OPINIÓN | El capataz de la Esperanza del Valle


Es incuestionable que lo que es hoy la cuadrilla de la Coronación se debe, en gran medida, al trabajo que realizó Juan Carlos Vidal

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Juan Carlos Vidal.
Esperanza Del Valle
El capataz Juan Carlos Vidal, en una imagen de archivo./Foto: Paco Román

El coronavirus lo paró todo -o casi- y dejó atrás el final de una era en las cofradías. Dentro de ella, el auge, el ‘boom’ o como se le quiera llamar del ‘mundo de abajo’, el del costal.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo será el retorno. Si las cuadrillas se seguirán doblando o, por el contrario, se retrocederá a principios de los 2.000, a la década de los ’90 o a la de los ’80. Pero sea como fuere, de ese tiempo pasado quedan nombres propios, que dedicaron su pasión al mundo del costal y aun siguen ejerciendo.

Uno de ellos es el del capataz de la Esperanza del Valle, Juan Carlos Vidal. Desde sus inicios con Javier Romero y la hermandad de la Merced, a la que estuvo vinculado en el mando del misterio de la Coronación de Espinas por más de tres décadas, hasta hoy; nadie duda de su dedicación a las cuadrillas que ha mandado.

La búsqueda de la perfección ha marcado su trayectoria como capataz, aunque en los últimos años haya habido sinsabores. Es incuestionable que lo que es hoy la cuadrilla de la Coronación se debe, en gran medida, a su trabajo, el mismo que la situó como una de las más importantes de la capital. Como también está fuera de duda que dio un aire diferente y elegante al palio de la Piedad, que fue muy celebrado.

Su llegada al mando de la Esperanza del Valle estuvo marcada por la suspensión de la estación de penitencia de 2019, por causa de la lluvia. Los dos siguientes años ha estado presente la pandemia, pero a día de hoy, nombrar a Juan Carlos Vidal sigue siendo sinónimo de trabajo bien hecho, concienzudo y perseverante. Cuando llegue la ansiada primera salida procesional de la Esperanza del Valle, su capataz hará el resto de un trabajo que siempre ha sido excepcional.