Ligeros de equipaje


Monseñor Fernández reflexiona sobre el carácter misionero de la Iglesia ala que hay que acudir "sin miedo" y para acercar "la paz que viene de Dios"

Si hace un par de semanas el obispo de Córdoba nos recordaba que los sacerdotes están llamados a la santidad, con motivo de las recientes ordenaciones, esta semana nos apunta el carácter fundamental de la Iglesia – que somos todos- y que no es otro que el de la evangelización. Es el mandato del Señor que se recoge en el evangelio de este domingo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Marcos 16, 15-20)

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“Jesús envía los Doce ‘de dos en dos’, para hacerles entender que en la misión recibida de él no somos francotiradores ni personajes que trabajan en solitario. La misión siempre es comunitaria para darnos a todos el sentido de Iglesia. Ni por iniciativa propia ni en solitario, sino enviados y en comunidad”, apunta Demetrio Fernández, destacando así el sentido comunitario de la misión impulsada por un mandato y acompañada por el Espíritu Santo, porque la misión no es fácil. “Nunca la misión ha sido algo manejable ni a nuestro alcance. Siempre es algo que nos supera y nos desborda, porque nuestra lucha no es contra los poderes de este mundo, sino contra los espíritus del mal, que son más poderosos que nosotros. Esos espíritus inmundos se camuflan en tantas otras dificultades con las que nos encontramos, llámese presión social, complot mediático, deficiencias personales, fracasos experimentados, rechazo frontal del mundo. Jesucristo que envía, envía con poder, dándonos su Espíritu Santo”. 

El riesgo de mirarse a sí mismo

El obispo nos avisa de la importancia de permanecer atentos al mundo y su transcurrir pero sobre todo de transitar en la misión ligeros de cargas. Una de las más pesadas puede ser el orgullo. La otra, el miedo: “No hemos de ir a la misión encomendada con el alma achicada, con pusilanimidad, sino con el alma engrandecida, aun manteniendo la humildad de quien se sabe incapaz, pero capacitado por el Señor”, escribe el prelado. 

En esta ocasión, en la carta pastoral, también hay párrafos dedicados a la autocrítica con espíritu de advertencia, cuando monseñor Fernández señala que “la Iglesia crece allí donde se presenta joven, fresca, dinámica, desprendida, sin recursos propios, sensible ante los pobres. Es lo que le ha prometido su Maestro. Por el contrario, la Iglesia aparece decrépita allí donde su mochila pesa más que sus fuerzas. El evangelio de este domingo es una llamada urgente para aligerar el equipaje. No estamos en la Iglesia para convertirla en un museo, cuyo mantenimiento nos cuesta la misma vida. Es lo que el Papa Francisco llama la autoconservación y autorreferencialidad, en la que tantas veces caemos”. 

Pueden leer la carta de manera íntegra en este enlace.