75 años de la llegada de fray Albino, el obispo social


Su llegada con 65 años no fue para "quitarse de enmedio y no tener problemas", sino para realizar una labor social que en buena parte sigue vigente

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Toma de posesión de fray Albino en 1946. /Foto: LVC

El próximo jueves se cumplen 75 años de la llegada a Córdoba de fray Albino González, el obispo que dejó en la provincia una intensa huella que aún se recuerda. Aquel día, el diario ‘Córdoba’ recibía al nuevo prelado con un artículo titulado ‘Fray Albino González, el obispo alpinista’ firmado por Francisco Navarro Calabuig en el que ofrecía un rápido retrato del sucesor de la sede de Osio al describía brevemente con que “no tiene automóvil, predica, ama las flores y tiene aversión por los fotógrafos”.

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Toma de posesión de fray Albino en 1946. /Foto: LVC

Con el paso del tiempo, en los 12 años que pasó en Córdoba, se hizo popular por las visitas inesperadas que hacía en el Mercedes que le regalaron, y que conducía su sobrino Pelayo, para conocer la marcha de las obras de los barrios que construía. Además, no sólo predicó, sino que además escribió profusamente y se relajaba en el histórico jardín del Palacio Episcopal que fue arrasado en cuanto pasó a manos públicas. Por último, o disimuló muy bien o se dejó querer por los fotógrafos, ya que son múltiples las imágenes que dejó para la posteridad.

Eso sí, la condición de alpinista no la perdió, pues nadie le podía ya despojar del mérito de haber escalado las cumbres más altas en Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Italia o Suiza, los países que recorrió en su juventud como estudiante. Ya obispo de Tenerife, subió varias veces los 3.715 metros del Teide antes de que hicieran la carretera.

La actividad de un jubilado

Fray Albino llegó a la ciudad con 65 años, con la edad con la que muchos dejan de trabajar. La Diócesis de Córdoba podía suponer un plácido retiro, un “destino de término”, como se decía en el lenguaje eclesiástico de la época. En absoluto, el nuevo obispo se remangó figuradamente el blanco hábito de los dominicos, que siguió usando y se puso manos a la obra.

Cañero, primero por la izquierda, junto al obispo fray Albino.
Cañero, primero por la izquierda, junto al obispo fray Albino. /Foto: LVC

En una entrevista con el mismo Navarro Calabuig afirmó que nada más llegar su primer objetivo era conocer la situación de los cordobeses: “Recorrí los barrios bajos, entré en las casas de los pobres, hablé con ellos y quedé espantado no sólo de lo que entraba por los ojos sino de lo que me entraba por los oídos”.

En la misma entrevista reconoce que esta situación le llegó a quitar el sueño y para ello puso en marcha una iniciativa que no sólo vendrá a revolucionar las condiciones de vida de centenares de familias, sino que también fue la operación urbanística más grande realizada de una vez en Córdoba hasta aquel momento, como fue la construcción de dos barrios completos en sendos puntos de la capital.

Juan Antonio Polo ha sido maestro y director del colegio Fray Albino, en el Campo de la Verdad, a donde llegó la familia desde Pedro Abad para ocupar una de las casitas situada frente al bar Miguelito. Ahora, Polo es el mejor guardián de la memoria de este obispo dominico y no sólo atesora infinidad de datos sobre el mismo, sino que los ha divulgado a través del libro ‘Fray Albino en el recuerdo’, que escribió junto con Pedro Pablo Herrera, o en la exposición ‘Fray Albino: vida y obra’, que se inauguró a finales de 2008.

Polo explica que al conocer las condiciones en que vivían los cordobeses en aquellos años del hambre, que además se vieron agravadas con unas inundaciones, dijo que “había que hacer viviendas dignas para los cuerpos, templos para las almas y escuelas para la infancia”, a modo de programa de su pontificado en Córdoba.

Los colaboradores de fray Albino

De momento se puso manos a la obra. Polo reconoce que uno de los éxitos de fray Albino fue que “supo delegar”. Su mano derecha fue el sacerdote Juan Manuel Font del Riego, una vocación tardía que llegó al Seminario con el título de ingeniero bajo el brazo. También contó el obispo con el trabajo del arquitecto Carlos Sáenz de Santamaría, autor de los numerosos templos que realizó por toda la provincia, así como de empresarios como Baldomero Moreno, José Pérez Barquero o Martín Moreno.

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Fray Albino, con autoridades, en la puerta de los Dolores. /Foto: LVC

De Baldomero Moreno cuenta Polo la anécdota del día en que lo llamó fray Albino para pedirle ayuda. El empresario llevaba preparado un cheque en blanco y estaba dispuesto a poner los ceros que hiciera falta. El obispo lo desarmó en sus excusas cuando le dijo que lo que necesitaba era un hombre de gestión como él.

Si fray Albino llegó a Córdoba en junio de 1946, en febrero de 1947 ya estaba constituida la asociación benéfica La Sagrada Familia, encargada de levantar 2.899 viviendas en el Campo de la Verdad y 1.916 en Cañero.

Los equipamientos

El obispo estaba muy preocupado no sólo de dotar de un hogar a las familias necesitadas, sino también de todo lo necesario para su desarrollo físico, intelectual y social. Suyos fueron los cines Séneca y Osio en sendos barrios, así como el estadio de San Eulogio, con capacidad para 7.000 espectadores y el primero en Córdoba con iluminación nocturna.

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Fray Albino, con un niño. /Foto: LVC

En el Campo de la Verdad construyó cuatro colegios y dos en Cañero, que aún siguen en activo, y que “fueron los mejores grupos escolares de esa época”, como recuerda Polo. En estos barrios construyó las parroquias de San Vicente Ferrer y Jesús Divino Obrero, además de ampliar la de San José y Espíritu Santo.

Para los vecinos de sus barrios construyó mercados, economatos; creó el Club Deportivo San Álvaro, cuyos derechos federativos fueron cedidos al Córdoba CF; puso en marcha una rondalla y un orfeón y hasta un medio de comunicación propio, el semanario ‘Ecos’.

El legado de fray Albino

La obra de fray Albino es imposible de resumir en unas líneas. Además, no sólo se limitó al Campo de la Verdad y Cañero, sino que abarcó toda la Diócesis, lo que demuestra que su llegada con 65 años a Córdoba no fue para “quitarse de enmedio y no tener problemas”, como recuerda Polo, sino para realizar una labor social que en buena parte sigue vigente.

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Monumento a fray Albino en el Campo de la Verdad. /Foto: LVC

Bajo el Patronato de Obras Sociales ‘San Eulogio’ funcionaba una escuela de aprendices para formar a los jóvenes cordobeses en diversos oficios, puso en marcha el Patronato ‘Nuestra Señora de la Fuensanta’ para niños desvalidos y el Patronato ‘San Alberto Magno’, dedicado a la educación. Además, fray Albino trajo a Córdoba las Hermandades del Trabajo y Cáritas Diocesana.

Como se ve, a fray Albino sus 12 años de pontificado le dieron para mucho. Aquel obispo menudo, de hábito blanco gastó en Córdoba sus energías hasta su fallecimiento, ocurrido el 13 de agosto de 1958. El agradecimiento de los cordobeses ha hecho que sea la única persona que tiene dos monumentos en la ciudad, uno en el Campo de la Verdad y otro en Cañero.

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