Miguel Ángel Martínez: “Quienes van al COF es porque se aman y no se quieren divorciar”


Uno de los colaboradores del COF de Córdoba explica cómo trabajan para salvar el vínculo del matrimonio

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Boda./Foto: LVC
Días en Familia
Encuentro de Familias en una imagen de archivo./Foto: Diócesis de Córdoba

En el año 2020 se tramitaron 1.296 expedientes de divorcio, un 5,3% menos que en 2019. Una bajada que, en buena medida se debe a uno de los efectos derivados de la pandemia, pero que no deja de mostrar una cifra preocupante, cuando se observan las cifras de divorcios de personas que llevaban casadas un año, 20 en el caso de Córdoba y 300 en Andalucía, según los datos publicados, esta semana, por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA).

Pero, ¿hay solución antes de llegar a ese extremo? La respuesta es sí. Hablamos con Miguel Ángel Martínez, uno de los responsables del Centro de Orientación Familiar (COF) de Córdoba, quien nos ofrece algunas de las claves de esta situación y las soluciones que ellos mismos trabajan con los matrimonios que se acercan a esta realidad eclesial. 

Martínez detalla que, “al año, acompañamos entre 50 y 60 familias”, pero  especifica que al COF de Córdoba “no solo van personas con un problema en la convivencia”. Y aclara que “nosotros lo que no hacemos es mediación, lo que intentamos es salvar el vínculo. Nuestro objetivo es resolver cualquier problemática que surja en la familia”. Y revela que “los dos principales problemas que se nos presentan, uno es el delos niños o adolescentes tiranos (que los padres no saben gestionar) y luego el de la convivencia y la falta de comunicación”.

Falta de comunicación

El colaborador del COF señala que “hoy en día, el ambiente cultural que se respira, lo pagamos. Este excesivo individualismo y el empoderamiento, la búsqueda de la felicidad personal, eso ayuda poco al matrimonio”. Lo que lleva a ver a “personas que se casan y luego van generando vidas paralelas, donde se habla muy poco”. De modo que se adolece de “comunicación profunda. Al final descubren que son dos extraños y llevan vidas paralelas. Surgen, por tanto, las discusiones y el maltrato verbal, porque se deteriora la convivencia”. Así que, como explica Martínez, en el COF ponen “a trabajar a los cónyuges para salvar el matrimonio y para eso, hoy día, hay una pereza generalizada”.

La infidelidad

Respecto a la cuestión del deterioro de la relación matrimonial por la infidelidad, Martínez reconoce que “la experiencia que tenemos del perdón es muy complicada, porque al final se rompe la confianza. En la infidelidad el acompañamiento se queda, casi siempre, corto, porque deja una herida muy profunda”.

El acompañamiento

“La estructura que don Demetrio ha querido para el COF es la del acompañamiento”, explica Martínez. Para agregar que en el COF hay matrimonios que se forman, pariendo de “una experiencia de convivencia  de matrimonio cristiano -eso es fundamental-, para el acompañamiento (casi todos tenemos un máster en familia)”. 

En este apartado, confiesa que “me he ido convenciendo cada vez más de la eficacia del acompañamiento”. El mismo “parte de una acogida”, que consiste en que la persona que llega al COF “encuentre a un matrimonio dispuesto a escucharle, a acompañarle a ayudarle, a verbalizar su problemática”. Relata que “buscamos las partes positivas del otro, ayudándoles a recordar momentos de felicidad y a veces podemos dar luz y solución a un conflicto que, aunque desde fuera se vea con claridad, hay que tratarlo con delicadeza”. 

En ese sentido, Martínez subraya que “intentamos motivarles, porque el matrimonio es un proyecto para ser feliz”, mientras abunda en que “quienes van no es porque quieran mediación porque se quieren separar, sino porque se quieren y no se quieren divorciar. Eso ayuda a hacerles ver, sin utopías, que merece la pena”.

Salvar un proyecto de felicidad

No es fácil, pero un 50 o 60% de los matrimonios que acuden al COF salen adelante, explica Martínez, que reconoce que “es muy complicado, porque en el momento que uno de los dos no quiera empezar a caminar esto ya no funciona. Pero nosotros decimos que, si de cada cien uno, ya me valdría. El acompañamiento funciona y también tenemos psicólogos”, apunta.

“No nos enseñan a amar”

Sobre la formación para llegar al matrimonio, Martínez es claro al exponer que “para ser maestro, fontanero, médico… para todo nos preparamos y para un proyecto que, probablemente, sea donde más carne pones en el asador y sea el más importante, la Iglesia es la única que se ha preocupado por hacer un cursillo”. E insiste en que “vamos a formarnos, a prepararnos, porque en la sociedad prima el hedonismo, el individualismo y eso ayuda poco. Tenemos que aprender a amar, no nos enseñan a amar, solo al “yoísmo” y el matrimonio es el tu, el nosotros”.