Sí, el Resucitado salía de noche


La Virgen de la Alegría no era la talla actual de Juan Martínez Cerrillo, sino otra antigua que se caracterizaba por llevar entre las manos un ramo de flores

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El Resucitado, de noche, en la Puerta del Perdón. /Foto: LVC
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El Resucitado, de noche, en la Puerta del Perdón. /Foto: LVC

La devoción popular al Resucitado de Santa Marina es una de las más antiguas de España, como lo atestiguaba la antigua imagen titular, antes de ser sustituida por una similar de San Basilio, precedente de la actual. El barrio estaba perfectamente identificado con esta advocación y el Domingo de Resurrección se vivía cada año como su día grande, con una procesión que no salía de su feligresía en un ambiente netamente de fiesta.

En 1927 se decidió relanzar esta hermandad dentro del auge que en dicha década vivieron las cofradías de Córdoba. El marqués de Villaseca y Francisco Cabrera jugaron un papel decisivo a la hora de potenciarla con un incremento patrimonial y con el aumento en el número de hermanos. Desde entonces, hasta hoy.

Una vez dado este paso, la hermandad del Resucitado vivió un periodo de falta de estabilidad tanto en el día como en el horario de salida. Lo mismo lo hacía el Sábado de Gloria que el Domingo de Resurrección, una jornada en la que, incluso, llegó a salir por la noche. Estos cambios estuvieron motivado por la reforma litúrgica que impulsó el Papa Pío XII y que convirtió en Sábado de Gloria en Sábado Santo con la nueva forma que se le dio al Triduo Pascual.

Fiesta de Regla del Resucitado 

Por ejemplo, en 1945, ante de que todo esto cambiara, la hermandad del Resucitado centró todos sus grandes actos en el Domingo de Resurrección. Por la mañana se celebró en Santa Marina una solemne Fiesta de Regla presidida por el párroco Amador Moreno, entre otros sacerdotes y la Schola Cantorum de San Cayetano que interpretó la Missa Pontificalis de Lorenzo Perosi.

Ya por la noche, a las 20:30, se puso en marcha la procesión con las imágenes del Resucitado y de la Virgen de la Alegría, que no era la talla actual de Juan Martínez Cerrillo, sino otra antigua que se caracterizaba por llevar entre las manos un ramo de flores.

El acompañamiento musical corrió a cargo de la banda de cornetas y tambores de la Cruz Roja por un recorrido que, como recogieron las crónicas de la época, “en todas las calles del itinerario se agolpaba gran cantidad de público y especialmente en la carrera oficial, en tribunas y sillas, para presenciar el desfile de esta procesión que cerró brillantemente los cortejos que con tanto lucimiento han hecho estación por nuestras calles en la pasada Semana Santa”. 

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