Francisco Javier Muñoz, nuevo sacerdote: “Que tus padres apoyen esa vocación, con 12 años, es importantísimo”


"Momentos de oración especiales, en ese momento me tocó el Señor, se te quedan marcados"

Francisco Javier Muñoz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Francisco Javier Muñoz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
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Monseñor Demetrio Fernández y Francisco Javier Muñoz./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

Es viernes y llegamos a las instalaciones del Seminario San Pelagio a pocas horas de que Francisco Javier Muñoz y Miguel Ramírez sean ordenados en la Catedral por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. Los, en ese momento, futuros sacerdotes nos explican cuáles son sus sensaciones, sus expectativas y cómo ha sido el camino hasta llegar a ese momento. En la siguiente entrevista,  Francisco Javier Muñoz nos detalla todo eso, no pierdan detalle.

¿Cómo siente la vocación?

Francisco Javier Muñoz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Francisco Javier Muñoz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Desde pequeño. Empecé a salir de monaguillo después de la comunión y, a raíz de ahí (mi madre era catequista y yo iba a misa todas las semanas), al ejercer de monaguillo, poco a poco, fui descubriendo cuál era la figura de mi sacerdote, don Pedro Crespo. Desde chico, lo que quería ser de mayor era saxofonista y cura. Eran mis dos pasiones. 

A eso ayudó que a mi pueblo fueron seminaristas de Misión Vocacional, como hoy vamos nosotros a los pueblos y me invitaron a conocer el Seminario, con 9-10 años empecé a ir a las actividades que se hacen en el Seminario Menor (preseminario, las colonias, a los campamentos, al día del monaguillo…) y me enganché al Seminario. Con 12 años entré. 

Entra muy pequeño al seminario, cómo es esa experiencia, esos primeros momentos.

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Francisco Javier Muñoz./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

El Seminario es como una familia, pero también cuesta, porque con 12 años irte de tu casa supone un esfuerzo, como en cualquier vocación. Los primeros años fueron bastante complicados, porque conlleva tener que despegarte de tu familia, de tus amigos, cortar relaciones. El Señor te va ayudando con otros amigos, otra familia y tuve la suerte de contar con el apoyo de mis padres y eso ayuda mucho. Que tus padres apoyen esa vocación, con 12 años, es importantísimo y se nota, porque quieren el bien de su hijo.

Hablaba Miguel (el otro sacerdote que se ha ordenado) de aprender a rezar ¿Cómo se hace?

Toda la vida estamos aprendiendo en todos los aspectos y también en el de rezar. Cuando eres chico rezas como un niño y eso es lógico. No es igual cuando tienes 10 años que cuando tienes 14, 20, 30, 40 o 50. Cuando uno se quita prejuicios, un niño también reza y me acuerdo de pequeño que en la parroquia también había momentos para rezar, para hablar con Dios y eso me ayudó mucho. Hace falta que no haya prejuicio y que haya espacio para rezar. Son las dos cosas necesarias.

De todos estos años en el Seminario, qué momentos recuerda con más cariño, con más emoción.

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Francisco Javier Muñoz./Foto: Cabildo Catedral-José I. Aguilera

El día a día para mí siempre ha sido muy importante. Momentos de oración especiales, en ese momento me tocó el Señor, se te quedan marcados, pero son más íntimos. Momentos con algún compañero, con algún sacerdote. Y, obviamente, los grandes, como las confirmaciones en el Menor o el Rito de Admisión o el Diaconado, se te quedan para toda la vida.

Estamos a unas horas de que reciba el sacramento del Orden, en qué piensa ahora mismo.

Muchas cosas (risas). Le estoy pidiendo al Señor que me ayude a vivir el momento, a quitarme las preocupaciones, que hay muchas (la parroquia, la primera misa). Hay muchas actividades y el activismo te come. Le pido al Señor que me ayude a despreocuparme y a centrarme en el momento, que es algo muy grande, que nos supera.

¿Cómo espera que sea la primera misa?

Miguel Ramírez y Francisco Javier Muñoz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Miguel Ramírez y Francisco Javier Muñoz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Un poco agobiado, porque son muchas las cosas que hay detrás, que hay que pulir. Y también con mucha ilusión, porque va a estar tu familia, tus amigos y con ese deseo de intentar acercarles a Dios.