No había cofradías en la calle, pero lo parecía


La ciudad volvió a su toque de queda una hora antes de la medianoche, pero en las calles de Córdoba fue Jueves Santo, solo le faltó lo más importante, las procesiones

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Paso de Jesús Caído./Foto: Jesús Caparrós
semana
San Cayetano./Foto: Jesús Caparrós

La Semana Santa entraba en su parte central con el inicio del Triduo Sacro el Jueves Santo. Y Córdoba se echó a la calle, una vez más, pero con más gente aun. El azahar de los naranjos explotaba desde el suelo al cielo, impregnado del aroma de la primavera a la ciudad. El incienso salía de los templos donde los monumentos y las imágenes aguardaban a unos fieles, que no faltaron a su cita.

En la capilla del Beato Álvaro, la Esperanza del Valle aguardó un año más para salir en procesión, mientras los devotos se acercaban -como lo han hecho durante toda la semana- a la bella dolorosa que esculpiera González Jurado.

Mientras la hilera de personas guardaban su distancia y su turno para contemplar a Jesús Caído y a la Virgen de la Soledad. La estampa merecía la espera, para rendirse a la historia viva de Córdoba en las dos impactantes tallas.

Como sobrecogedor es siempre ver a la Virgen de las Angustias. La piedad que esculpiera Juan de Mesa lo ha hecho inmortal en las miradas de cientos de generaciones, aunque muchas lo confundiesen con el otro genio, el de Alcalá la Real.

Cerca de San Agustín, contemplar a las dos imágenes de la hermandad del Nazareno da buena cuenta de la calidad de los titulares de la cofradía. Y te deja la certeza de que la Virgen Nazarena es punto y aparte.

Como también lo es mirar de frente al Cristo de Gracia, el más grande, como siempre dice Quique León. La devoción hacia el crucificado se cuenta por los millares de almas que desfilaron por el templo trinitario para acompañarlo en su día. El mismo en que, otrora, se derramaran tantas saetas en su plaza.

La belleza de las imágenes del Jueves Santo cordobés se sintetizó en la iglesia de San Francisco, en las imágenes del Cristo de la Caridad y de la impresionante Dolorosa que reza, eterna como la ciudad, al pie de la Cruz.

No cayó la noche. El reloj crujió sus manijas para que llegase la madrugada más triste, dolorosa y sufrida. La segunda en que no se abren las puertas de San Hipólito para ver al Cristo de la Buena Muerte y a la Reina de los Mártires. Puede que el palio no suene igual, pero tampoco cabe duda de que la belleza de la Virgen volverá a tonarse elegancia de la mano de sus costaleros, como lo hacía antes del confinamiento.

La ciudad volvió a su toque de queda una hora antes de la medianoche, pero en las calles de Córdoba fue Jueves Santo, solo le faltó lo más importante, las procesiones.

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