Juan Carlos Vidal, capataz: “Uno de los aspectos en los que podemos mejorar muchísimo es en poderle a los pasos”


"Cuando uno va delante de un paso es una esponja, va recogiendo y luego te llena mucho y te carga las pilas"

Juan Carlos Vidal durante la igualá de costaleros de la Esperanza del Valle./Foto: Paco Román
Juan Carlos Vidal durante una igualá de costaleros de la Esperanza del Valle./Foto: Paco Román
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Juan Carlos Vidal.

Si hay un capataz apasionado de su oficio, ese es Juan Carlos Vidal. Su amor por el mundo del costal lo muestra en cada conversación, en cada gesto, en cada detalle que muestra que vice para ello. 35 años al frente del paso de la Coronación de Espinas lo erigieron en una de las figuras indiscutibles dentro de los capataces cordobeses, gracias al tesón con el que consiguió hacer de la cuadrilla del Zumbacón uno de los referentes de la Semana Santa de Córdoba.

Antes de comenzar esta entrevista hablamos, casi durante una hora de la actualidad del mundo del costal, la misma que se refleja en las siguientes líneas. El análisis invita a la reflexión, no pierdan detalle.

Llevamos año y medio de pandemia, cómo lo ha vivido y cómo afronta el regreso de las cofradías a la normalidad.

Primero con la preocupación lógica y, afortunadamente, los primeros días de la pandemia cuando ya se cortaron los ensayos no hubo ninguna incidencia con ningún costalero. Me alegré mucho por ese motivo.

Como dice un amigo y compañero, a todo lo malo hay que sacarle un lado bueno. Creo que ha sido un periodo de tiempo para reflexionar, muchas veces no nos paramos a pensar, seguimos en la inercia del día a día y a mí me ha servido mucho para pensar en qué puedo mejorar, qué errores se estaban cometiendo. Ha sido un tiempo, principalmente, de tratar de meditar mucho. 

Ahora, viendo que el riesgo es bajo y hace posible que volvamos hay que pensar en que venimos de una pandemia y tenemos que ser bastante prudentes. Yo trataría por todos los medios de buscar un número bajo de ensayos. Soy partidario de que este año haya poco contacto, enero y febrero -junto con la gripe- pueden ser complicados y hay que tratar de pegar los ensayos a febrero y marzo. Dos ensayos por cuadrilla son suficientes, creo que es más importante la calidad que la cantidad. Y poner todas las medidas para que haya la máxima seguridad.

Ha hablado de pensar en los errores ¿En qué se estaba fallando antes de la pandemia?

Esperanza Del Valle Juan Carlos Vidal./Foto: Paco Román costaleros
Juan Carlos Vidal./Foto: Paco Román

He pensado en las cosas que yo venía haciendo. Uno de lo que trata es de mejorar y, para eso, muchas veces hay que ver los fallos. Una de las cosas fundamentales es que hay que formarse mucho. A través de vídeos, de hablar con uno u otro costalero, lo que se trata es de detectar qué cosas no se venían haciendo bien. Desde aspectos técnicos, dónde puedes hacer un relevo, etc. analizar toda la labor que se realiza.

En el mundo del costal, hasta marzo de 2020, se ha vivido un gran auge ¿Se ha hecho algo mal en ese proceso?

Hemos hecho lo más difícil, hemos llenado los pasos. Hace 25 años teníamos una carencia enorme de costaleros, había cofradías que suspendían ensayos, que ensayaban con muy pocos costaleros y que, prácticamente, se agrupaban el día de la salida. Hoy hemos conseguido igualar previamente a los ensayos, crear dos cuadrillas en la gran mayoría de las cofradías y, e incluso, tener hasta picos. Para subir un escalón más tenemos que tomar decisiones difíciles, complicadas y dolorosas. Por ejemplo, las delanteras de los palios son muy altas, las traseras de los misterios a lo mejor son gente excesivamente baja… Entonces adecuar las alturas sería uno de los problemas que hay ahora mismo. Las cuadrillas deben depurarse más y muchas, desde el punto de vista técnico, todavía tienen margen de mejora. Es verdad que el costalero que viene ahora asimila mejor la técnica y es mejor el trabajo, pero aun hay margen de mejora en muchos aspectos y uno en los que podemos mejorar muchísimo es en poderle a los pasos. Llenamos las parihuelas con vigas, ensayamos hora y media, pero cuando estás ocho horas en la calle hay que saber poderle al paso, saber sufrir. Esa capacidad de sacrificio es una asignatura pendiente.

A veces hablo con costaleros y me dicen “cómo me ha puesto tal paso” y les digo que ese paso no les puede poner de vuelta y media, porque en realidad no es para ponerte así

¿Se echa de menos esa capacidad de sacrificio?

El costalero de veintitantos años atrás iba mentalizado de que no tenía relevos -o uno en su trabajedera- y hoy hay mucha gente joven en las cuadrillas. En comparativa con esos años, perdimos muchos costaleros porque superaron el umbral del sacrificio, por lo mal que pasaron. Perdimos a muchos por el camino. Hoy echo en falta que en las cuadrillas se suba la media de edad. Hay mucha gente joven, que técnicamente me sorprenden cuando llegan a las cofradías, pero en cambio a la hora en que en el paso llega un momento complicado, le falta tener ese oficio, esa experiencia para tener la pelea con el paso. Ahí nos queda trabajo. A veces hablo con costaleros y me dicen “cómo me ha puesto tal paso” y les digo que ese paso no les puede poner de vuelta y media, porque en realidad no es para ponerte así. Hay que incidir en ese aspecto.

Hablamos de cuadrillas, pero qué tiene que tener un capataz para ser un buen capataz.

Tiene que ser un gran conocedor del oficio (adquirir cada vez más conocimientos), saberlo transmitir, dotes de mando, ser un líder y un buen gestor de personas. En Córdoba, desgraciadamente, no hemos tenido maestros. Hemos tenido capataces que supieron solventar una época bastante bien, pero han faltado maestros. En Sevilla, tiramos muchas veces de comparativa, ha habido dinastías de capataces y nosotros no hemos tenido esa suerte. 

¿Dónde se adquiere ese conocimiento?

Está claro que en Sevilla es donde se ha demostrado siempre que existen muchos capataces y se ha visto la evolución de su trabajo. Es el lugar que nos puede ayudar a crecer, porque tienen un bagaje desde finales del siglo XIX y es el sitio donde nos podemos apoyar. Es la cuna de los costaleros. 

Creo que todo capataz, en el fondo, quieren que hablen de él, es normal y lógico

¿En qué capataces se ha mirado?

Nunca he querido tener un único referente. En Sevilla (tengo la suerte de haber comenzado a ir desde los 14 años), por épocas siempre ha habido cuatro o cinco que eran los capataces más mediáticos. Recuerdo al Penitente y a los que trabajaron con los costaleros antiguos. Los ha habido que han hecho mucho. En los palios, Antonio Santiago ha sido un revolucionario; en los misterios, el caminar que han imprimido los Villanueva, según dicen, es el de los antiguos; Ismael Vargas ha hecho un trabajo magnífico; la dinastía de los Ariza. De todos se puede aprender algo y pueden aportar cosas.

¿Es bueno para un capataz ser mediático?

Al capataz que es mediático le llegan muchas cofradías, muchos costaleros, suena mucho y en este mundillo la figura del capataz tiene una gran relevancia. Creo que todo capataz, en el fondo, quiere que hablen de él, es normal y lógico. Es una forma de vender su trabajo, aunque choque un poco en este ámbito.

¿Cómo está viviendo su etapa al frente de la Esperanza del Valle?

El primer año tuvimos la mala suerte de que llovió y luego los dos años de pandemia. Seguimos con la misma o más ilusión y más ganas todavía. Sabemos que coger una cofradía donde sale un paso por primera vez y el reto se pone más difícil, pero estoy seguro de que vamos a trabajar enormemente para, poco a poco, ir consolidando una cuadrilla para poder hacer un buen trabajo. Hay que dedicarle mucho tiempo, pero es un palio que va a llamar la atención el Jueves Santo.

Son muchas décadas como capataz…

Hay muchísimos momentos inolvidables. En Coronación, el primer año de la Madrugá porque cuando lo estábamos planteando, hablábamos de que a la altura de la Cruz del Rastro era digamos en el que las cuadrillas se podían venir abajo. Recuerdo que sonó una marcha, si no recuerdo mal Orando en Montesión, y debajo del paso creo un momento de euforia y muchos costaleros se echaron a llorar y sirvió para que la cuadrilla se viniera arriba y se fue creciendo y cuando el paso estaba llegando a San Antonio levanté el faldón y vi que los zancos estaban a una cuarta del suelo. En ese momento, la satisfacción fue enorme. Y todo fue porque iba debajo gente con mucha casta, con mucho pellejo. En el Zumbacón ha habido costaleros que han sabido sufrir mucho.

Recientemente, en la Piedad cuando llegas a la calle María Auxiliadora y ves cómo está, realmente, se disfruta mucho. También delante del paso de María Auxiliadora, cada salida era estar lo más cerca del cielo. Son los que compensan los malos momentos que se viven previamente en ensayos, reuniones, en el día a día. Cuando uno va delante de un paso es una esponja, va recogiendo y luego te llena mucho y te carga las pilas.