Miguel Ramírez, nuevo sacerdote: “Uno se siente también muy pobre, porque la vocación es un don del Señor, no un proyecto nuestro”


En la siguiente entrevista, el nuevo presbítero detalla cómo sintió la vocación

Miguel Ramírez./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Miguel Ramírez./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
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Monseñor Demetrio Fernández y Miguel Ramírez./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

Es viernes y llegamos a las instalaciones del Seminario San Pelagio a pocas horas de que Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez sean ordenados en la Catedral por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. Los futuros sacerdotes nos explican cuáles son sus sensaciones, sus expectativas y cómo ha sido el camino hasta llegar a ese momento. En la siguiente entrevista, Miguel Ramírez nos detalla todo eso, no pierdan detalle.

¿Cómo siente la vocación?

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Miguel Ramírez./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

Entré al Seminario, en Primero de ESO, fue a raíz de ayudar en mi parroquia de monaguillo, del contacto con los seminaristas que venían el fin de semana, con la ayuda de los sacerdotes que estuvieron mi pueblo, su mera presencia era algo que me llamaba la atención. Por gracia del Señor, todos sabemos que cuando termina la primera comunión hay una gran desbandada de niños, ahí me quedé y, poco a poco, el Señor me fue atrayendo. 

Entré en el Seminario, un poco con la mentalidad de niño todavía, uno no sabe lo que es ser sacerdote o si el Señor le está llamando con esa edad o no, pero siente, escucha, presiente que el Señor le está llamando y eso es indudable. Y ya en el Seminario uno aprende quién es realmente Jesucristo, vas aprendiendo a rezar, la celebración personal. Y también te vas formando humanamente . Allí terminé mi niñez, pasé la adolescencia y me fui afianzando en esa llamada e ir respondiendo, medianamente bien, a esa pregunta que el Señor nos hace en definitiva, a quién queremos darle nuestra vida, si a él o al mundo. Y por su gracia estamos aquí.

Entra muy pequeño al seminario, cómo es esa experiencia, esos primeros momentos.

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El obispo de Córdoba con Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

Son momentos muy bonitos, pero cuando uno entra tan pequeño, los primeros días los pasé un poco regular, porque te acuerdas de tu familia y eso no es algo a lo que uno se acostumbre. También el Seminario propicia que no sea solo un sitio donde tu estudias o donde duermes, sino que es también una familia, te da ese calor. Ir, desde el primer momento con el apoyo de mis padres, de mi familia fue algo que me sostuvo y me ayudó hasta hoy.

Hablaba de aprender a rezar ¿Cómo se hace?

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Miguel Ramírez./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

Uno nunca aprende a rezar bien del todo, porque tiene amor propio y sale más yo que él, algunas veces. Hay que ir aprendiendo día tras día, momento tras momento. Está la Iglesia que siempre nos ayuda, el Señor que nos enseña a rezar y es el protagonista. Los sacerdotes te van ayudando y está el silencio que en un mundo tan lleno de palabras, de noticias, de imágenes y de sonidos, precisamente, se nos olvida que en el silencio es donde también el Señor se va manifestando. 

El Seminario te propicia esos momentos de silencio, que están ahí y que los disfrutas. También cuesta, hay una lucha entre la actividad y la pasividad, en estar atento a lo que el Señor te va pidiendo o va tratando contigo. Es un trato que uno tiene que experimentar en la propia vida. A andar se aprende andando, a rezar también se aprende rezando.

De todos estos años en el Seminario, qué momentos recuerda con más cariño, con más emoción.

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Miguel Ramírez./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

El día a día va quedando, porque ahí el Señor va haciendo su obra. Esos momentos tan especiales de ejercicios espirituales, la confirmación, las órdenes (uno recuerda todos esos años en los que hemos estado de espectadores). Este día va a quedar grabado en nuestro corazón.

Estamos a unas horas de que reciba el sacramento del Orden, en qué piensa ahora mismo.

Los nervios van apareciendo un poco, pero es un momento para pensar en tu propia historia, en la vocación, en los momentos que has podido responder al Señor. Te acuerdas de los que no has sabido responder bien o a estar a la altura de donde está el Señor, que nunca estaremos, pero él se pone a nuestro lado. De mucha gente, de la familia, de los amigos, de la parroquia de tu pueblo, en la que estamos ahora, de muchas personas que han pasado por el Seminario y ya son sacerdotes y otros que no. 

Uno se siente también muy pobre, porque la vocación es un don del Señor, no un proyecto nuestro, no es algo que nosotros hayamos trabajado por nuestras propias fuerzas, sino que ha llegado este día porque el Señor ha querido. Se muy pobre, pero muy asistido por la ayuda del Señor.

¿Cómo espera que sea la primera misa?

Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez./Foto: Diócesis de Córdoba
Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez./Foto: Diócesis de Córdoba

Es un momento muy esperado, muy deseado. Las primeras misas se preparan con muchísima ilusión. Uno lo quiere disfrutar al máximo y que se reúnen muchos familiares, mucha gente que te ha seguido de cerca en tu proceso, el Seminario te acompaña en la parroquia que te ha visto nacer en la fe. Se prepara con muchas ganas, porque celebrar la Eucaristía es un don inmenso.