Los huéspedes del alma


El obispo de Córdoba habla de "la inhabitación de las Personas divinas en el alma del justo" con motivo de la festividad de la Santísima Trinidad

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Este domingo se conmemora, con la jornada Pro-orantibus, la solemnidad de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, nos invita a vivir esta solemnidad “haciéndonos íntimos de Dios”,  y que “entremos en su diálogo de amor para enviarnos a ser testigos de ese amor a todos los hombres, nuestros hermanos. Dios nos ha abierto su corazón para que disfrutemos de su amistad y nos hagamos partícipes de sus dones”. Aunque es conveniente acudir a la teología para explicar este Misterio, el prelado lo hace en su misiva semanal de una forma sencilla y clara: ” Dios ha abierto sus entrañas de misericordia, volcándose sobre cada uno de nosotros, nos ha abierto su corazón. Y no podíamos imaginar cuánto amor nos tiene Dios Padre, que nos ha enviado a su Hijo único para rescatarnos del poder de la muerte y llevarnos al cielo, y a través de su Hijo nos ha enviado el Espíritu Santo, su amor personal, para que nos enseñe a amar”.

La vida contemplativa

En el ruidoso, apresurado y líquido siglo XXI hablar de vida contemplativa puede resultar extraño. Pero esta vida existe y de alguna manera estamos llamados a ejercerla para gozar de la presencia y compañía de Dios en lo que el obispo define como “una dimensión esencial de la vida cristiana”. El mejor camino en este sentido siempre es la oración. Monseñor Fernández nos habla de la la Jornada Pro-orantibus  de este año y destaca su lema: “Cerca de Dios y del dolor humano”. Y es inevitable señalar a la actual época de pandemia, de sufrimiento y dolor. En esta situación el prelado se refiere a “los contemplativos” y dice que “llevan traspasado el corazón con los sufrimientos de tantos hermanos que sufren la pandemia, como ellos mismos la están padeciendo. Estar cerca de Dios no aleja de los hombres, y menos aún de los dolores de la humanidad. Estar cerca de Dios hace estar más cerca de los hombres y de sus angustias y esperanzas”.

Nunca más solos

“La fiesta de la Santísima Trinidad es fiesta para disfrutar de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que ha puesto su morada en nuestra alma”, recuerda el obispo. El hombre, por tanto, no tiene por qué estar destinado a la soledad si abre su corazón a este sagrado Misterio: “Ya no hay soledad para el que vive con las Personas divinas, está siempre acompañado, dialoga con ellos, acude a su continua protección, se siente acompañado siempre, incluso en el momentos de mayor aislamiento. El cristiano en gracia de Dios tiene huéspedes en su alma, y debe vivir para atenderlos y acogerlos en su corazón”.

Pueden leer la carta pastoral en su integridad en este enlace