mitad de Cabra), es un barrio enorme. Lo segundo es una gran pastoral de acogida, cuando la gente viene. Y la tercera pata es con pequeñas misiones, en enero viene Misión País, ponen en activación a los agentes de pastoral.

¿En qué consiste el Octubre Mariano?

En hacer que la parroquia sea un foco de vitalidad social, a través de la ayuda al necesitado. No es que la parroquia ayude, sino el barrio entero -a través de ella- el que lo hace. La iglesia estaba abierta todo el día (por la mañana y por la tarde) y la gente iba trayendo alimentos, con la excusa de que cada semana había una imagen de la Virgen de una cofradía distinta. Y así las hermandades activaban el sentido social que tienen.

Hicimos una jornada de senderismo, visitando santuarios de la zona. Tuvimos un rosario de la aurora, para activar que la Iglesia sigue viva en el barrio. El Octubre Mariano ha sido una gracia para la parroquia.

También han creado un grupo de Apostolado de Oración.

Grupo de Apostolado de la Oración de la parroquia de San Francisco y San Rodrigo Mártir de Cabra./Foto: Diócesis de Córdoba
Grupo de Apostolado de la Oración de la parroquia de San Francisco y San Rodrigo Mártir de Cabra./Foto: Diócesis de Córdoba

La primera semana que vine aquí, a misa íbamos el sacristán, dos feligreses y yo. Me di cuenta de que algo pasaba. Hice un trato con el Señor, es la verdad. Le dije al Señor, tú tienes que poner remedio, yo voy a poner todo de mi parte y como signo del trato que hacemos, y es la realidad, expondré al Santísimo todos los días, mientras sea párroco. Empezamos, se fue sumando muchísima más gente, que es lo que a mí me llamó la atención, cómo la presencia de Dios atrae a las personas. Se va creando una sensibilidad, que ya existía, y ahora está mucho más viva, ante la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Consiste en que cada uno vaya orando y encontrándose vitalmente con Cristo, que es la finalidad de la evangelización y de la Iglesia. Con este espíritu se ha creado una necesidad de darle forma y hemos visto mejor el Apostolado de la Oración. Cuanto más rezas, más apóstol quieres ser. Las personas que vienen a la exposición diaria del Santísimo son las que se han ofrecido a iniciar el proyecto de evangelización, lo cual demuestra que es imposible conocer al Señor y no darlo a conocer.

¿Cómo ha incidido la pandemia en la labor de la cáritas parroquial?

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Ejercicios espirituales de verano en Cabra./Foto: Diócesis de Córdoba

Casi se ha duplicado el número de usuarios. Nos hemos dado cuenta de que el perfil son cada vez más vecinos de Cabra, españoles, no inmigrantes. Eso conlleva responder a la vergüenza que ellos tienen. Y, a nivel nuestro, ha sido un buen revulsivo, que nos ha hecho ponernos más en alerta y buscar nuevas formas de tratar a las personas. Por ejemplo, ya no es una cola sin más, ahora cada persona tiene su hora para venir, para atenderla personalmente. Y como la necesidad es tan grande, han surgido de otros grupos de la parroquia iniciativas para ayudar (un grupo de papás y mamás de los niños de primera comunión han creado el adorno solidario: compras un adorno por un euro, lo pones en tu árbol de Navidad y la parroquia se lleva casi la mitad, de forma que el lote que se hace en Navidad lo ponen los papás y las mamás). Cáritas propone, además la campaña apadrina un sueño y le compras un regalo a un niño. Cáritas está encontrando cada vez más su lugar. No es que sustituya a la caridad de cada parroquiano, sino que nos anima a tener más caridad con los demás.

En este casi año y medio que lleva en la parroquia de San Francisco y San Rodrigo ¿Qué frutos ha obtenido?

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Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba

La conversión mía personal. Todo el rato es una sensación de estar tocando la obra de Dios, o en la confesión, o en el hospital, o en Cáritas… cómo Dios va actuando en la vida de los demás y eres un testigo y un canal. Eso te hace decir Dios mío qué grande eres tú y qué pobre soy yo. Quiero responder cada vez mejor. Es como un acicate de santidad.

En el hospital y en el asilo es donde se ven los frutos más inmediatos, de la enfermedad y cómo el Señor consuela a las familias.

El tercero es tomar conciencia de que el Espíritu Santo actúa. Tu siembras por un lado y el Señor da frutos por otro. Por ejemplo, propongo los retiros mensuales y ahora tenemos el problema de que tenemos que cambiar entera la instalación eléctrica de la iglesia y tenemos muy pocos recursos. Pues eso que por ahí regamos (los retiros), luego el Señor va moviendo los corazones y nos ayuden al cambio de la instalación eléctrica. Es la sensación de ver como el Espíritu Santo va guiando a la parroquia por donde él quiere, yo lo que tengo que estar es a la escucha.